InicioReportajes EspecialesNarcotráfico“LA MUERTE”, LÍDER DE LOS ZETAS (2/ 3 PARTES)

“LA MUERTE”, LÍDER DE LOS ZETAS (2/ 3 PARTES)

Redacción/ Sol Quintana Roo / Sol Yucatán /Sol Campeche / La Opinión de México

Ciudad de México. – Por espacio de siete años, aproximadamente, Los Zetas siguieron dentro del CDG, pero en marzo de 2010, se desligaron por completo de cártel y formaron su propia organización, con Heriberto Lazcano a la cabeza.

Ese liderazgo duraría solamente dos años y medio, pues el 7 de octubre de 2012, Lazcano es abatido por infantes de marina, en Progreso, Coahuila. Trascendió entonces que quien lo había puesto con las fuerzas armadas, había sido precisamente el “Z-40”, para poder ocupar su sitio.

Sin embargo el paso de Miguel Ángel como líder de Los Zetas, duró solamente nueve meses, pues el 15 de julio de 2013, mediante un operativo “quirúrgico” de la Marina y el Ejército, fue capturado, sin disparar un solo tiro, junto con su contador personal y su guardaespaldas en Anáhuac, Nuevo León, cerca de la frontera con Tamaulipas. Al momento de su detención llevaba ocho armas de grueso calibre, pistolas escuadras automáticas, granadas de expansión y 2 millones de dólares en efectivo.

Los gobiernos mexicano y estadounidense, ofrecían por su captura 30 millones de pesos y 5 millones de dólares, respectivamente, un promedio de 130 millones de pesos.

Miguel Ángel había permanecido solamente 270 días al frente de Los Zetas, pero en ese breve tiempo, dejó clara muestra de su sadismo y crueldad, por lo que también se le empezó a conocer con el apodo de “Muerte”.

Entre las atrocidades que se le atribuyeron, se dijo que cuando lograba capturar a un narcotraficante rival de cierta importancia, el Z-40 le abría el pecho y le sacaba el corazón, mismo que mordisqueaba aún sangrante ya que eso, decía, “lo volvía invisible”.

Cuando se trababa de narcotraficantes comunes, ordenaba que los degollaran y los descuartizaran, para después quemarlos en tambos metálicos con diésel o disolverlos con ácido o aceite.

Decía que había que llevarlos al “guiso”.

Una vez incinerados y si el enemigo había sido poderoso, fumaba cocaína en piedra (“bazookos”) con la ceniza de la víctima; decía también que de esa manera absorbía las cualidades del muerto.

Para poder pertenecer a su grupo de sicarios, ponía a prueba a los aspirantes que tenían que matar a alguien.

Salían a la calle y les ponía una pistola en la mano. Escogía a la víctima al azar, a quien  tuviera la mala fortuna de atravesarse en esos momentos, y una vez seleccionado el blanco, les ordenaba disparar.

Si no lo hacían, quienes terminaban con un balazo en la cabeza eran los prospectos de sicarios y a quienes lo hicieran les tocaba el pecho para sentir los latidos de su corazón y si eran demasiado acelerados, también los mataba, “porque una gente nerviosa no sirve en este negocio”.

En esos nueve meses que estuvo como líder máximo de Los Zetas, Miguel Ángel impuso un reino de terror a grado tal que el cártel fue calificado como el más violento y sanguinario del que se tuviera registro.

Al “Z-40” se le atribuyen cientos de crímenes no sólo de narcos rivales, sino de funcionarios, civiles, periodistas y agentes de diversas corporaciones.

Se le vincula con el asesinato de José Eduardo Moreira, hijo del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira Valdés, ocurrido el 3 de octubre de 2012, en venganza por el abatimiento de su sobrino Alejandro Treviño Sánchez por parte de policías estatales.

De acuerdo con investigaciones de la entonces Procuraduría General de la República (PGR), también es responsable de ordenar el secuestro y asesinato de 72 migrantes, cuyos cuerpos fueron localizados en fosas clandestinas en el municipio de San Fernando, Tamaulipas, en 2010.

También es señalado como autor de la ejecución de agentes federales y aduanales, entre ellos Jaime Zapata.

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