InicioReportajes EspecialesRetropolicíacaLA CANTINA: LEGADO CULTURAL (3/7 PARTES)

LA CANTINA: LEGADO CULTURAL (3/7 PARTES)

Redacción/ Sol Quintana Roo/ Sol Yucatán/ Sol Campeche/ La Opinión de México

Ciudad de México. – La cantina más antigua de la ciudad de México fue inaugurada en 1872 y al paso del tiempo fue visitada por Presidentes, funcionarios, artistas, escritores, periodistas, deportistas, arqueólogos, militares, policías, estudiantes, quienes conversaban de sus problemas y sobre deportes, política y mujeres hermosas.

La historiadora Andrea Méndez dio a conocer que han sido diversos los adjetivos utilizados para designar a las cantinas; para algunos han sido sitios de redención y para otros de decadencia, “pero lo cierto es que la cantina es una herencia cultural vinculada con la historia y construcción de nuestra identidad como mexicanos”.

La señorita Méndez añadió en Internet que el concepto de cantina comenzó a evolucionar gracias al triunfo liberal en la guerra de Reforma; los liberales remataron los vinos de las bodegas de Maximiliano y de conservadores aliados, esto mejoró el surtido y la oferta e incrementó la “elegancia” de muchos establecimientos, ya que fueron decorados con objetos saqueados de las casas de los conservadores que fueron derrotados.

Agregó que el escritor mexicano Armando Jiménez, en su libro Picardía Mexicana, habla un poco sobre esta fundamental transición:

-Estos lujos tuvieron su efecto. Al poco tiempo cundieron en lugares céntricos, limpísimos salones con cantinero bien peinado y afeitado; los mostradores con barra de metal pulida a su pie; mesitas con cubierta de mármol; camareros que servían a la clientela con largos mandiles blancos, albeantes de limpieza. Comenzaron a saborearse las bebidas compuestas con ingenio, en las que se mezclaban sabores diferentes para sacar una sobresaliente que era distinta. Así surgieron los cocktails, los high balls, los dracks, los mint juleps, etcétera.

Fue durante el Porfiriato cuando se consolidó el concepto de la cantina que conocemos hoy. Durante los primeros diez años del siglo XX, la ciudad de México contaba con un poco más de mil cantinas, y justo en esta época fue cuando se popularizó servir las famosas botanas.

La señorita Andrea Méndez comentó que aún existen algunas cantinas que han sobrevivido al paso del tiempo y ofrecen sus servicios hace más de cien años. El Gallo de Oro inició el apogeo de la importación de productos europeos como el aceite de oliva, las alcaparras, las aceitunas sevillanas y los quesos, que fueron una novedosa botana.

El restaurante bar La Ópera se inauguró en 1876 por las hermanas francesas Boulangeot, quienes buscaban recrear la atmósfera y decoración de las cafeterías y confiterías parisinas de la época. En sus inicios, se ubicaba en el sitio que ahora ocupa la Torre Latinoamericana, pero fue tal la cantidad de gente que ocurría al lugar, que se mudaron a un sitio más amplio, donde se encuentra hasta la fecha: Avenida 5 de Mayo y Filomeno Mata.

Sus clientes más asiduos fueron Porfirio Díaz y José Ives Limantour, entre otras figuras del Porfiriato. Cuenta la leyenda que Emiliano Zapata y Pancho Villa pasaron por ahí y que el Centauro del Norte disparó su pistola, haciendo un hueco en el techo que aún se puede apreciar, aunque los historiadores concuerdan que al general no le gustaba el alcohol ni visitar cantinas, pero sigue siendo una historia interesante…

Y se dice que la cantina La Peninsular fue inaugurada en 1872 y que la cantora Lucha Villa se la vivía ahí en sus mejores tiempos. Hasta 1982 se permitió el ingreso de mujeres a este tipo de sitios y en La Peninsular circula una tarjeta que tiene impreso un “permiso legal” para hombres casados:

“Hago constar por la presente, que autorizo a mi pareja para que se divierta cuando quiera y pueda, beba hasta emborracharse, juegue y se distraiga con cuantas señoras y señoritas se le presenten. Firman la señora y la suegra”. Está ubicada en Corregidora y Roldán.

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