ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / LA OPINIÓN DE MÉXICO

El peso de los discursos electorales

Salimos del estado del venado muerto, el ojo atravesado por astillas de mediodía (…) cruzado por la complicada respiración del cielo

M.D. Fraile: “Ahorcados de tinta”

Cerca ya del final de este año, con la pandemia a todo lo que da, aunque vislumbrando el final del túnel con la vacuna a días de distancia, la situación política del país permanece sin muchos movimientos hasta hoy: todos, los actores visibles de ella, mantienen sin grandes variaciones los objetivos que desde tiempo atrás se plantearon, basados en las creencias que desde antes sostienen y que son las que, también desde tiempo atrás, han estructurado al país de una manera tan desigual y tan injusta. ¿Qué tanto nada cambia y todo permanece?

Mientras los poderes fácticos, en el país, sigan siendo los mismos es evidente que la situación se mantendrá relativamente estable dado que hay autos Lamborghini que pueden chocar en las calles de la ciudad de México y quedar abandonados, que hombres que son asesinados para robarles cinco botellas de licor cuyo valor era mayor al millón de pesos, lo cual, sin duda, habla de los niveles de injusticia que se mantienen en el país, en donde la polarización de la riqueza –con todo y ataque a la corrupción y austeridad– se mantiene inalterada, pues sigue habiendo muy pocos que cada vez tienen más riqueza, frente a muchos (nosotros, sí, cada vez más) que apenas y con suerte tenemos para comer. ¿Qué ha cambiado, pues, entonces?, porque los ejemplos del auto y de los vinos se puede mencionar varias veces en diversos escenarios del país para ilustrarnos sobre la persistencia de la polarización de la riqueza, que a su vez se proyecta en la persistencia de los discursos ideológicos que son hoy predominantes a nivel político. ¿Qué hay en la actualidad en el panorama político del país?

Todo, finalmente, en política se reduce a dos visiones del mundo relativamente polarizadas. Por un lado, la visión dominante hoy (Morena y adláteres, incluyendo al Verde a pesar de San Luis Potosí), que sustentada aún en la figura de AMLO espera seguir manteniendo en el veintiuno aparte de una mayoría más aplastante que la actual en la Cámara de Diputados, conseguir varias gubernaturas más y las alcaldías más importantes del país, sin modificar para nada el discurso ideológico en el que se apoyan: aquel que surge desde los arcos de cantera y los patios y oficinas de Palacio Nacional: anticorrupción y austeridad (aunque cada día sean más vacuas e inútiles) a rajatabla.

Por el otro lado están, alineados en un solo frente, quienes anhelan hoy el retorno de los viejos tiempos, sin modificar para nada los mecanismos que precisamente hace dos años provocaron su caída estrepitosa del poder. Para ellos, el retorno a los esquemas neoliberales (por más desgastados que éstos hoy se encuentren) sería su objetivo de batalla, considerando que él garantizaría un voto estratégico: el de la pequeña burguesía que, creen (con razón relativa), es el que finalmente arrastra al voto de los pobres, que es el voto mayoritario.

Pero cuidado que allí viene el coco: este segundo bloque no espera el golpe que le van a dar una vez que, poco a poco, comiencen a surgir el cúmulo de tropelías y sandeces, y también los actores que estuvieron detrás de eso, de lo que hicieron Cienfuegos y García Luna. Esa mierda, en serio, los va a cubrir a todos, los va a inundar.

Con calma, hay que esperar los juegos tácticos de las elecciones próximas. Los poderes fácticos siempre han mandado.

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