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LOS MUERTOS DEL PRESIDENTE

*México no aplica pruebas diagnósticas de Covid-19 porque el presidente López Obrador dice que son inútiles y costosas. Sólo a 0.4 personas por cada mil en nuestro país se les hace el test, muy lejos de los 23 exámenes por cada mil personas que promedian las naciones de la OCDE.

*Un discurso presidencial que asegura tener controlada la epidemia, cuando el 21 de junio México ocupó el primer lugar en muertes a nivel mundial al registrar ese día mil 44 decesos y una tasa de letalidad del 12 por ciento contra el cinco por ciento de otras naciones, son muestra del fracaso de la 4T para contener la ola de contagios y fallecimientos.

*Cifras imprecisas, información confusa, datos contradictorios, una curva de contagios que dicen aplanada pero que cada vez está más elevada, son algunas de las características que han definido los informes del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, sobre la pandemia del Covid-19.

STAFF SOL QUINTANA ROO/SOL YUCATÁN/LA OPINIÓN DE MÉXICO

Ciudad de México.- Los muertos por el manejo errático de la pandemia del Covid-19 no pueden ocultarse. Los 25 mil, 30 mil o 50 mil decesos se van a convertir en la principal carga política (y moral) del presidente López Obrador.

La epidemia -contrario a lo que dijo- al final de cuentas no le caerá como “anillo al dedo” por el manejo siniestro que ha hecho de la crisis sanitaria y en la que el gobierno de la 4T tiene gran parte de la culpa de la alta mortandad registrada, una de las más elevadas en todo el mundo, incluso tomando en cuenta la densidad poblacional.

En estos momentos, en que el presidente López Obrador asegura que la pandemia está controlada, México se encuentra entre los 20 países más afectados por Covid-19 y ocupa el noveno lugar de muertes por cada 100 mil habitantes, una lista que toma en cuenta fallecimientos y casos confirmados.

México ha registrado una tendencia muy evidente de crecimiento del número de casos de Covid-19, advirtió la Organización Panamericana de la Salud (OPS), al ofrecer su apoyo para controlar lo más rápido posible la ola de transmisión.

Pese a un largo confinamiento y entrando paulatinamente a la nueva normalidad, México tocó el pasado 23 de junio un máximo diario de casos notificados de coronavirus, de seis mil 288, elevando la cifra total de infecciones a 191 mil 410. Las víctimas fatales sumaron a ese día 23 mil 377, lo que ubicó al país en el séptimo lugar con mayor número de decesos en el mundo.

Dos días antes (21 de junio), México se colocó como el país con más decesos acumulados de Covid-19 en un solo día a nivel mundial, al registrar mil 44 muertes. Fue también el segundo día con una cifra récord, pues el máximo de fallecidos en un solo día fue el 3 de junio con mil 92 casos.

El registro del 21 de junio superó a Brasil, la nación más afectada en estos momentos por la pandemia, el cual confirmó 641 nuevas muertes, de acuerdo con los datos del Ministerio de Salud del país sudamericano.

México también se situó por encima de Estados Unidos, donde los Centros de Control y Prevención de Enfermedades notificaron 560 decesos confirmados ese día, mientras que en India se reportaron 426 fallecimientos.

Según los datos de la prestigiosa Universidad Johns Hopkins, que mantienen las cifras vigentes de los contagios y muertes de todos los países a nivel mundial, México tenía hasta el pasado 24 de junio la posición número siete entre las naciones con más muertos.

En un intento por “lavar” ese nada honroso sitio en la lista, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, señaló que las cifras presentadas sobre Covid-19 tienen un desfase de notificación de ocho a 10 días.

“El número presentado ayer (21 de junio) no corresponde a ayer, corresponde a varias muertes que ocurrieron en abril, mayo y algunas semanas de junio, la mayoría eran de mayo”. Fue la vaguedad de su declaración.
Según López-Gatell “esto se debe a un retraso en el proceso de notificación por parte de los estados”.

