ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / LA OPINIÓN DE MÉXICO

La difícil tarea de creer

Esto nunca se acaba A ti que en la bruma de la fe como un tonto Ves el paraíso a costa de que tu vida se desmorone

Keita: “Poesía”

Es difícil, sí, en cuestiones de política, creer, porque, en política, palabra que no se trasforma en acción es engaño o promesa falsa, como discurso de campaña repetido una y otra vez y nunca cumplido. Es cierto, la política comienza en la calle, en la plaza pública en donde la palabra se fortalece, porque es allí en donde se alimenta de realidad, para que, más allá del discurso y la ley, se transforme en obra o acción, y por allí comienzan los problemas, pues el acercarse a la realidad para así construir, el discurso no es lo mismo para todos: hay quienes se acercan a ella –a la política vuelta acción– desde el hartazgo (el 10% de la población en México) en contra del 90% que lo hace desde diferentes grados de carencia, y a menos que la visión de algunos oportunistas del 90% sea vendida a los que todo lo tienen en demasía, somos muchos, en exceso, los que carecemos de lo indispensable, y de allí entonces el por qué cuando la política se transforma en gobierno debe, por obvio, favorecer siempre a uno de los dos grandes sectores de la población: o a quienes todo lo tienen y siempre quieren más o a quienes apenas rebasan los índices de la pobreza. En este país no hay de otra, lamentablemente.

Hasta 2018, entre nosotros el gobierno privilegió al sector minoritario de la población y lo enriqueció en exceso, polarizando así el ingreso de una manera explosiva. Hoy, cuando después de ese año se comienzan a dar ligeros, muy ligeros cambios en el gobierno del país, para tratar de favorecer más directamente a los sectores más desfavorecidos de la población, con base en la consigna antigua de “Primero los pobres”, se conmovieron diversas estructuras sociales, lo cual, aunado a la crisis sanitaria de este año, han ocasionado el descrédito de muchos hacia el gobierno, pues notan que sus privilegios de antes –producto de una corrupción rastacuera y servil– se desvanecen y disminuyen, rompiendo así sus sueños de grandeza, que los mantenían en el limbo social, sin darse cuenta que también vivían en el infierno. Esa pequeña burguesía urbana, ilustrada a veces, es la que no entiende qué está pasando y se deja arrastrar por los gritos histéricos, a sotto voce algunos, otros a grito pelado, que, a trasmano, emite la burguesía nacional, que se resiste a aprobar las acciones de gobierno que se impulsan hoy, a menos que se vean directamente favorecidas con ellas.

Ese, pues, es el problema de la transición: resistirse o caer en el engaño de quienes claman de maneras múltiples y desde diferentes foros en defensa de sus intereses espurios, tratando de sabotear de continuo las acciones que buscan favorecer, insisto, a quienes menos tienen. Ese será el dilema continuo, pues, del año próximo, por lo menos hasta el primer domingo de julio cuando se conozcan los resultados de la elección y se sepa si, en efecto, la 4T va a seguir adelante a todo tren o si se verá frenada por los sectores conservadores de la sociedad.

En política, el 2021 será, sin duda, un año lleno de sorpresas para todos. Mientras, terminemos en paz este y que el próximo lo pasemos llenos de tranquilidad y felicidad, es el deseo de uno de los viejos de la tribu.

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