ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / LA OPINIÓN DE MÉXICO

Nada cambia, todo permanece

Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco,
que lloraba porque al alba
tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja

F. García Lorca: “Crucifixión”

 

Llega a su fin este ciclo de tiempo, y en el límite de los candelarios electorales aparece definido lo que será el panorama electoral para el próximo proceso electoral. Por un lado renace Pacto por México (que hoy se llama junto con México sí, Va por México), mientras que por el otro Juntos Haremos Historia, de Morena, PT y Verde, jugarán en contra, tratando de que lo actual permanezca.

En otras palabras, si tomamos en cuenta que de 500 diputados, 488 quieren reelegirse eso significa que desde allí, desde la Cámara de Diputados (y la de Senadores que permanece casi inalterable), el Poder Legislativo está manifestando con bastante anticipación que se inclinan por la permanencia, más que arriesgarse por el cambio. Igual, inalterables permanecen después de julio del 21 los poderes Judicial y Ejecutivo, por lo que, debe considerarse, el panorama político del país tiende a conservarse casi inalterable para el año próximo, pues, en aras de la estabilidad, las fuerzas políticas parecen considerar que las cosas tal como están (con las luchitas de dimes y diretes actuales) están bien, que nada hay que modificar, en aras quizá de no moverle mientras la situación sanitaria del país no se estabilice. Lo cual quiere decir, entre otras cosas, que el gobierno actual parece tener todo bajo control pésele a quien le pese.

Aunque sí hay un eje que, mal que bien, sí va a sufrir cambios: las relaciones entre centro y periferia se van a modificar, pues ya sea que permanezcan las mismas fuerzas gobernando los estados o bien sea que se modifiquen, el Ejecutivo saldrá fortalecido si esas relaciones cambian (si aumenta el número de gobernadores de Juntos Haremos Historia); o si no cambian (continúan o aumentan los gobernadores de Va por México) eso hará que el poder de AMLO y la 4T sufra presiones adicionales, lo que sin duda provocará que el país sufra cambios, sobre todo en lo que se refiere al ambiente político que va a prevalecer para antes de las elecciones de 2024. Es decir que en esas elecciones, las de 2024, puede que el proyecto de cambios que en la actualidad impulsan AMLO y la 4T se ponga en peligro de truncarse, para que así el país retorne de nuevo a las épocas oscuras del capitalismo salvaje (tipo neoliberalismo) que ya tanto daño ha hecho al país.

El fin de año, pues, se presta a conjeturas que adelantan reflexiones sobre lo que estará en juego próximamente, de manera muy paradójica disyuntivas similares a las que hoy se presentan en Argentina, en donde el régimen de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, presionados por Macri y sus seguidores parecen no saber qué hacer para lograr que los cambios que ellos promueven hoy desde el gobierno se profundicen. Mientras en Chile y en Bolivia las fuerzas progresistas de ambos países apenas toman impulso para avanzar por proyectos bolivarianos tipo Mariátegui, que le den a la región la presencia que precisamente quería para toda América Latina (incluyendo México) nuestro caudillo del sur, Simón Bolívar.

Que el año próximo, pues, nos ilumine de nuevo la luz de la esperanza y la justicia de nuestro querido y añorado Simón Bolívar.

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