ISEGORÍA

¿Hacia dónde ir?

Conspira en el umbral en tanto
el aviso de unos labios entreabiertos,
una nubosidad que se distiende

R. A. Landa: “Omertá

Sin querer queriendo inicio mi nota de hoy, con estas palabras del maestro argentino Adolfo Pérez Esquivel, a 40 años de haber recibido el premio Nobel de la Paz: “Hoy a 40 años el mundo se encuentra en zozobra, camina entre angustias y esperanzas frente a la Pandemia del Covid 19 que ha cobrado miles de vidas y pone al descubierto las desigualdades sociales, económicas y políticas, el aumento del hambre, el desempleo, la pobreza. El daño que el ser humano ha hecho a la Madre Tierra en su afán mercantilista de aquellos que privilegian el capital financiero sobre la vida y continúan su explotación y daños a nuestra Casa Común”.

Son tiempos de incertidumbre, y por ende de preguntas, los actuales. No se nota la claridad del rumbo y de allí las preguntas en torno a la 4T, que aparentemente no logra salvar los escollos que tanto a nivel mundial como nacional se presentan. El apoyo parece tambalearse (fue de risa la manifestación-acarreo del sábado pasado) y por eso el surgimiento incesante de preguntas y dudas: ¿es éste el rumbo a seguir para conducir al país?

Como sea, pero desde la barrera (desde la tribuna periodística, pues), como escribe Aletia Molina, el panorama no se ve claro, porque, es cierto, muchos nubarrones se ciernen con la sindemia a nivel internacional, y por más que los analistas expresan pesimismo, no hay corrección del rumbo y las economías capitalistas siguen pasando aceite, lo que hace que las economías nacionales, como la de México, escupa y tosa continuamente sin que logre regularizar su paso. Pero eso, sin duda, preocupa a los especialistas como Rolando Cordera, que hoy domingo planteó duros argumentos en La Jornada.

Mucho hay que pensar al respecto, como también hay que pensar en el ámbito político, una vez que finalmente, de manera externa (el TRIFE y el INE, válgame Dios), quedó resuelto (sólo de manera aparente) el problema de dirección de Morena, pero nada aún se vislumbra respecto al problema central: ¿y ahora qué partido construir?, porque, centrado hasta hoy en cuestiones electorales, Morena ha dejado de lado al menos una cuestión estratégica: ¿es suficiente con resolver los dilemas electorales para darle vida continuada y ágil a la agrupación? ¿No fue acaso ése el camino que llevó a la desintegración del PRD? ¿Se espera acaso que AMLO (con su familia) vuelva de nuevo a revivir a la maltrecha organización? Es cierto, planteados así suenan amargos los razonamientos, pero de lo que se trata, más que nada, es de lograr que, ante cuestiones adversas (el capitalismo como sistema) pueda construirse una organización política que, de manera pacífica, logre conducir a una nación por vías distintas a las del capitalismo (en particular el capitalismo de Estados Unidos) que considera, entre otras cosas (léase por ejemplo a Mariátegui), que ningún pueblo de América Latina tiene derecho a buscar sus propias vías para conducirse al margen de un capitalismo que ha sido salvaje, depredador y asesino con ellos.

Ese es pues, uno de los varios dilemas que por estos días le toca resolver a la 4T (hoy presionada por congresistas de Estados Unidos) que, sin duda, quiérase que no, pasa días difíciles, con un semáforo social que se niega a abandonar el rojo.

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