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LA PASARELA DE LA IGNOMINIA

Noé Zavaleta/Corresponsalías Nacionales/La Opinión de México

Es una cárcel decente –pienso– y me recrimino cómo puede haber una cárcel decente, más, en México, pues esta lo parece. En su exterior y en su interior, es el Centro Penitenciario de Tacámbaro, donde más de 140 reclusos acusados de robo, secuestro, violación y tráfico de drogas, entre otros ilícitos fueron formados en el patio para que desfilaran frente a más de 200 imágenes de mujeres y hombres desaparecidos, cuyos familiares que encabezan la búsqueda les pidieron su “colaboración” para reconocerlos.

 La medida formó parte de las acciones de la Caravana Internacional de Búsqueda en Vida de Personas Desaparecidas, que en estos momentos recorrerá Morelia, Tacámbaro, Lázaro Cárdenas y Apatzingán, ciudades del estado de Michoacán, que es uno de los que acumulan el mayor número de desapariciones en el país.

 “Los estamos buscando en vida, pero también estamos conscientes que puede ser que los encontremos muertos”, expuso Julio Sánchez Padilla, uno de los voceros de esta caravana y quien desde el 21 de enero del 2012 busca a su hija, Thania Sánchez Aranda, quien salió de su casa en Torreón, en la llamada Comarca Lagunera y no ha vuelto. Ella desapareció junto con su novio Juan José Flores Herrera. El coche en el que viajaban fue encontrado en un camino de terracería en Gómez Palacio Durango. Julio Sánchez exclama: “El novio andaba mal, estaba chueco… lo habían visto (sic) en la Sierra de Durango en malas compañías”.

 Nueve años después, Sánchez Padilla se ha convertido en un buscador profesional, sabe enterrar varillas en la tierra y minutos después puede discernir sí hay probabilidad de que haya restos humanos bajo la tierra o no los haya; sabe distinguir una zona de dunas o montaña alterada por la mano humana o erosionada por una tormenta pluvial. Julio, en las calles organiza marchas y plantones, habla fuerte con el megáfono para hacerse notar y modula la voz ante un micrófono en un acto público. Les perdió el miedo a fiscales, comandantes de la policía, al crimen, a alcaldes y gobernadores, y supongo a “todos ellos” cuando son uno mismo. Hay regiones en México donde las autoridades ya le temen al temple de Julio.

 Son casi 90 familiares de personas desaparecidas que participan en la caravana recorriendo penales e instalaciones forenses; también organizan marchas y acuden a instituciones educativas para buscar a sus seres queridos. “Cuando alguien muere se le tiene que dejar ir, cuando alguien desaparece se le tiene que hacer volver”, se lee en las playeras que portan los familiares.

 En el penal de este municipio, los reos se mimetizan más allá del uniforme, hay muchos internos homologados por el cabello a rape, los bíceps de acero formados en un gimnasio penitenciario como único desfogue a la soledad del encierro, los tatuajes de la Santa Muerte en el brazo, espalda, pecho y en la pierna zurda.

Otros garabatos corporales como dragones, guerreros aztecas, la virgen de Guadalupe y futbolistas. Estos culpables confesos de diversos delitos revelan a las visitas de “encontrar mucho parecido” con algunas y algunos jóvenes desaparecidos. Dijeron haberlos visto en estados del norte del país o en el extranjero, concretamente en California, Estados Unidos.

 “Cada detalle, cada indicio sirve… créanme que cualquier pista es muy valiosa para nosotros”, señalaron las mujeres mientras documentaban los casos. “Ustedes, la mayoría, tienen hijos. Ayuden de corazón, digan con toda franqueza si pudieran haber visto a nuestros familiares”, apela Julio Sánchez.

 En el penal se vivió un doble dolor: el de los presos que deben conformarse con ver a sus seres queridos sólo un par de horas, dos veces por semana, y el de los familiares que llevan años buscando rastros y huellas sin un pequeño indicio de dónde pueden estar sus desaparecidos. En esta caravana los familiares viajan en dos autobuses, acompañados por patrullas de las policías Federal y Estatal, así como visitadores de Derechos Humanos y de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas.

