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LAS MAFIAS DEL CONTRABANDO

*Nada detiene al crimen. Ni en los países más pobres hay limitaciones para mover drogas, precursores químicos y contrabando. Grupos internacionales se han ido apropiando de países completos

*Es el caso de Belice, en el Caribe mexicano. Con enormes carencias, sobre todo en su capacidad para contener al crimen organizado, Belice está convertido en un país que ya es zona franca para el contrabando y el narcotráfico que proviene de Centroamérica y cuyo destino es México y Estados Unidos

*Las autoridades no invierten en la capacitación de sus elementos de seguridad, por lo que la mafia tiene un cielo abierto para mover sus avionetas con drogas y precursores químicos

*También disponen de territorios libres para el aterrizaje de aeronaves con cocaína que, posteriormente, entran a territorio mexicano por Quintana Roo mediante cañonazos de dólares que doblegan a cualquier autoridad policiaca o militar. Nadie se resiste a un soborno, por ello, la llamada “ruta del Caribe” es una de las más boyantes del narcotráfico

Ricardo Ravelo/Corresponsalías Nacionales/La Opinión de México

Ciudad de México. – La mafia lo acapara todo: territorios, policías, militares, el espacio aéreo…

Mediante cañonazos de dólares, todo es posible. Ningún país se escapa de los tentáculos de la corrupción, el narcotráfico o cualquier otra modalidad criminal.

Belice es uno de los países más infiltrados por el crimen organizado internacional; la impunidad de que gozan los cárteles convierte a esa nación en un paraíso para la mafia. Sus riesgos son muy bajos y, por el contrario, las oportunidades de crecimiento son altamente atractivas para cualquier grupo criminal.

Zona de gran belleza natural, Belice también ocupa un lugar preponderante en el tráfico internacional de drogas. Este país centroamericano, uno de los más pequeños del Continente, tiene una intensa actividad criminal: en ese trozo del Caribe tienen su feudo los cárteles de Sinaloa, Los Zetas y Las Maras Salvatruchas, pero también es territorio dominado por pandillas que operan con los más elevados niveles de violencia y saña.

Belice, de acuerdo con información de la Drug Enforcement Administration (DEA) –que ha puesto el reflector en ese país desde hace un lustro –señala que es una de las puertas importantes del crimen organizado centroamericano. Por esa ruta, los cárteles colombianos, guatemaltecos, venezolanos y otros que operan en la región han encontrado una puerta para ingresar drogas y armas a México. Luego, mediante corrupción, doblan a las autoridades mexicanas para hacer llegar las sustancias a Estados Unidos, el más boyante mercado de consumo.

El país caribeño –clave en el contrabando que llega a México –registra una intensa actividad de narco-vuelos. Cargados de droga, principalmente cocaína, las avionetas aterrizan en cualquier punto y, en la mayoría de los casos, las autoridades pasan inadvertidas ante estos eventos. Luego, la droga es introducida a México por el estado de Quintana Roo para luego ser llevada a Estados Unidos vía aérea o marítima.

Este año, por ejemplo, se han registrado al menos cuatro avionetas procedentes de Colombia y Venezuela, respectivamente, que transportaron droga a México a través de Belice:

En enero de este año (2023) una avioneta que despegó de Puerto Escondido, Venezuela, aterrizó en Belice con una tonelada y media de cocaína. Cuando las autoridades detectaron la aeronave no había rastros de la droga. Tampoco de los tripulantes. La secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), la Marina y la Policía Federal fueron alertadas por las autoridades beliceñas sobre el narco-avión; también les dijeron que el cargamento pudo ser introducido a México.

Según los informes entregados a la Sedena, los narcotraficantes pudieron haber seguido tres rutas, las más socorridas, según se sabe: El poblado fronterizo La Unión, en la ribera del río Hondo; la vía marítima por la bahía de Chetumal y la zona conocida como Calderitas y, por último, la zona limítrofe entre Quintana Roo y Campeche.

De acuerdo con los reportes de las autoridades de Belice, la avioneta –un Grumman 62 – aterrizó en un área cercana a la reserva natural Croked Tree, distrito de Belice, muy cerca de los límites con los distritos de Orange Walk y Corozal, frontera con Quintana Roo.

La avioneta, al parecer, no fue detectada por los radares y pudo aterrizar en una zona que es considerada “un punto ciego” para las autoridades beliceñas, la cual registra la más intensa actividad de los llamados narco-vuelos.

No es todo: otra avioneta con droga aterrizó en Belice el 6 de febrero pasado y, tras ser descargada, la aeronave fue incendiada por sus ocupantes, quienes desaparecieron.

