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LA TRAICIÓN DE LA BARBIE A LOS BELTRÁN LEYVA

ESPECIAL DE LA BARBIE

*Pese a que existía una relación excelente entre Guzmán Loera y los Beltrán Leyva
(Segunda de tres partes)

SOL QUINTANA ROO/SOL YUCATÁN/LA OPINIÓN DE MÉXICO

Ciudad de México.- Uno de los hechos que confirmaría esa estrecha relación entre Joaquín Guzmán y los Beltrán Leyva, fue el asesinato del subdirector de la Policía Ministerial de Acapulco, Guerrero, Julio Carlos López Soto, el 2 de agosto de 2005, quien ya había realizado varios operativos con detenciones y aseguramientos de armas y droga del Cártel de Sinaloa.
El comandante López Soto fue ejecutado en la costera Miguel Alemán.
Trascendió que el operativo para asesinarlo había sido ordenado por
“La Barbie” y realizado por Lucio Martínez Manríquez, alias “El Sol”, uno de los principales lugartenientes de Valdez Villarreal.
A principios del mes de septiembre desapareció “El Sol” y el domingo 4 de ese mismo mes, su cuerpo sin vida fue localizado en un predio baldío, en un callejón de la colonia La Victoria, en Guadalupe, Nuevo, León. Presentaba múltiples y diferentes huellas de tortura y el tiro de gracia.
Retomando el tema de la buena relación entre ambos grupos, esta sería breve, duraría sólo hasta el 21 de enero de 2008 cuando en un operativo realizado por miembros del Ejérito de la IX Zona Militar, detuvieron al “Mochomo”, en una casa ubicada sobre la avenida Juan de la Barrera entre Burócratas y Abogados, en Culiacán, Sinaloa.
Trascendió entonces que la detención del “Mochomo” había sido por una traición del “Chapo”, que aportó la información necesaria a sus cómplices policíacos para su captura, a cambio de protección para que su organización pudiera seguir operando sin problemas.
Ese hecho hizo que los Beltrán se separaran del “Chapo” y con ellos también se fue “La Barbie”, toda vez que había sido Arturo el que lo llevara precisamente al Cártel de Sinaloa.
Ya por su cuenta los hermanos edificaron su imperio y comenzó entonces una guerra cruenta entre el ya conformado Cártel de los Beltrán Leyva y el Cártel de Sinaloa, con numerosas bajas entre ambos bandos.
“La Barbie”, como jefe de sicarios del Cártel de los Beltrán, y conocedor de las estrategias de su ex patrón, jugó un papel preponderante en la guerra entre ambos grupos, pero aun así, el saldo más negativo era para los hermanos Beltrán.
A Valdez Villarreal se le atribuyen cientos de ejecuciones ordenadas lo mismo por los Beltrán que por el “Chapo”, ya que de hecho fungió como jefe de sicarios en ambas organizaciones.
Curiosamente, mientras los Beltrán Leyva se mantuvieron aliados al “Chapo”, fueron prácticamente intocables, pero al ya no formar parte del Cártel de Sinaloa, toda la fuerza del estado se volcó contra ellos y poco a poco fueron diezmándolos.
Algo similar a lo ocurrido con “El Mochomo” y la traición del “Chapo” se dio el 16 de diciembre de 2009, cuando la Marina Armada de México ubicó y cercó a Arturo Beltrán. La versión oficial fue que opuso resistencia y al repeler la agresión le dieron muerte.
El mismo Valdez Villarreal, dijo que minutos ante de que lo capturaran, Arturo alcanzó a llamarlo por teléfono para pedirle refuerzos, pero “La Barbie” respondió que no alcanzaría a llegar, que mejor se entregara, a lo que el apodado “Botas Blancas” replicó que sólo muerto lo detendrían.
Y así fue. Su cuerpo en un charco de sangre y tapizado con dólares ensangrentados fue exhibido de manera ofensiva por las mismas autoridades, lo que le costó la vida a uno de los marinos y después a casi toda su familia.
Esa negativa de “La Barbie” fue tomada por Héctor, quien asumiría el mando tras la muerte de su hermano, como una traición y comenzó entonces otra guerra a muerte entre Édgar y Héctor, hasta que éste último fuera detenido.
El 3 de enero de 2010, menos de un mes del abatimiento de Arturo, Carlos Beltrán Leyva fue también detenido en Culiacán, Sinaloa, y sólo quedaba al frente Héctor, “El H” que enfiló sus baterías contra Édgar Valdéz para cobrar venganza.
Siete meses después, el lunes 30 de agosto de ese mismo año, fue detenido Édgar Valdez Villarreal, en una finca rustica ubicada en el paraje La Cañada de Alférez, en el poblado de Salazar, municipio de Lerma, Estado de México.
Las autoridades, en voz de Ramón Pequeño García, uno de los comisarios de la entonces Policía Federal Preventiva (PFP), dijo que se había tratado de un operativo “quirúrgico”, sin disparar una sola bala, como resultado del seguimiento de investigaciones durante más de 15 meses.
Otro de los jefes de la PPF, Facundo Rosas Rosas, aseguró que la captura había sido todo un éxito gracias a los trabajos de inteligencia, estrategias y capacidad de los agentes federales que “se mimetizaron” en el terreno para no ser descubierto.

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