ISEGORIA

Sergio Gómez Montero/ La Opinión de México

Recuperación del Estado

En la novela que escribo las flores crecen lentas y un niño gatea sobre ellas las devora

Garma Estrella:”Mi personaje principal”

De entre las ocho tareas –tibias, nada radicales– que la ONU propone a los países de América Latina y el Caribe para salir de la grave crisis social en que los sumió la pandemia actual, se intuye que de nuevo, sin Estado, los objetivos planteados para el 2030 muy difícilmente se podrán ni siquiera rasguñar; el fase de decaimiento social en que se encuentran estos países –incluidos entre ellos el nuestro–, después de la enfermedad universal, es en realidad muy alarmante, con base en los indicadores de desarrollo capitalista en los que basa sus estimaciones el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, y que, por otro lado, sin Estado fuerte muy poco se podrá hacer.

¿Qué tanto entre nosotros se tiene conciencia de ello? De las ocho medidas de gobernanza que propone el PNUD para enfrentar la dura crisis social, en una publicación de este año (América Latina y el Caribe: Gobernanza efectiva, más allá de la recuperación), se intuye claramente que sin Estado –sólido, bien establecido, capaz– será virtualmente imposible superar los obstáculos que ya tienen encima nuestros países, comenzando, para poner un ejemplo, por la vacunación masiva, después del agandalle que de las vacunas han hecho los países capitalistas económicamente poderosos, pasándose por alto el principio de equidad por el que había clamado precisamente el máximo organismo internacional, la ONU, mostrando así la debilidad de los organismos multilaterales para equilibrar la injusta situación mundial en que nosotros como especie estamos viviendo. Frente a ello, ¿qué pues queda que no sea fortalecer a los Estados nacionales para que ellos sean los que se hagan responsables de proteger los derechos de sus respectivas poblaciones y poder acercarse así, un poco, a los objetivos planteados para el 2030?

Eso es lo que en realidad hoy se disputa arduamente entre nosotros en México. En silencio muchas veces, pues ni el Estado lo proclama con voz estentórea ni la oposición, de manera explícita, lo toma como bandera de combate. Así pues, el gobierno avanza con lentitud posicionando al Estado en áreas estratégicas de nuevo –áreas de las cuales había sido desplazado con malas artes–: la salud y seguridad social, la producción de energéticos (petróleo y luz) y pronto alguna otras, que permitan la resiliencia y el despegue social, asentándose así, por esa vía, con mayor claridad, las diferencias profundas que hay entre una 4T que busca fortalecer la independencia y autonomía del país, frente a una oposición necia en regresar a los caminos tortuosos del mercantilismo a toda costa y el consumismo envilecedor propiciado por los caminos absurdos y degradantes del crédito plástico que nos consume la vida virtualmente.

Esas son pues, hoy, las diferencias que hay entre quienes nos sentimos partidarios de las propuestas de la 4T y quienes –absurdos, hipócritas, insulsos– claman como buitres en el desierto creyendo que está muerto el régimen que sigue vivito y coleando por todo el territorio nacional.

Seguir fortaleciendo al Estado debe seguir siendo tarea de todos los días.

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