ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero / La Opinión de México

 

Hacia lo importante

Día a día

trabajas por la liberación,

escribes sentado en tu cuarto

B. Brecht: “Meditaciones sobre…”

Todo se inicia otra vez con calma relativa, disipadas ya las nubes de tormenta más inmediatas y amenazadoras. Como sea, el proceso se prevé tormentoso, pues las nubes no han desaparecido del horizonte; allí están, expectantes, esperando la oportunidad para manifestarse una vez que se acumulen, pues el enemigo que se considera principal (AMLO y la 4T) está allí aún, firme para dar la próxima batalla electoral, al margen de la multiplicidad de enemigos que buscan unificarse en un solo frente para luchar en contra de él.

Leyendo hace poco un texto sobre Gramsci (“Gramsci y el análisis del Estado: el origen del concepto de hegemonía” de Ángel de la Cruz, en Marx desde Cero del 11-X-2017), me encontré con la siguiente referencia de utilidad: “… la estrategia bolchevique basada en el choque frontal o en la guerra de maniobras no se podría exportar a Occidente al tratarse de sociedades más desarrolladas con un Estado en los cuales «la “sociedad civil” se ha convertido en una estructura muy compleja y resistente a los asaltos catastróficos del elemento económico inmediato (crisis, depresiones, etc.): las superestructuras de la sociedad civil son como el sistema de trincheras de la guerra moderna»”. Es decir, la etapa actual de lucha, en el marco del capitalismo contemporáneo, tiene necesariamente que adaptarse a los requerimientos que plantean las sociedades modernas, las que (una característica muy relevante) se modifican muy aceleradamente desde todo punto de vista, lo que obliga (si Gramsci no miente) a modificar las tácticas de lucha para mantener firme los objetivos estratégicos que se persiguen: ir, poco a poco, llegando al socialismo a través de una revolución que haga dar, en este caso a nuestra sociedad, el salto del capitalismo hacia el socialismo. ¿Qué todos vamos a ir sintiendo, de manera diferente, esos cambios, evidentemente, lo cual, particularmente en el caso de América Latina (a excepción de Cuba), hasta hoy no se ha podido llegar hasta el final, porque, aquí se considera, las tácticas han fallado (sin duda por los sabotajes que se han puesto en práctica para minarlas, que han llegado hasta el golpe de Estado militar u hoy, como está sucediendo en Brasil, jugar con el lumpen-proletariado para ganar las elecciones) y la estrategia, así saboteada, nunca ha llegado hasta el final.

El 2021, en términos electorales, no será, vuelvo a escribirlo, un año sencillo. Comenzando porque, primero, los enemigos de clase (que son ellos una hegemonía social muy poderosa) se están multiplicando, esperando que el combate, que se dará en un terreno, el electoral, que ellos manejaban a su antojo (con fraudes y demás) y que esperan les favorezca primero en 2021; luego, si es posible, en 2022 (by, by AMLO) y finalmente en 2024, para así volver al paraíso que durante 38 años, antes, habían disfrutado.

Esas son las esperanzas de la derecha. Por parte de la izquierda qué estamos haciendo, porque AMLO, necio, persiste en su falsa idea de conservarse neutral, cuando hoy eso no es posible.

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