La aeronave –una Cessna –fue hallada cerca del río Monkey, en Belice; buena parte de su estructura se observa quemada. La matrícula fue destruida por el fuego. Las autoridades no dudan que transportó droga, la cual habría sido descargada y cruzada a territorio mexicano. Cerca del sitio del aterrizaje se hallaron cargadores de armas largas, cartuchos útiles, luces tipo led y cinta industrial. Las autoridades estiman que el aparato llegó de Venezuela o Colombia y, con base en su capacidad, se estima que pudo haber transportado hasta una tonelada de cocaína.

En pocos casos, las autoridades de Belice asestan un golpe, aunque sí lo han dado. Ocurrió el pasado 27 de febrero de este año cuando un avión cargado con droga fue asegurado. El operativo fue realizado por el Ejército mexicano en coordinación con las autoridades de Belice.

El aseguramiento se realizó en la carretera costera, del lado de Belice. Ahí fueron asegurados, además de la aeronave, 70 paquetes que contenían polvo blanco –cocaína –; la Aeronave era un Jet Gulfstream G2 que no tenía asientos. Era tripulada por dos personas, provenía de Centroamérica y su destino final era Estados Unidos.

La avioneta fue detectada por el radar aéreo de la 34 zona militar, por lo que de inmediato dio vista a las autoridades de Belice. Con este caso ya sumaban. Hasta marzo último, cuatro avionetas que habían aterrizado en Belice con droga.

LA IMPUNIDAD

Pese a tener una población 43 veces menor que la de Guatemala o 15 veces inferior que el promedio de los países centroamericanos, Belice padece una creciente ola de homicidios; su territorio está controlado por pandillas, carece de recursos para reforzar la seguridad y, peor aún, tiene el privilegio y la desgracia de ser un país geográficamente estratégico para el turismo, pero más para el narcotráfico.

Según la DEA e informes de la Secretaría de Seguridad Pública de México, la mayor parte de las operaciones de los cárteles se realizan en las selvas del Petén y Los Cayos, una cadena conformada por unas 450 islas coralinas que se utilizan para traficar con drogas, personas, armas, maderas preciosas y animales exóticos.

No sólo eso: Belice es clave en el contrabando de cigarros –que provienen de Canadá o Estados Unidos –, telas y productos chinos que entran al mercado informal de México. Se afirma que su introducción al mercado mexicano se realiza mediante sobornos a las autoridades aduanales y a la policía federal.

Según la DEA, en Belice operan tres cárteles. Hasta ahora se tiene detectada la presencia de Sinaloa –el más poderoso del mundo y con presencia en unos cien países– y Los Zetas –ahora cártel del Noreste– cuyos tentáculos incluyen todo Centroamérica y Europa, particularmente sus enlaces se ubican en Italia.

Cabe citar que, desde hace varios años, Guatemala –país colindante con Belice– fue un enclave estratégico de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”: desde ahí realizaba sus contactos para asegurar el envío de cargamentos de droga hacia México. Otra ruta bastante socorrida es Guatemala-Chiapas-Tabasco-Veracruz-Tamaulipas, muy explotada por los cárteles del Golfo y de Juárez hasta mediados de esta década.

Los análisis sobre el narcotráfico realizado por las principales agencias norteamericanas han puesto el reflector en la narcodinámica de Belice: señalan que se trata de un pequeño país que hace frontera con México y Guatemala en la costa del Caribe, con Quintana Roo.

Para algunas personas resulta un territorio casi paradisiaco. Tiene selva tropical y pequeños hoteles de lujo ubicados en los cayos caribeños. Pero además de estas bondades naturales también es un centro clave para los grupos criminales.

Además del narcotráfico y el contrabando –los más boyantes negocios ilegales– Belice enfrenta una fuerte problemática de inseguridad interna, crisis económica y falta de capacitación de su estructura de seguridad, lo que los convierte en vulnerables frente al crimen organizado.

Tanto la policía como el sistema judicial son considerados corruptos e ineficientes; arrastran una fuerte desconfianza social y este problema, a su vez, inhibe a la gente para denunciar los delitos, por lo que priva la impunidad.

En Belice sólo hay una cárcel. Y aunque se asegura que no tiene problemas de hacinamiento incumple con el objetivo de la readaptación social.

Belice es considerado el país menos poblado de Centroamérica, cuenta con 23 mil kilómetros cuadrados de territorio y, según las estadísticas oficiales, no tiene elevados índices de criminalidad, como ocurre en El Salvador, Honduras y Guatemala –enclavados en el llamado Triángulo Norte de Centroamérica–; sin embargo, este pedazo de paraíso caribeño tiene una ubicación geográfica es estratégica. Por ello es el territorio preferido de los narcos.

En ese país el crimen vive en permanente jauja, pues gozan de impunidad y, por el lado mexicano, no tienen que temer nada: todo está arreglado con fuertes cañonazos de dólares, según dijo una fuente consultada que pidió el anonimato.

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