 Esa mañana, en el Pueblo Mágico de Tacámbaro, asistieron a una misa en el Santuario de La Virgen de Guadalupe y posteriormente se dirigieron al centro penitenciario. Los días siguientes, visitaron Centros de Readaptación Social local y federal de Morelia. La caravana enfilaría hacia la costa, Lázaro Cárdenas y Apatzingán, una de las regiones “más calientes” en el país en cuestión de violencia.

ESCARBAR EN “ARCHIVOS MUERTOS”

En tres cajas de cartón completamente desordenadas, con polvo y en algunos casos con registros y documentos ya ilegibles, la Jurisdicción Sanitaria número 8 de Lázaro Cárdenas, Michoacán, mostró las “Fichas de Identidad Sanitaria” de enfermas, heridos atendidos, pacientes urgentes, sexoservidoras y gays, a integrantes de la Caravana Internacional de Búsqueda en Vida de Personas Desaparecidas en México.

 Ochenta familiares de personas desaparecidas fueron admitidos en el pasillo del inmueble a “regañadientes” por el coordinador de servicios de salud de la Jurisdicción, Carlos Alberto Olvera, quien no le quedó de otra que sacar sus archivos desordenados, por presión de representantes de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas. En las Fichas de Identidad Sanitaria, los familiares de desaparecidos pasaban las cartillas de una sexoservidora de la calle, de “casas de citas”, de club nocturno, revueltas con las fichas con enfermos de otro tipo.

 En Lázaro Cárdenas, municipio costero del océano pacifico hace un calor infernal. Diez minutos expuestos al sol son suficientes para tener la “playera empapada”, el aire acondicionado del centro sanitario parece un refrigerador viejo que solo entibia. “¿Y un sistema digitalizado que nos pudieran mostrar?”, increparon familiares de personas desaparecidas a los directivos de la Jurisdicción, quienes solo torcieron la boca e hicieron gesticulaciones verbales, para admitir que no contaban con una “base de datos”. El motor del aire acondicionado “tose escandalosamente”, como si se tratase de un Tsuru del siglo pasado a punto de desvielarse. Fueron más de dos horas perdidas entre médicos y directivos de bata blanca, con pocos ánimos y nula voluntad de dar respuestas.

 La gira de la caravana de desaparecidos continúa por Michoacán, donde ante las sospechas fundadas de que varios de sus familiares pudieran ser “víctimas” de trata o “semiesclavas” de giros negros (prostíbulos), ahora recurren también a las Jurisdicciones Sanitarias para exigir la “apertura de archivos”.

 Aquí, se han practicado exámenes de VIH, atendido por enfermedades ETS o incluso defunciones por enfermedad, con la esperanza de encontrar “una pista”, “un dato”, “algún indicio” que les pueda ayudar a dar con sus familiares desaparecidos. Como “hojas de archivo muerto”, las madres de desaparecidos se tuvieron que ir intercalando las Fichas de Identidad Sanitaria, acompañadas de hojas de análisis clínico y, en algunos casos, un documento con la respectiva credencial de elector.

 La etapa de “visibilización” y “concientización” de la caravana incluye la visita a centros penitenciarios, a universidades, tecnológicos, hospitales, Servicios Médicos Forenses, marchas por las principales calles de la entidad, entre otras actividades.

“ADOPTA A UN DESAPARECIDO”

Se puso “de moda” adoptar: Un perro de la calle para llevártelo a tu casa o para alimentarlo desde un albergue animalista con un depósito mensual; un joven indígena para que pueda seguir estudiando en lo más recóndito de la sierra; un niño en África a quienes “becas” con tarjetitas de cartón colocadas cerca del cajero del centro comercial trasnacional. Esos recursos que van a dar a la ONU, Unesco o alguna organización no gubernamental de nombre impronunciable.

 También se puede adoptar un abuelito en un asilo, cuyos hijos y nietos se han olvidado de su existir y tú como “adoptante” vas un día a la semana al albergue y les lees un rato, a Neruda, a Paz, a Borges o a Rulfo, da igual. Vas y les lees y juegas un partido de ajedrez, damas chinas o “cubilete” o solo te sientas a platicar en una banca para “recordar los tiempos de antes” y ya está. Has adoptado a un anciano.

