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LA MANO DE DIOS

Redacción / La Opinión de México / Sol Yucatán / Sol Quintana Roo

 

Deportes. – El 22 de junio de 1986, el Estadio Azteca de la Ciudad de México era un hervidero con 114 mil hinchas a merced del fútbol. Con el sol brillante, el calor alcanzaba los 30 grados centígrados y la humedad llegaba al 65 por ciento. Se jugaba el segundo tiempo del encuentro entre Argentina e Inglaterra, el tercer juego de cuartos de final de la Copa del Mundo de México 1986. El marcador iba parejo: cero a cero.

De pronto, apenas en el inicio del segundo tiempo, cuando el reloj marcaba el minuto 51, el 10 argentino, Diego Armando Maradona, quiso salir entre dos defensas ingleses en el campo enemigo, e intentó una pared con el delantero Jorge Valdano, cuyo control deficiente propició que el defensa inglés Steve Hodge despejara, pero rechazó mal, en dirección al área donde el arquero inglés Peter Shilton, sorprendido, salía por el balón. Maradona, tras esa pared con Valdano, se encontró en el recorrido con el guardameta, con la pelota en el aire y con unos puños que querían agarrar el balón. Los casi dos metros del portero inglés podrían haber constituido una ventaja clara, pero Maradona brincó por el esférico y cuando vio que era imposible meter la cabeza, hizo lo propio con la mano y anotó gol. Todo en un parpadeo. Maradona salió corriendo a la tribuna donde estaban su padre y su suegro, mientras celebraba y miraba de reojo al árbitro. Ni el árbitro central ni el juez de línea se dieron cuenta del gol con la mano. Gol válido. Gol inmortal. Lo que sigue es la historia de esa fotografía, la más mediática de todos los mundiales, y que confirmó la validez de la mano en ese gol que sigue despertando curiosidad, alegría y desconcierto.

 

Final del Mundial del ’86

 

Argentina e Inglaterra llegaron al partido sin ningún favoritismo claro, aunque la albiceleste llevaba la ventaja por las victorias que había conseguido. El juego tenía como árbitro al tunecino Ali Bennaceur; al costarricense Bernie Ullúa y el búlgaro Bogdan Dotchev como jueces de línea; y a 114 mil testigos en el Estadio Azteca. Los argentinos alinearon así: Nery Pumpido, Sergio Batista, José Luis Brown, Jorge Burruchaga, José Cuciuffo, Diego Armando Maradona (capitán), Jorge Valdano, Héctor Enrique, Ricardo Giusti, Julio Olarticoechea y Óscar Ruggeri. Por Inglaterra inició Peter Shilton (capitán), Gary Stevens, Kenny Sansom, Glenn Hoddle, Terry Butcher, Gary Lineker, Terry Fenwick, Peter Reid, Trevor Steven, Steve Hodge y Peter Beardsley.

Hay pocos recuerdos del primer tiempo, incluso, ya casi no se consiguen relatos. Todo ocurrió en el segundo tiempo. El Diego empezó a tejer su leyenda: «Maradona comienza esa jugada en tres cuartos de cancha. Elude a tres jugadores, luego le tira el balón a Jorge Valdano, quien la toca, pero Steve Hodge se le anticipa y la envía al cielo, tratando de despejar, hacia el lado de Peter Shilton, quien se confía, y Maradona salta como cualquier jugada y la mete? ¡la mete con la mano!». Un relato de pocas palabras, suficientes para la hazaña. «Si bien el juez central pudo no haberla notado (la mano) porque estaba tapado, me parece insólito que no la haya visto el línea. Pero por eso, después de 27 años seguimos hablando de ese gol.»

El periodista uruguayo Víctor Hugo Morales, cuya narración es mítica y se puede escuchar en YouTube, lo relató así: «La pelota va para Maradona… Maradona puede tocar para Enrique… Siempre Maradona… Se va entre tres Diego? ¡Genial! ¡Genial! ¡Genial! Tocó para Valdano? Entró Maradona… Salta… ¡Mano! ¡Gol!, ¡gol!… ¡Goooool!, ¡goooool!, ¡goooool! Argentina vio el gol. Diego Armando Maradona entró a buscar después de una jugada maravillosa, un rechazo para atrás… Saltó con la mano para mí… ¡y para convertir el gol…! Mandando la pelota por encima de Peter Shilton». Morales, en una entrevista, justificó su relato: «Dije instantáneamente que la tocó con la mano, después insistí en que el gol había sido con la mano, que los ingleses tenían razón y rematé con lo que sí es vulnerable para un profesional: Pero qué quiere que le diga, contra Inglaterra, aún con la mano, lo festejo».

Maradona, en su libro autobiográfico Yo soy el Diego, dice: «A veces siento que me gustó más el (gol) de la mano, el primero. Ahora sí puedo contar lo que en aquel momento no podía, lo que en aquel momento definí como La mano de Dios… Qué mano de Dios, ¡fue la mano de El Diego! Y fue como robarles la cartera a los ingleses, también». Maradona tenía 25 años y llegaba a la cima del futbol mundial.

