ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / LA OPINIÓN DE MÉXICO

¿El nombre o el proyecto?

La cálida eclosión de los contornos,

esa explosión sin límites,

hacia un pozo desnudo y sin salida.

Gorría: “Con su aleteo haciéndose a sí misma”

Los días, sin estarlo, se tornan grises y abigarrados. Los recados te llegan desde muy diversas partes anunciando sólo desgracias y te espanta el cerrar de los ojos muchas veces, empecinadamente, frente a esas desgracias, porque a ellos –los de la fiesta, los que caminan sin protección, los que se niegan a escuchar los consejos de los especialistas–, la muerte les pela los dientes. Mientras, contradictoriamente, uno, metido en casa a piedra y lodo, se sumerge mejor en la lectura para tratar de salir adelante con la estrategia de lucha al covis-19 y que la economía salga a flote. Por eso, leo un interesante libro publicado por CLACSO en 2018 denominado Ernesto Laclau y la investigación educativa en Latinoamérica, Implicaciones y apropiaciones del Análisis Político del Discurso, de Rosa Nidia Buenfil Burgos, en donde se pone énfasis en el significado político de las acciones educativas que, en diferentes etapas y países de América Latina, se han llevado a la práctica para tratar de resolver los muy graves problemas que en ese campo estratégico del quehacer público se han experimentado recientemente para enfrentar sobre todo los retos del siglo XXI, lo cual en México parece no tiene mucha importancia, pues hoy nuestros problemas educativos, para variar, en el discurso ya están entremezclados con la sucesión presidencial.

Despejar del campo a Moctezuma –todavía, formalmente, a cargo de la Secretaría del ramo–, para enviarlo a Washington, mientras ese puesto se destina para otro presidenciable del 2024, pues parece que el panorama para ese año no se vislumbra aún con claridad.

Por eso es que, quizá, hoy que se necesita con urgencia el diseño de un verdadero proyecto educativo que vislumbre con claridad los quehaceres urgentes de recuperación de lo hacer en la materia luego de la pandemia –los estragos causados por el programa Aprende en Casa, que dejó en la inopia educativa a millones de niños a los que urge volver a actualizar y prepararlos frente a las eventualidades que para ellos, sin duda, va a arrastrar su futuro educativo–, se requiera de un verdadero técnico especialista en la materia que más que discurso político se acompañe de un discurso educativo similar al de la Escuela Rural Mexicana o mínimo el Plan de Once Años, adoptado a los tiempos actuales, para poner al día las pérdidas que estos meses trágicos ha sufrido la escuela mexicana de nuestros días. Desde luego, respecto a la SEP otra vez lo importante es el proyecto, no el nombre del candidato.

La complejidad discursiva que hoy se desprende de la educación mexicana, sin duda por los estragos de la pandemia, se ve fuertemente emparentada por la política y de allí entonces que ella, la educación, sin deberla ni temerla, está formando parte, apenas abajito del agua, de los ejes estratégicos que mueven al país: la pandemia, la hacienda… y uno más que no se mencionó: la política.

D. Mi reclusión en casa apresuró mi regreso a la escritura, por eso estoy aquí otra vez.

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