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LAS MUJERES DE “EL CHAPO”

*La vida sentimental de Guzmán Loera siempre revistió especial importancia para el capo, quien a sus 57 años de edad ya se había casado cuatro veces y había procreado 10 hijos

Redacción /Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Sexta de siete partes)

Ciudad de México.- La vida sentimental de “El Chapo” siempre revistió especial importancia para el capo, quien a sus 57 años de edad ya se había casado cuatro veces y procreado 10 hijos.

La primera con Alejandrina María Salazar Hernández, luego con Griselda López Pérez, también conocida como Karla Pérez Rojo (en dos ocasiones) y la última vez con Emma Coronel Aispuro, sin contar sus relaciones extramaritales, como la de Lucero Guadalupe, con quien se dijo que procreó dos hijos.

En 1977, contrajo nupcias en el poblado de Jesús María, Sinaloa, con Alejandrina María Salazar, con quien tuvo tres hijos: Iván Archivaldo, Jesús Alfredo y César Guzmán Salazar.

A mediados de los ochentas, “El Chapo” Guzmán se volvió a casar con Griselda López Pérez, también conocida como Karla Pérez Rojo. Con ella tuvo cuatro hijos: Édgar, Joaquín, Ovidio y Griselda Guadalupe López Pérez. En mayo de 2010, Griselda López Pérez, fue detenida por militares en Culiacán, Sinaloa y tras declarar en la SIEDO, se determinó su libertad con las reservas de ley.

En noviembre de 2007, “El Chapo” Guzmán se casó con la entonces reina de belleza de 18 años, Emma Coronel Aispuro en Canelas, Durango, con quien procreó dos niñas, gemelitas, en el 2011, en los Ángeles, California.

Para la PGR, “El Chapo” operaba en toda la República, en tanto que la Oficina Europea de Policía (EUROPOL), considera que su organización ya había penetrado en Europa y Oceanía, mientras que el gobierno de Hong Kong ligó al capo con las tríadas 14K y la Sun Yee On, de origen chino, con base en Hong Kong, Taiwán y China continental.

Por otra parte, expertos en materia de narcotráfico estiman que pese al tiempo que estuvo encarcelado, su estructura criminal se mantuvo intacta a través de su principal hombre de confianza, Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, de quien se dice que falleció aunque la PGR no ha avalado esa muerte.

Tras su nueva escapatoria y dada la versión de que fue su amigo, subalterno y socio, Ismael “El Mayo” Zambada quien lo entregó a las autoridades en febrero del 2014, se desató una escalada de violencia para cobrar venganza.

Habría que recordar que durante los 13 años que estuvo libre, luego de su evasión en 2001, se registró la mayor ola de violencia y ejecuciones que situó a México en el umbral de una ola de violencia sin precedentes, en la que los narcos cobrarían viejas facturas, prohijadas por “La Madre de las Batallas”, de Vicente Fox y la “Guerra Contra las Drogas”, de Felipe Calderón, lo que dejaría una estela de sangre que cubriría a toda la República Mexicana provocando no menos de 200 mil muertos y desaparecidos, así como miles más de víctimas “colaterales”.

SUS INICIOS EN EL NARCO

La historia de “El Chapo” Guzmán, no puede desligarse de la de Miguel Ángel Félix Gallardo, líder del Cártel de Guadalajara y capi di tutti capi, que mantuvo el control de todo el país durante más de dos décadas, apoyado en narcos de menor rango como “El Chapo”, que de cierta manera operaba con libertad y mantenía el orden en diferentes estados de la República.

Félix Gallardo tenía como ejecutor a Ramón Laija Serrano, hermano de María Guadalupe, casada con Héctor Luis “El Güero” Palma Salazar, que, al igual que Joaquín, solamente eran raterillos dedicados a desvalijar automóviles o robar bolsos.

Fue su cuñado quien acercó al “Güero” Palma con Miguel Ángel y como resultara sumamente hábil con las armas, desbancó al mismo Ramón y se ganó la confianza del jefe.

Ya como jefe de sicarios de Félix Gallardo, llevó a Guzmán Loera a la organización y lo nombró como su segundo.

Cuando cayó en desgracia Félix Gallardo, de quien se dice que fue el mismo “Chapo” quien lo delató, éste formó su propia organización y se invirtieron los papeles con su amigo y compadre: “El Güero” Palma que pasó a ser su segundo.

El secreto de “El Chapo” para crecer sin ser molestado fue el anonimato, pues durante varios años no hubo nada que hiciera presumir a las autoridades que se iba a convertir en uno de los más grandes capos no sólo de México sino del mundo.

En los primeros cuatro años de las actividades del narcotraficante, el nombre de Joaquín Guzmán Loera simplemente no figuraba en los anales del narcotráfico; ese bajo perfil le permitía operar sin llamar la atención de las autoridades antidrogas.

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