ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero / Sol Quintanna Roo

Gobernar es difícil

Los caballos del sueño sabían de memoria

el recorrido. Era cuestión de abandonar las

riendas, de dejarse llevar

E. Chirinos: “Lo que mi padre…”

Hace ya tiempo dejé atrás las responsabilidades del trabajo y hoy, en casa, comparto el control de ésta con mi esposa y mi hijo; lejos, muy lejos de lo que son hoy las tareas de gobierno, las que vistas desde la óptica del periodismo generalmente se muestran muy complejas y diversas, así sea que se trate de un ejercicio físico sólo por un área boscosa de la ciudad. Lo que sea, gobernar siempre se emparenta con la dificultad y la complejidad, y de allí deviene que los juicios que se formulan sobre el desempeño de esas tareas siempre sean aventurados, pues por lo común se realizan desde la barrera. Hacerlo desde dentro del gabinete (en pleno ruedo), le cuesta a uno el puesto (Urzúa, Jiménez Espriú y hoy Toledo).

Pero, ¿es buena o mala para el gobierno la crítica, con todo y que las encuestas externas aún le dan al régimen de la 4T (totalmente identificada con AMLO) un 70% de las preferencias? Habría entonces, pues, que analizar la utilidad de esa crítica emanada, por lo común, desde los medios impresos, radiofónicos, televisivos y hoy en la red, si es que el poder la toma en cuenta. Primera premisa, porque existen gobiernos autoritarios (Trump, Bolsonaro, Lukashenko) para quienes la crítica no sirve de nada y si persiste es mejor deshacerse de ella (los crímenes de periodistas rusos críticos particularmente de Putin). Pero también hay un segundo grupo de poder (como el actual de este país), menos autoritario, para quien esa crítica es una especie de brújula que se incorpora a la navegación del barco y mal que bien ayuda a encontrarle rumbo a esa navegación casi siempre tormentosa, insisto. Pero allí hay un problema: si la bitácora (el librito de administración pública) marca principios esenciales, es obvio que entonces la crítica sólo se toma en cuenta si es que no va en contra de esos principios. Eso pareciera ser hoy, por cierto, lo que está sucediendo con el gobierno de la 4T en el país: tiene el rumbo marcado (la anticorrupción y la austeridad) y se resiste, siempre, a modificar ese rumbo.

¿Es un rumbo correcto ese? Correcto, sí; insuficiente, también. Adecuado para la época transicional actual… Quién sabe. Que lo digan las ausencias del presidente de la SCJN y del titular de la FGR, quienes no acudieron al segundo Informe de Gobierno de AMLO y recibieron una fuerte crítica por parte de éste, quien sin duda esperaba que esos

personajes lo acompañaran en ese acto trascendental de su gobierno, y cuya ausencia, por tanto, sí se traduce en una crítica severa al gobierno, en términos de que no se parecen compartir los principios bajo los cuales se gobierna, ya que, por un lado, ello habla de diferencias entre poderes, en tanto que lo segundo presagia una nueva renuncia en el gabinete de gobierno del país.

Mientras la óptica del gobierno expresada en los informes sigue siendo idílica, la verdad es que, desde la óptica periodística, creo, el barco muestra fisuras que bien valdría atender…, más que nada porque ya se avecinan las tormentas del 2021.

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