ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / LA OPINIÓN DE MÉXICO

Balances extremosos

Ordenar los cadáveres para poder enterrarlos página cuatro del catálogo de daños

Orozco: “Bitácora de daños:

Luego de dos años, claro, el recuento de hechos se vuelve necesario, imponiéndose por sobre todas las cosas la catástrofe que no termina de pasar y que, con vacuna y todo, dice López-Gatell nos golpeará con fuerza en lo inmediato, de la misma manera que lo está pronosticando la Organización Mundial de la Salud. Es decir, como se afirma en el libro Palabras para lá da pandemia: cem lados de uma crisi, publicado recién por el Centro de Estudios Sociales de Portugal, nuestra realidad catastrófica de hoy abre un panorama radicalmente distinto al que habíamos venido viviendo, que nos obliga a prepararnos para afrontar las nuevas realidades que se nos avecinan en todos sentidos.

¿Por qué dos años y por qué mejor no hacer el balance de los últimos cien años del país, para enterarnos a fondo de cuáles son las raíces verdaderas del país desmadrado que hoy somos? ¿Qué es lo que durante los últimos años han hecho los dueños del poder en este país para dejar a éste tan destruido y derruido? En ese sentido, dos años son nada para tratar de revertir los daños causados por 98 años atrás. Ese es el panorama que hay que analizar y no los dos años últimos del país con la pandemia encima. No se vale, si la tarea apenas comienza.

Eso, en principio, habría que señalarles a los críticos del momento de la 4T: su falta de perspectiva histórica; para ellos lo único que existe son los dos últimos años del país y no toda la carga histórica que hay detrás, que sin duda no va a necesitar de otros 98 años para revertirla. Sin duda, los próximos cuatro años mucho se podrá hacer; pero, sin duda, darle la vuelta a la realidad de este país requiere una inversión de muchos años más y de medidas sociales mucho más radicales que las de hoy, pues una de las cosas que quedan claras con dos años de gobierno de la 4T es que en su estrategia no se contempla ni una planeación rigurosa de tareas de la administración pública ni tampoco un rompimiento brusco con los quehaceres que llevan a cabo los sectores productivos organizados del país:

ni empresarios ni sindicatos. De allí entonces que la crítica hacia la 4T proviene, hoy, tanto de derecho como de izquierda porque para los primeros, lo hecho hasta hoy supuestamente afecta a sus intereses económicos, en tanto que para los segundos, hasta hoy en nada se ha modificado la estructura social del país.

¿Cuál es el paisaje después de la catástrofe –si entendemos catástrofe en su sentido original: fin de un estado de cosas–, qué nos espera después de la pandemia-sindemia, nuestra capacidad de resiliencia qué nos llevará a levantar en el futuro inmediato? Muchas son las interrogantes que ahora, después de dos años de gobierno, hay que contestar, tanto en el diálogo político, como, sin duda, en lo que es más importante: en nuestra vida diaria para que, lo que allí cayó, se levante de nuevo con más fortaleza, con el gobierno si es que estamos con él, como lo están más del 65% de los habitantes de este país; o con la oposición, si es que esos son sus deseos.

Nos estamos viendo, pues, en la lucha política de todos los días.

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