InicioReportajes EspecialesLA CONFUSIÓN SOBRE CASOS DEL ESTRANGULADOR DE TACUBA

LA CONFUSIÓN SOBRE CASOS DEL ESTRANGULADOR DE TACUBA

*En octubre de 1968, una familia recibió el “acta de defunción” de un familiar y de inmediato fue al Servicio Médico Forense para devolver el cadáver que no era suyo

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México
(Tercera de cinco partes)

Ciudad de México.- El 4 de octubre de 1968, el alumno Fortanel Hernández fue liberado y se presentó en su domicilio de la Colonia Cosmopolita, calle Islas Shetland, en los precisos momentos en que el convoy fúnebre se disponía a partir hacia un cementerio.

Más o menos lo mismo sucedió en 1942, cuando se dio a conocer que cuatro jóvenes fueron descubiertas sin vida en el jardín de siniestra casa en Tacuba: Rosa Reyes Quiroz, María de los Angeles González, Raquel Martínez León y Graciela Arias Ávalos.

Asustada por los adjetivos calificativos que se publicaban a diestra y siniestra en el periodismo de la época (como apuntaba Enrique Loubet junior, el asesino siempre era “el torvo asesino”, los puñales eran “largos, filosos, descomunales”, la escuadra .45 era “pavorosa”, el camión era “pesado camión materialista”, conducido por “un cafre del volante que se dio a la fuga”, y las suicidas eran “bellas y otoñales mujeres”), una hermana de Raquel Martínez León, Eva, fue al anfiteatro de la Novena delegación, Tacuba, antes que se llevaran los restos de “su hermana” al Hospital Juárez para la autopsia de ley.

Sin estar muy segura pero “casi convencida” de que era Raquel, Eva “reconoció, sin lugar la equivocación, el calzado de la joven y su vestido, yo se los compré en un mercado de la Colonia Guerrero”.

-Sí es Raquel, hace días que no llega a casa- afirmó Eva, quien no podía imaginar que su hermano, Óscar al parecer, iba a sufrir tan tremenda impresión al enterarse que “Raquel fue asesinada por Gregorio Cárdenas”, que enfermó de gravedad y murió, por lo que hubo dos velorios en la misma casa y de la misma familia.

Y mucho después de que “Goyo” Cárdenas ingresó al Palacio Negro de Lecumberri (sin saber que pasaría 34 años tras las rejas en lugar de los 20 que correspondían) Raquel Martínez León retornó sana y salva a su domicilio, con el pretexto de que “escribió varias cartas que nunca tuvieron contestación, para explicar que vivía con su novio en el norte del país”.

Así, Raquel Martínez León tuvo acta de nacimiento y acta de defunción, simultáneamente, en vida, mientras la supuesta “Raquel” que se fue a la tumba con ese nombre, jamás fue legalmente identificada.

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