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LLEVARON SU VIDA A LA PANTALLA

*La trama de la telenovela «La Reina del Sur» protagonizada por Kate del Castillo, con el nombre de Teresa Mendoza, está inspirada en la novela del escritor español Arturo Pérez Reverte, quien se basó en hechos reales para describir el mundo del narcotráfico

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México 

(Quinta y última parte)

Ciudad de México.- La trama de la telenovela «La Reina del Sur» protagonizada por Kate del Castillo, con el nombre de Teresa Mendoza, está inspirada en la novela del escritor español Arturo Pérez Reverte, quien se basó en hechos reales para describir el mundo del narcotráfico y no se descarta que el autor se haya inspirado en la vida de la famosa “Reina del Pacífico” que durante décadas operó tranquilamente y sin problemas.

Su comportamiento, siempre fue extremadamente cuidadoso para no involucrarse directamente con el narcotráfico. Nunca aceptó pagos en especie, es decir en droga, sólo recibía dinero que de inmediato era “blanqueado” mediante propiedades y negocios legales, como las estéticas “Electric Beach”, en las que incluso llegó a emplear a familiares de su pareja Juan Diego Espinoza.

Se baja una bella dama

Con cuerno y camuflageada,

De inmediato el festejado

Supo de quien se trataba

Era la famosa Reina

Del Pacífico y sus playas

Esa grande del negocio

Una dama muy pesada.

Bella, amable, amigable, coqueta, de buen gusto en el vestir con ropa de diseño, costosas bolsas y sus infaltables gafas grandes y oscuras, siempre sonriente, recibía en su casa las visitas de “El Mayo”, “El Nacho”, “El Barbas”, “Don Rafa” y de muchos otros capos más de diferentes organizaciones del narcotráfico.

Empero, la vanidad, el glamour, el derroche y el tren de vida de la señora Beltrán de Espinoza comenzaron a llamar poderosamente la atención de las autoridades mexicanas y estadounidenses y se le empezó a rastrear lo mismo en diversos estados de la República Mexicana que en el Distrito Federal y en la Unión Americana.

De esa manera, descubrieron que asistía con frecuencia al restaurante cantonés “Chez Wok”, enclavado en la zona exclusiva de Polanco, al sur de la Ciudad de México, a unas cuantas calles de donde se ubica la lujosa estética a la que acudía frecuentemente.

De manera cotidiana, se trasladaba en una camioneta blindada BMW o en un automóvil de la misma marca, así como en alguno de los dos Mercedes Benz. Cuando salía, 2 ó 3 coches la seguían como escoltas y donde iba a estar, su personal formaba un “muro”.

Casi nunca se bajaba del auto y cuando lo hacía cambiaba repentinamente de vehículo y de ruta y para llegar al sitio al que se dirigía, daba no menos de tres vueltas, hasta tener la certeza de que nadie la seguía”.

Fueron meses de vigilancia, seguimientos, investigaciones, labores de inteligencia, para que finalmente el 28 de septiembre de 2007, en un restaurante de la colonia San Jerónimo, al sur de la Ciudad de México, fuera detenida junto con su pareja sentimental, Juan Diego Espinosa Ramírez, alias “El Tigre.

Se le capturó, se le arraigó, se le consignó y se le recluyó en la Penitenciaría Femenil de Santa Martha Acatitla y después en el Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) Número 4, en Nayarit.

Pero si bien ya estaba presa, jamás lo demostraba. Su figura, su porte, sus movimientos y sus desplantes seguían siendo los de una reina.

Durante su proceso en México se le aseguraron y después se le tuvieron que devolver, por orden judicial, más de 200 propiedades en Hermosillo, Sonora, y en Guadalajara, Jalisco, así como una veintena de autos de lujo.

En Estados Unidos perdió (por un tecnicismo) la devolución de un millón de dólares que el gobierno norteamericano le decomisó. ¿La causa? Que no lo declarara al ingresar al vecino país.

El 9 de agosto de 2012, Sandra Ávila fue extraditada a los Estados Unidos por delitos contra la salud. Un mes después se declaró inocente de dos cargos por narcotráfico ante los tribunales en Miami y el 24 de abril de ese año, se confesó culpable de un sólo cargo, con lo que llegó a un acuerdo y le fue reducida significativamente su condena.

Ante la fiscalía estadounidense admitió ser culpable del delito de asistencia económica y asesoría a un narcotraficante convicto (a su pareja), razón por la cual logró la reducción de su sentencia y se le condenó a 70 meses de prisión.

Dado el tiempo que permaneció presa en Estados Unidos, se consideró que ya había compurgado su pena y se decidió su repatriación a México.

Poco antes, en una entrevista para The Guardian, arremetió contra los políticos mexicanos, criticó la prohibición de las drogas y celebró su salida de la cárcel.

De lo primero que habló durante la charla fue de los sobornos constantes: “Lo que más escuché fue sobre un soborno de 100 millones de dólares a un presidente mexicano”. “Un millón de dólares no es nada. He visto a más de un político mirar dentro de la bolsa para ver si estaba completo el dinero”, dijo.

Haber estado en el mundo del narcotráfico con evidente poder, a lo largo de más de tres décadas, le había proporcionado una visión a profundidad respeto a la corrupción imperante en México.

Al filo del mediodía del martes 20 de ese mes, llegó “La Reina del Pacífico” a territorio mexicano, procedente de El Paso, Texas. En principio se rumoró que sería enviada al penal de Puente Grande, Jalisco, toda vez que su proceso estaba a cargo del Juez VII con sede en dicho estado.

Empero, cuatro horas después fue internada de nueva cuenta en el Centro Federal de Readaptación Social No. 4, conocido como El Rincón, en el estado de Nayarit, en base a una orden de aprehensión por el delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Las autoridades nunca expusieron los motivos legales por los que fue enviada a ese penal y no al Estatal Femenil de Jalisco, donde tiene su sede el Juzgado Séptimo de Distrito que libró una orden de aprehensión en su contra por operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Finalmente, “La Reina del Pacífico” fue liberada y, de acuerdo al comunicado 033/15 de la Procuraduría General de la República, el fallo del Segundo Tribunal Unitario del Tercer Circuito que ordenó su inmediata libertad era inapelable, “es una resolución que no admiten recurso judicial alguno”.

Así, saldada su cuenta con la justicia, inmensamente rica, sin ningún cargo en su contra, no obstante los antecedentes de la glamorosa y bella mujer, ahora de 60 años de edad, se desconoce dónde está y a qué se dedica, ya que al recuperar su libertad simplemente desapareció de la escena pública y no se ha vuelto a saber de ella.

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