Agrega: «Nadie se dio cuenta en el momento: me tiré con todo. Ni yo sé cómo hice para saltar tanto. Metí el puño izquierdo y la cabeza detrás; el arquero Shilton, Peter Shilton, ni se enteró y Fenwick, que venía atrás, fue el primero que empezó a pedir mano. No porque la haya visto, sino porque no entendía cómo podía haberla ganado en el salto a su arquero. Cuando yo vi que el juez de línea corría hacia el centro de la cancha, encaré para el lugar de la tribuna donde estaba mi papá, donde estaba mi suegro, para gritárselo a ellos… ¡Mi viejo había sacado medio cuerpo afuera, convencido de que yo había hecho el gol de cabeza! Estuve medio nervioso, porque salí festejando con el puño izquierdo cerrado y mirando de reojo a ver qué hacían los jueces, ¡mirá si el árbitro se agarraba de eso y sospechaba! Por suerte ni se enteró. A esa altura, todos los ingleses protestaban y Valdano me hacía así, ¡ssshhh!, con el dedo en la boca, como si fuera una enfermera en un hospital. Él me había dado el pase: habíamos tirado una pared, lo apuraron, me devolvió un ladrillo, porque otra no le quedaba, y yo salté, salté con el arquero y el puño arriba, pero detrás de la cabeza… Golazo, golazo, a llorar a la iglesia… Como le contesté a un periodista inglés, de la BBC, un año después: Fue un gol totalmente legítimo, porque lo validó el árbitro. Y yo no soy quién para dudar de la honestidad de un árbitro«. Nadie sabe cómo hizo para saltar tanto. Pero lo hizo.

El árbitro Bennaceur, en algunas pocas intervenciones, ha hablado del gol de Maradona, un hecho que, incluso, lo volvió famoso. En una charla con el diario Olé de Argentina en 2001, dijo que tiene el video completo del partido Argentina?Inglaterra y que lo ve tres veces al año con sus hijos. Insiste en que obró bien en ese duelo histórico y rememora que ese partido tenía mucho interés para los dos países, más allá de lo deportivo. ¿Sabía el tunecino de la guerra de las Malvinas? Seguro. Pero la pregunta sería ahora: ¿por qué no vio la mano? «En lo que me concierne, yo dirigí perfectamente. En ese momento no había ninguna especialización y los asistentes éramos los propios árbitros. Íbamos rotando. Antes del debut en la Copa, hubo una reunión en la que se dejó en claro que si el asistente estaba en mejor posición que el juez principal, había que hacerle caso. Si ven el partido, se darán cuenta de que uno de los jueces de línea (el búlgaro Dotchev) estaba mejor ubicado. Yo dudé, pero cuando vi que el línea corría hacia el centro, marqué el gol. Estaba obligado a seguir el consejo de la fifa.» Tiene razón: el búlgaro Dotchev se equivocó entonces, pero él también.

Bennaceur dice que vio luego la anotación por televisión y aceptó el error, pero sostiene que en el partido no vio la mano. Puede pasar. «Estoy seguro de que mi responsabilidad en ese gol fue limitada», asegura y menciona que él fue árbitro durante 17 años y que dirigió dos finales de la Copa Africana. Se acuerda de que Gary Lineker, el gran delantero inglés, le dijo: «¡Maradona hand-ball!, ¡Maradona hand-ball!». Luego cuenta que se escribió, durante 10 años, cartas con el búlgaro Dotchev y éste insistía en que la televisión no era seria y que él como juez de línea siempre estuvo mejor ubicado. «Tiene un buen punto, pero la mano existió», cierra Bennaceur.

Por su parte, el arquero Peter Shilton, una insignia del futbol inglés, dijo hace un par de años al diario As de España: «Un portero que saca el balón dentro de la portería cuando ha cruzado la línea también está haciendo trampa. Lo único que me molestó es que Maradona nunca se disculpara. Al final de los partidos, si algo se ha hecho mal, entre los futbolistas nos lo decimos, pedimos perdón. Él nunca lo hizo; lo celebró», dijo en la entrevista. «Su acción fue un reflejo, pero su reacción desde ese momento no fue la correcta. Es el mejor jugador contra el que he jugado, pero no le daría la mano si nos encontráramos», añadió. Shilton sigue herido.

 

“Sólo una foto servía”

 

El argentino Eduardo Longoni fue capturó el mítico momento en que Diego Armando Maradona marcó un gol con la mano ante la selección de Inglaterra, en el mundial de México 1986. A esa anotación se le conoce como la mano de Dios. El hombre que retrató ese instante recuerda minuciosamente cómo cambió su vida y el fútbol después de esa anotación… ¡y confiesa que tomó la foto por error!

El fotógrafo Longoni recuerda que de ese gol tomó tres fotografías, de las cuales dos imágenes no registran la pelota. «Sólo una foto servía. Si mirás esa jugada por la televisión, se intuye que pudo ser con la mano, pero no podés dar crédito, como hoy sí lo daríamos. Fue una jugada impensable, corta, que nace de un rechazo, fácil para un arquero, pero inexplicablemente Maradona salta. ¿Por qué? No sé, tal vez estaba iluminado, por algo se volvió un mito en la Argentina».

La fotografía de Longoni es romántica. Es en blanco y negro. Es, también, una postal, de paisaje. Así es: a la derecha, Shilton inicia el salto, su pierna izquierda aún en el pasto hace fuerza para elevar su cuerpo, su derecha encogida para avanzar en el aire. El Diego, desajustado en el aire, con las piernas tiradas hacia atrás, el puño de su mano izquierda cerrado, el brazo elevado, con la cinta de capitán, el rostro desencajado, mordiendo los dientes, con el temor del choque con el arquero, y el balón en el aire. A los lados, lejos, se ve al defensa inglés Terry Fenwick que intenta llegar, pero se ve despacio, y más atrás, solos, ensimismados, ven la jugada o el balón los argentinos Julio Olarticoechea y Jorge Burruchaga. Al fondo, una tribuna de tres pisos abarrotada ve la jugada, o lo que se entiende de ella. Eso es todo. Esa es la fotografía. Ese es el gol.

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