ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero / La Opinión de México

Organizar el debate de ideas

 

Guardo la confusión de los iluminados

cuando afrontan una antigua visión

J. E. Tallarico: “Voto de confianza”

Dada la existencia de sociedades diversas hoy, como parte del país, se torna necesario organizar las diferencias, es cierto, para evitar los trompicones y caídas provocadas porque alguien nos metió el pie o nos dio un empujón de mala fe. Es pues necesario darle cauce pacífico a las diferencias.

Por ejemplo, ¿en una época, como la actual, de guerra sucia tan intensa, es viable dejar que los bandos se destrocen sin que ningún árbitro intervenga? ¿Debe haber límites o no a la expresión dentro y fuera de las redes? Desde luego, las preguntas surgen de la contemporaneidad, pues ellas, formuladas 50 años atrás, no tendrían sentido. Formularlas hoy, conduce a plantearse preguntas en torno a la modernidad de la política, que debe también ajustarse a los requerimientos de una modernidad que no se termina de entender y ante lo cual no siempre se actúa con consecuencia. Es cierto, si bien –se escribía aquí hace días– los aspectos centrales giran en torno a la estrategia, hay cuestiones tácticas que no se deben descuidar, ya que si bien hoy como nunca unas elecciones intermedias, las de 2021, tienen no sólo la dimensión sino la importancia que, considero, nunca antes habían tenido, ello obliga a que la preparación del terreno sea en extremo cuidadosa, si se quieren realmente obtener resultados fructíferos que, para la izquierda en México, se centran en seguir conservando el control del poder legislativo y obtener el mayor número de triunfos en gubernaturas y municipios para así fortalecer el papel del poder Ejecutivo.

Lo anterior nos conduce, pues, a darle respuesta a una pregunta central: ¿y qué es hoy la izquierda en México? Porque de ello parte el dar la lucha para el 21. ¿Los 30 millones que en el 18 votamos por AMLO, éramos todos de izquierda? Desde luego que contestar en afirmativo esa pregunta es muy aventurado. Más lo que no es aventurado es afirmar que quienes en el 2018 propiciamos el triunfo de AMLO, tenemos la responsabilidad, desde hoy, de que en el 2021 no se pierda el control del Estado, porque sólo así se podrá seguir avanzando en los cambios sociales que el país requiere. Lo cual, por ejemplo, no está en la perspectiva de partidos políticos como el PT, cuya ideología anarquista hoy enquistada en él –no hay reglas y por lo tanto no hay orden de ninguna naturaleza– está poniendo en riesgo ese control del Estado por parte de la izquierda

(gracias a ello, hoy el PAN controla la Junta de Coordinación Política, un órgano central de la Cámara de Diputados, en el afán del anarco Fernández Noroña por presidir la Cámara mencionada).

La izquierda –ese amplio conglomerado que permitió el cambio en el control del Estado a partir de 2018–, pues, hoy, tiene como tarea no perder el control del Estado a través de los mecanismos antes señalados, lo que conlleva la tarea de intensificar las actividades políticas que permitan consolidar la tendencia al cambio social que se dio en 2018 (que hoy encabeza AMLO y la 4T) y avanzar para que ella se consolide y profundice sin romper de manera brusca el tejido social que hoy está conformado en el país.

Al respecto se plantea una interrogante entre otras varias: ¿podrá el INE –el árbitro estatalmente designado para ordenar los procesos políticos nacionales (registro de partidos y asociaciones, financiamiento, guerras sucias, etc.) — hacerse cargo de las tareas tan complejas que se desprenden de la realidad nacional actual?

Pinta interesante el futuro inmediato en torno a la política del país (y no sólo de él: hoy arden, entre otros, Francia, Chile, Argentina, Brasil), sin duda…

Más leído
HOY ESCRIBE
Relacionados