ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero/ LA OPINIÓN DE MÉXICO

¿Y luego qué?

Traigo sueños, tristezas, alegrías, mansedumbres, democracias quebradas como cántaros

  1. Debravo: “Nosotros los hombres”

Pareciera extraño, pero no; es lo más natural del mundo. Cualquier ejercicio demoscópico (de encuestas, pues) realizado ahora, lo afirmaría de manera tajante, con todo y el conjunto de trampas que el INE está poniendo de por medio y que sólo sirven para reafirmar lo obvio: el triunfo de Morena en las próximas elecciones será arrasador, con todo y la baja votación que se va a registrar. ¿Significa ello, acaso, que nada entonces habría que cambiar desde el poder para seguir conservando a este no sólo los próximos tres años, sino de allí en adelante todos los años por venir?

Buen ejercicio de reflexión es aquel que hoy, aquí, se plantea: ¿y luego del Peje qué? Porque, desde luego, no es posible esperar hasta el último día de gobierno de AMLO para, entonces sí, comenzar con el diseño de las acciones a emprender para darle continuidad a una 4T que, poco a poco, con levedad, modifica las relaciones sociales no sólo heredadas por el neoliberalismo, sino muchas de ellas y otras provenientes de regímenes posrevolucionarios que no le fueron fieles –ni en su momento ni nunca– a los postulados del contrato social contenido en la original Constitución del 17, y que hoy, entre otros, nuestros jóvenes universitarios y preparatorianos no saben ni de qué se tratan. Así, pues, por ejemplo, una de las preguntas a hacerse desde hoy ronda en torno precisamente a eso: ¿qué tipo de contrato social, para la nueva sociedad que se está construyendo, es el que hay que perfilar para la sociedad que se avecina? Ese calibre de preguntas, y las acciones que deben ir adicionadas a ellas, es un partido político identificado con el nuevo tipo de sociedad que se busca construir es el que ya, desde hoy, debiera estar trabajando en ello. ¿Cuánto tiempo va a pasar para tener a ese partido listo?

Es triste pero así es, consumido sólo por la repartición de candidaturas (y poco, muy poco, por la elección en sí, que un buen susto puede encerrar), hoy Morena lejos está de estar preocupado, en tanto partido político en formación, en ver en perspectiva sus quehaceres y sobre todo en promover aquellas tareas que le permitan consolidarse como la vanguardia política del país, en tanto partido político promotor del nuevo contrato social que contenga

las bases de un nuevo proyecto de país que no sólo consolide lo hasta hoy logrado, sino que, sobre todo, nos haga ver a todos los habitantes de la Nación que es necesario trabajar muy duro no sólo para evitar que retornen los pregoneros y defensores del neoliberalismo, sino que hay un largo camino a recorrer si en realidad se quiere construir un país fundado en un respeto irrestricto a los derechos humanos y a los derechos de la naturaleza, de convivencia sana y armónica y con una visión de futuro clara y precisa, que permita armonizarnos a plenitud con nuestros hermanos latinoamericanos.

La Historia nos brinda, sin duda, ejemplos múltiples de cómo ir avanzando en esas tareas. Sólo falta que alguien, con suficiente poder de convocatoria, asuma la tarea de hacerlo.

 

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