ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / LA OPINIÓN DE MÉXICO

Un balance político: pobreza de las ofertas

Donde el único sonido lo hacían Dios Y un caballo tragalunas

M. Roca: “Tristeza de las cosas”

En memoria de Nahum Pérez Paz

Cerca ya del fin de año, en política los balances y recuentos tienden a hacerse para plantearse los quehaceres del año por venir. Así, más allá de lo sanitario, que ha movido de una manera brutal a las economías del mundo, poniendo en jaque, entre otras cosas, a todo el proceso de reproducción del capital y por ende a la organización social que de él se desprende también a nivel mundial, sorprende que a nivel nacional la política no haya sufrido cambios significativos y siga empeñada, sólo, en conservar las posiciones que a nivel electoral logra conseguir legalmente o con las trampas que son propias de lo electoral (desde el acarreo hasta la compra burda de los votos con un billete, una tarjeta o una despensa).

Frente a ese panorama de desolación absoluta, en la medida en que los velos van cayendo (en Baja California, por ejemplo, una relativamente ex-panista ha sido nominada como candidata de Morena a la gubernatura) y las encuestas “dedológicas” destapan sus resultados, se vienen abajo totalmente los procesos de elección partidaria (abiertos, claros, contundentes) que han sido burdamente sustituidos por el dedo elector de tiempos pasados, dándole así, tristemente, validez a todo el proceso que se desprende directamente de la denominada democracia electoral, para la que lo único que importa es la conservación del poder y para nada la creación de una cultura política sustentada en la real participación de las bases. Esto segundo, para el poder establecido (sea del signo que sea) en las democracias electorales nada importa.

Como nada importa, para la oposición electoral de derecha, persistir en su práctica de sólo basar sus acciones políticas en la crítica de los errores que el gobierno en turno comete presionado, en este caso, por lo sanitario y lo hacendario, que no le han permitido construir el país que se vislumbraba en las promesas de campaña de antes de 2018. Incapaces de ver a futuro un panorama distinto al que los llevó a la derrota (el neoliberalismo), quizá porque no tienen otra oferta que ofrecer; es seguro que la derrota los espera, de nuevo, en el próximo proceso electoral del año entrante.

Oscilando entre esas dos ofertas, a la clientela electoral (que es la minoría de la población, lo que augura, como siempre sucede en las elecciones intermedias, un índice muy alto de abstención) poco lo queda de dónde escoger, lo que le lleva a uno a preguntar cuál es el sentido del voto en procesos electorales en donde no existen diferencias fundamentales entre los oponentes, ya que lo único que interesa a ambos es “cuidar” el orden establecido, sin entender que ese “orden” es el que genera las injusticias y la falta de libertades que caracterizan a sociedades sustentadas en la “democracia electoral”.

D. Tomo dos semanas de descanso. Regreso en enero, pues para mí, ahora, es importante tomarme un descanso.

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