InicioReportajes EspecialesLAS CORRERÍAS DE AMADO CARRILLO, EL SEÑOR DE LOS CIELOS”

LAS CORRERÍAS DE AMADO CARRILLO, EL SEÑOR DE LOS CIELOS”

#RicardoRavelo/La Opinión de México

*La guerra con los Arellano Félix duró varios años y Amado financiaba la lucha antidrogas operada por el general Jesús Gutiérrez Rebollo, su cómplice.

Amado Carrillo –según las confesiones de Manuel Bitar Tafich –solía entregarle a la policía los cargamentos de droga de los cárteles rivales, a fin de que justificaran su trabajo ante sus superiores. También entregaban a personas sospechosas, presuntos gatilleros de otros cárteles.

Cuenta que en una ocasión, cerca de la casa de Amado Carrillo, en la ciudad de México, caminaban unos sujetos sospechosos. La gente de mi compadre, dice Bitar, estaba en todo. No permitía que nadie se acercara. Lo cuidaban mucho.

Entonces, el equipo de mi compadre procedió a detener a los hombres. Y le preguntaron a mi compadre si les autorizaba matarlos. Él dijo que no, que mejor los entregaran a la autoridad, para que justificaran su trabajo.

Otra anécdota que recuerda Bitar ocurrió en una colonia de postín de la ciudad de México. Amado y su gatillero Arturo González Hernández, “El Chaky” empezaron a beber y terminaron emborrachándose. Amanecieron bebiendo, recuerda Bitar.

Mi compadre –prosigue – andaba tan pedo que no podía meter el coche al garaje y la cola del vehículo quedó fuera. Al día siguiente, todavía zarandeado por la guarapeta, quiso mover el automóvil y lo que hizo fue tirar la barda de la casa. Todo aquello era un escándalo, pero le valía madre.

A unas casas de ese lugar, vivía el procurador José Antonio Lozano Gracia, el primer procurador panista, quien extrañamente no se enteró del incidente.

Otra historia ocurrió en Brasil, en la playa de Copacabana.

Estaba en todo su apogeo el carnaval, uno de los más bellos y alegres del mundo. Todo era una fiesta.

Cuenta Bitar: “Mi compadre se divertía con el baile, la música y mirando viejas por todas partes. En pleno desmadre, me percaté de un peligro. Cuando vi que ese peligro se acercaba hasta el pedo se nos bajó

–¡Aguas!—grité– allá están las cámaras de Televisa. Y en chinga nos salimos de la multitud y de los reflectores. Caminamos en medio de la gente y más adelante nos compramos unas pelucas y nos disfrazamos para seguir la fiesta.

La detención de Amado

En una ocasión, a Amado Carrillo se le pasaron las copas y se echó a andar por la sierra de Sinaloa. Llevaba un rifle de alto poder. Llegó a una comunidad, desorientado por el alcohol, y unos lugareños lo ayudaron a ponerse a salvo.

Lo refugiaron en una cabaña, donde durmió la borrachera. Al día siguiente fue detenido por efectivos del ejército, quienes realizaban un rondín por la sierra. Eran los responsables de perseguir al narcotráfico.

De inmediato le pidieron que se identificara, lo que hizo, y reportaron su detención a la Secretaría de la Defensa Nacional: dijeron que un tal Amado Carrillo Fuentes portaba un arma de alto poder y que por esa razón se le había detenido. Era el año de 1989.

Extrañamente, en la Sedena no advirtieron –o cerraron los ojos — que se trataba de “El Señor de los Cielos”, sólo giraron la orden de que el detenido fuera trasladado a la ciudad de México y que fuera puesto a disposición de las autoridades.

Así lo hicieron. Carrillo Fuentes fue puesto en manos de la PGR, que de inmediato integró la averiguación previa. El delito: portación de arma prohibida. Fue sentenciado a tres años de cártel. Su nuevo domicilio fue el reclusorio Sur.

Ahí convivía con Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, con Miguel Ángel Félix Gallardo, entre otros personajes del hampa, que se encontraban recluidos en esa cárcel de la Ciudad de México.

Carrillo Fuentes cumplió su condena en 1993 y cuando recuperó su libertad se enfiló hacia Ciudad Juárez, donde se puso a las órdenes de su amigo y compadre Rafael Aguilar Guajardo, entonces poderoso jefe del cártel que fundó Pablo Acosta, “El Zorro Plateado”, en Ojinaga, Chihuahua.

No pasaron muchos meses cuando un golpe de timón colocaba a Carrillo Fuentes al frente del cártel de Juárez. Rafael Aguilar caía abatido en Cancún, Quintana Roo, por un grupo armado que lo perseguía.

De esta forma, Amado Carrillo se encumbró en la organización delictiva y empezó una etapa de esplendor con el trasiego de cocaína a bordo de aviones Boing procedentes de Sudamérica y que llegaban directamente a Estados Unidos.

En México creó todo un emporio, no sin enfrentar fuertes peligros. Los hermanos Arellano Félix, cabezas del cártel de Tijuana, pretendieron asesinarlo en varias ocasiones. Ambos grupos criminales se odiaban y se disputaban un amplio mercado.

La guerra la empezó a ganar Carrillo Fuentes con el apoyo del general Jesús Gutiérrrez Rebollo, zar antidrogas de México, su aliado. Pero no por mucho tiempo: el militar fue encarcelado precisamente por sus vínculos con Carrillo Fuentes. Fue recluido en el penal de La Palma y años después murió.

Carrillo Fuentes conocía a muchos militares y lo protegían. De ahí partía su fortaleza.

A Gutiérrez Rebollo lo conoció cuando era jefe de la V Región Militar, con sede en Zapopan, Jalisco. Desde ahí emprendió una batalla feroz contra el narcotráfico, pero su política consistió –según se supo después –en atacar a unos cárteles y proteger a otros.

Amado Carrillo le otorgó recursos para enfrentar a los hermanos Arellano –Benjamín y Ramón Arellano Félix –en aquel tiempo poderosos y temibles, dueños de fincas y haciendas en Baja California, donde impusieron su ley.

En una ocasión, Carrillo Fuentes arribó a uno de sus restaurantes favoritos en la ciudad de México –El Bali Hai –, localizado en la avenida Insurgentes y Barranca del Muerto.

Llegó con un séquito de gatilleros, su esposa y dos de sus hijos.

Pidió una fuente de mariscos y urgió al capitán: Rápido, Capi, rápido..

Los gatilleros se apostaron alrededor del restaurante. Todos estaban armados.

De pronto, se desata una balacera. Los Arellano habían localizado a Amado y se disponían a matarlo, pero Carrillo, su esposa y sus hijos pudieron salir por el baño de hombres: ahí había una escalera y un domo que fue levantado. Quizá él ya tenía lista su ruta de escape.

En el restaurante hubo muchos muertos. El capitán del restaurante, quien declaró ante las autoridades, dijo que en el lugar quedaron abandonados varios vehículos y la esposa de Amado Carrillo –Sonia Barragán –dejó una bolsa de piel repleta de dólares.

–¿Y qué hizo con la bosa, capi –le pregunté en una ocasión.

–La entregué a las autoridades.

Más leído
HOY ESCRIBE
Relacionados