LOS ASESINATOS

*Uno de esos crímenes, solamente para divertirse, cometido por Ramón, fue el del ex agente del Ministerio Público Federal Miguel Ángel Rodríguez Moreno 

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México 

(Quinta de siete partes) 

Ciudad de México.- Uno de esos crímenes, solamente para divertirse, cometido por Ramón, fue el del ex agente del Ministerio Público Federal Miguel Ángel Rodríguez Moreno. 

Cuando salía de su domicilio en avenida Zitácuaro, se le emparejó Ramón a bordo de una motocicleta y le disparó una ráfaga de su rifle AK-47 («Cuerno de Chivo»). Pese a que hubo innumerables testigos, nadie quiso declarar en ese entonces contra el responsable.    

Pero no nada más se había conformado el grupo de sicarios de la organización, sino todo un Consejo de Jefes, integrado por Labra Avilés y Aguirre Galindo, en su calidad de asesores y consejeros; los hermanos Benjamín y Ramón Arellano Félix, como cabeza; Amado Cruz Anguiano, cerebro financiero; Ismael Higuera Guerrero, alias «El Mayel y Francisco Carrasco, alias «El Charro», ex presidente de la Asociación de Charros de Mexicali, como lugartenientes operativos. 

Correspondía a este grupo tomar las decisiones importantes cuando algo amenazaba a la cofradía. Ramón, como brazo ejecutor, convocaba a sus sicarios y eran los hermanos Fabián, Manuel y Arturo Martínez González, alias «El Tiburón», «La Mojarra» y «Lino Quintana», respectivamente, quienes instruían al resto de los «narcojuniors» para consumar el trabajo.  

Se estima que entre fundadores, Labra y Aguirre; patrones, los Arellano Félix; lavadores, Amado Cruz Anguiano; porteros, «Lino Quintana» y «El Mayel»; sindicatos de familia, Miguel Ángel Barraza y Roberto Rivas Cruz; pasadores, Gilberto Higuera Guerrero y Pedro Labra Avilés; ejecutores, los narcojuniors y el resto de los integrantes de la organización, sumaban poco más de medio millar.    

Todo ello, sin considerar las complicidades entre militares, comandantes, jefes policiacos y demás servidores públicos que les brindaron protección durante más de 20 años, entre los cuales figuraron: el extinto Enrique Harari Garduño, ex director de la Policía Federal de Caminos; general Alfredo Navarro Lara, quien fue a proponerle al también general José Luis Chávez García, delegado en Tijuana, Baja California que dejara trabajar a «Los Aretes» por un millón de dólares al mes.  

SUS CÓMPLICES  

Rodolfo García Gaxiola, Leopoldo Rodríguez Rementería, Antonio Bautista Salazar (compadre del «Chuy» Labra»), Raúl Batres Campos, Rafael Ramírez Jaimes, Cuauhtémoc Herrera Suástegui, Horacio Brunt Acosta, Alejandro Vera Cerón, Jorge Núñez Mora, Martín Armendáriz Chaparro, Julio Vera Flores, Guillermo Salazar Ramos y Raúl Loza Parra, todos comandantes de la PJF, eran algunos de sus protectores.  

Guillermo Robles Liceaga, Jorge Núñez Mora, Mario Silva Calderón, Miguel Angel Silva Caballero, «El Chicochangote»; José Luis Larrazolo Rubio, Luis Antonio Ibáñez Cornejo, Roberto Saavedra Gutiérrez, alias «El Burro», delegados o subdelegados de la Procuraduría General de la República, fueron mencionados también como policías vinculados a dicha organización.  

Varios de ellos fueron asesinados por órdenes de los Arellano Félix, al considerar que incurrieron en una traición o no cumplieron con lo pactado. De esa manera, ya en la década de los noventas los Arellano Félix se encontraban en el pináculo de su carrera delictiva.    

Reacios a someterse a cualquier arreglo y menos a un ordenamiento, jamás quisieron acudir a las reuniones «cumbres» con los demás jefes de los cárteles del narcotráfico del país, organizadas por Juan José Esparragoza Moreno, apodado «El Azul», considerado como el capo di tutticappi.  

Las últimas reuniones de ese tipo, se llevaron a cabo en Apodaca, Nuevo León, a fines de diciembre del 2001 y en enero del 2002; como de costumbre, «Los Aretes» no estuvieron presentes.    

SUS VÍCTIMAS    

En el año de 1989, los Arellano desplegaron febril actividad para acabar con sus rivales. Uno de los primeros fue Manuel Salcido Unzueta, alias «El Cochiloco». En ese mismo año, Armando López, alias «El Rayo», cayó abatido de 12 impactos, afuera del club Deportivo de Tijuana.    

Un crimen sin razón, fue el ocurrido el 26 de febrero en el famoso árbol de Pirúl, cuando el joven Héctor Raúl Gastelum se atrevió a pedirle que bajara el volumen de su estéreo.   

En 1991, Rigoberto «El Rigo» Campos, ex agente de la Dirección Federal de Seguridad, presuntamente al servicio del Cártel de Juárez, fue emboscado y asesinado junto con cuatro escoltas. Se dijo entonces que los huesos y jirones de piel se confundían con los pedazos de carrocería de un lujoso automóvil. El vehículo había recibido no menos de 500 impactos.    

El 8 de noviembre de 1992, Los Arellano Félix se enfrentaron con miembros de la banda de Joaquín «El Chapo» Guzmán Loera en las afueras de la discoteca Christine de Puerto Vallarta, Jalisco. Siete personas muertas del bando contrario a «Los Aretes» fue el trágico saldo.    

El 28 de abril de 1993, fueron asesinados con ráfagas de metralleta el director de Seguridad Pública de Tijuana Federico Benítez López y su escolta Ramón Alarid. Se dijo que el jefe policiaco había rechazado sobornos de cientos de miles de dólares de los «Aretes». 

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