ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / LA OPINIÓN DE MÉXICO El ejército: nueva imagen

Estábamos hechos de materias inestables y de elementos dispersos difusos (…) hasta hacer de nuestros cuerpos esas montañas de átomos en batalla

F. Cosnier”Poema”

Por los venturosos 99 años de Edgar Morin y su lucidez perpetua Guardadas en uno de los cajones secretos de la 4T, las relaciones entre gobierno y ejército, que hoy que se encuentran en crisis por el caso Cienfuegos, han hecho explotar, es obvio, ese enjambre de abejas. Es decir, el papel relevante que, desde el inicio de este gobierno, ha tenido el ejército, y que más de una vez ha chocado con lo que tradicionalmente era tarea de los civiles (aduanas, puertos, construcción de aeropuertos, seguridad pública…, y quizá pronto penales), se inscribe en una línea que nadie esperaba, por la militarización de la vida diaria que ello conlleva. Pero no hay que perder de vista una cuestión central: esa cesión al ejército de tal cúmulo de tareas no es gratuita, si se toma en cuenta que la llegada al poder del actual régimen de gobierno (la 4T), más allá del triunfo electoral implicó negociaciones con los poderes fácticos (iglesias, milicia, empresarios selectos, narcotráfico) que, desde luego, hasta hoy no hemos terminado de conocer. Hoy que uno de esos panales -el de la milicia– fue removido, ha provocado una estampida de dimensiones amplias, toda vez que se pisaron los callos de muy diversos personajes (los priistas, entre nosotros, saltaron ardidos por el quemor). Por un lado, desde luego, la puesta en evidencia de los servicios policiales de Estados Unidos molestó fuertemente al gobierno de los vecinos del norte, quien puso el grito en el cielo al publicarse los expedientes en que se basaban las acusaciones en contra del general mexicano y que, por mínimo respeto al sigilo procesal, no debieron haber sido dados a conocer públicamente, de la misma manera que hasta hoy la FGR no ha dado a conocer por qué considera (¿en dónde están los expedientes de justificación?) que Cienfuegos debe ser considerado libre de culpa totalmente. Ese conjunto de aberraciones jurídicas choca de frente con la política del país y pone en la picota a la 4T en un momento –el electoral– en el cual a nadie, y particularmente a ella, no conviene exponerse de tal forma. ¿Por qué no? Habría que preguntarle a Alejandro Encinas, entre otros, el por qué, pues no hay que olvidar que después de dos años de pesquisas por parte de la 4T sobre Ayotzinapa ello sigue siendo un verdadero hoyo negro cuyo caos está alimentado, precisamente, por el papel que allí jugó el ejército, comprometido en esa región, desde años atrás, en el trasiego y comercialización de la amapola, que sigue siendo un nudo ciego de las investigaciones que se han llevado a cabo al respecto. Es decir que la verdad de Ayotzinapa no se sabrá hasta que no tenga respuesta el cómo se desatará el nudo ciego de referencia. Y desde luego, el ejército como poder de facto en México tiene mucho que responder sobre los avisperos múltiples que rondan sobre las cabezas de la vida nacional. Pero ni modo, sólo los que están en el gobierno saben cómo hacerle frente a esa compleja situación.
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