ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero / Sol Yucatán

Las fronteras de la crítica

Y escribir

Siempre será un acto

De amor y venganza

C. Mendoza: “Si todo pasara hoy”

Sin duda, una de las tareas más complejas hoy del mundo contemporáneo (y puede que desde tiempo atrás) sea gobernar un país. Porque el poder que de ello emana contamina, mal que bien, a la naturaleza humana y la torna, a su antojo, en un cúmulo de contradicciones que parecieran agudizarse en la medida en que el tiempo pasa. ¿Cómo fue, me pregunto, que el increíble Pepe Mojica logró que no lo contaminara el poder y que al final de su vida pública (incluido ahí el ser presidente de su país) siguiera siendo el individuo humilde, sencillo y lúcido –guerrillero tupamaro–, que siempre fue? Lamentablemente, creo, nadie más que él (no, no es cierto: no olvido a Fidel, a Lumumba, al Che). Es decir, el poder contamina y por eso torna tan lábiles y brumosas las fronteras entre el bien hacer y el hacer las cosas cargadas de turbiedad y de errores.

¿A qué hago referencia? Desde luego, a la manera en que hoy se maneja al país, en donde uno no sabe si fueron excesivas las esperanzas que uno cargó en el nuevo régimen (el de la 4T) o si no hay otra manera de llevar a cabo la transición hacia un mañana que sea radicalmente distinto al ayer que tanto daño nos causó. ¿El rompimiento con el neoliberalismo tiene que ser, necesariamente, tan confuso y diluido como lo fue en el Brasil de Lula y Rousseff, en la Argentina de los Kirchner o como es hoy con López Obrador, siempre en el alambre oscilante del equilibrista, sin saber uno si mañana, sin remedio, caerá al piso, provocado ello por los remesones de mala fe de sus enemigos políticos?

He ahí la clave entonces, en la política que genera políticas es en donde ayer y hoy está la clave de la cuestión, que finalmente permite fijar las fronteras entre la crítica insidiosa y chayotera en contra de AMLO y la 4T y aquella que, como ésta y muchas otras (las de las compañeras del EZLN), busca establecer el por qué no se está de acuerdo con la conducción de un país tan complejo como es hoy el nuestro. Por ejemplo, pues, ¿por qué se ha permitido que hasta hoy no exista una manera clara y precisa de manejar el pacto patriarcal y el feminismo en el país, que lo mismo ha permitido que un violador –el hoy famoso Toro Salgado Macedonio– sea candidato a gobernador, que obliga a amurallar el Palacio Nacional
para salvaguardarlo de las acciones provocadoras de los y las saboteadores? La carencia, pues, de una política clara y precisa sobre la materia hoy, en tiempo de elecciones, enrarece el ambiente y en poco ayuda a que se vea con claridad el futuro.

Y así, pueden mencionarse muchos puntos en los cuales la transición cojea –el egocentrismo excesivo en el accionar de la cosa pública, la carencia de una planeación de las acciones de gobierno, la falta de claridad para el manejo de la hacienda pública, el trato de las pensiones y jubilaciones– y que tarde que temprano pueden, como hoy está sucediendo con el manejo de la feminización creciente de la vida diaria, puntos que generan tensiones innecesarias, por más complejo que se presente el gobierno del país.
Es cierto, hasta Lenin tuvo problemas para gobernar a Rusia luego del triunfo de la revolución bolchevique, quizá porque el poder nubla la visión de los gobernantes. Hay, pues, que tener mucho cuidado con ello.

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