 Y entiendo que habrá muchas formas y “modus operandi” de los sistemas de adopción, pero confieso que aquella vez en Michoacán, en tierra caliente, al otro extremo del país de donde vivo (a 600 kilómetros de distancia), me causó mucho “ruido”, mucho cosquilleo en la piel, un hoyo en el estómago, la frase “Adopta un desaparecido”.

 La Caravana Internacional de Búsqueda en Vida de Desaparecidos en México impulsa desde hace algunos años el programa “Adopta a un desaparecido”, dirigido a familiares de desaparecidos, activistas, usuarios de Twitter y Facebook, periodistas, académicos, activistas, líderes de opinión y público en general para que sean “promotores” en la búsqueda de desaparecidos en el país.

 En una rueda de prensa celebrada en la ciudad de Michoacán, entidad en la que se estiman ocho mil desapariciones en la última década, integrantes de la Caravana pidieron ayudar a “viralizar” la búsqueda de sus seres queridos mediante la adopción.

 En la rueda mediática, Patricia López cuenta que busca a su hijo, Pablo Sánchez López, quien fue desaparecido hace seis años por Policías Ministeriales que lo levantaron a las afueras de un bar en el centro de Morelia. “Agarremos hijos adoptivos, yo hoy traigo las fotos de un desaparecido en Lázaro Cárdenas, pero también busco a mi hijo”.

 La “adopción de desaparecidos” consiste en que cada ciudadano comparta en redes sociales, en su ámbito de trabajo y en su hogar fotografías, datos físicos y nombre de la persona desaparecida, con el fin de “aprovechar” al máximo las redes sociales.

 A decir de Julio Sánchez, el tejido social del país fue destruido por la delincuencia, por eso además del programa “Adopta un desaparecido”, ahora se trata de concientizar en las escuelas sobre la emergencia nacional que significan los desaparecidos en nuestro país. “Vamos a las universidades, a las escuelas, ahí están los futuros políticos y abogados, todas estas atrocidades de las que hemos sido víctimas hoy deben parar. Ya no queremos un desaparecido más”.

 Familiares de desaparecidos aseguran que los “modus operandi” que más predominan en la desaparición de personas es el clásico “levantamiento” del narcotráfico, pero también la desaparición forzada por fuerzas federales y estatales, la trata de personas y la cuasi esclavitud de personas, el cual es un negocio –dijeron– de miles de millones de pesos.

 “La trata es una forma de esclavitud, porque recurren al ‘vamos a matar a tu mamá -o a tu hijo- si no haces lo que te digo’, es la tortura psicológica. Inducen al desaparecido a que desista en sus ganas de volver a casa”, dijeron los activistas.

 Recriminaron que mientras el narcotráfico es una empresa que necesita personal, el gobierno se desentiende de los desaparecidos criminalizándolos. “Estamos cansadas de escuchar eso, qué si mi hija se fue con el novio, que el hijo andaba en malos pasos… y si así fuera, son seres humanos que se tienen que buscar”.

 El viacrucis de lamentos y el rosario de quejas contra el estado es interminable: “Si el gobierno buscara no estaríamos hoy buscando. Necesitamos que nos tomen el ADN, que hagan las confrontaciones adecuadas, que hagan, en pocas palabras, su trabajo, que no han hecho en todo este tiempo”.

 Estamos afuera de la Iglesia de Cristo Rey en Lázaro Cárdenas, adentro hay curas, vicarios, monjas y creyentes que les hacen de comer a la grey católica, afuera continuamos un enjambre de reporteros de prensa, radio y televisión y sí algunos “influencers” y los llamados reporteros ciudadanos cuya tribuna es el Facebook, escuchando las súplicas de madres y padres de desaparecidos.

 Al final, todos compartiríamos el pan y la sal con la iglesia. Alimentos subsidiados por el diezmo de los creyentes católicos. Confieso que me siento impuro: Tan crítico de la Iglesia, pero hoy tan dependiente de ella.

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