“No es deseable, es confuso y de repente llegan paquetes rezagados y esto hace pensar que cada vez está peor la pandemia”, dijo el subsecretario de Salud al momento de reconocer que “la curva de contagios sigue en aumento”.

“La curva está alta, pero no ha cambiado su patrón de receta prolongada que lleva 27 días”. Sus declaraciones crean más confusión que certeza.

En medio de la crisis sanitaria, resulta preocupante que el principal responsable de controlar la pandemia lejos de dar informes convincentes y confiables, actúe más como político que como científico, y prueba de ello son sus comentarios como aquel de “la fuerza del Presidente es moral, no de contagio”, cuando se le cuestionó sobre si el presidente López Obrador no corría riesgo de contagiarse durante sus giras por los estados.

Este tipo de expresiones le han restado credibilidad y confianza al funcionario.

La mortandad ha provocado la saturación de hospitales públicos y privados, pero por desgracia y al ritmo que vamos en unas semanas estaremos hablando de 50 mil fallecimientos por el Covid-19, número que por supuesto no contempla a los otros miles que han muerto en sus hogares y de los cuales no existen registros oficiales.

Diarios extranjeros como The Wall Street JournalEl País y The New York Times, coinciden en que México tiene uno de los mayores retrasos en las estadísticas de mortalidad, pues mientras en otras naciones están notando un gran salto en la mortalidad por encima del promedio en la últimas semanas, nuestro país carece de datos confiables, precisos y en tiempo real.

Modelo “Centinela” inexacto

Tras los señalamientos de los medios internacionales, el subsecretario López-Gatell admitió que en México las muertes de personas que padecen Covid-19 no siempre se pueden demostrar, ya que algunos pacientes llegan a los hospitales en un estado de gravedad que no permite que se les realice la prueba.

Mencionó que le llama la atención que justo el viernes 8 de mayo, cuando se esperaba tener el punto más alto de contagios de Covid-19 en la Ciudad de México, «aparecieran de manera casi sincrónica» notas en la prensa internacional sobre este tema.

El funcionario agregó que estas notas fueron difundidas en México por varios protagonistas que son «individuos ligados a administraciones anteriores, ligados a la industria farmacéutica y de los insumos, en general de industria de la salud, y algunos cuantos ligados con aspiraciones políticas que ya empiezan a cobrar notoriedad», expresiones notoriamente similares a las del presidente López Obrador cuando le incomodan las críticas a su gobierno.

Sin embargo, en una entrevista que concedió al diario inglés The Economist ‪el 3 de abril‬, López-Gatell reconoció que el número de casos que está reportando al público con el método “Centinela” es inferior al real, debido a que no revela la verdadera propagación de la epidemia.

El subsecretario declaró que en México todavía no tenemos eso (el número real de contagios). “Ese es un problema técnico. El sistema de registro en México es primitivo y no permite tener todavía un conteo real de los casos de Covid-19”.

Posteriormente, en su conferencia del ‪8 de abril‬, declaró que los casos por la epidemia en el país, “es ocho veces más grande de lo que se ve”.

El argumento para justificar la inexactitud del modelo “Centinela”, señaló, es porque se considera que existe una cifra negra de personas contagiadas que no se registra en algún servicio de salud, porque no acude a centros médicos. Es decir que el modelo “Centinela” no todo es visible.

Pero las declaraciones del subsecretario contrastan con la realidad que se vive en los hospitales del país, que demuestran que no hay indicios de que la pandemia esté controlada como presume el presidente López Obrador, pues no sólo se incrementan los fallecimientos, sino que el número de contagios cada 24 horas es creciente.

En la comunidad científica las cifras que reporta México en relación con el número de contagios y fallecimientos por Covid-19 han sido severamente cuestionadas, pues además las mismas autoridades han reconocido la existencia de un subregistro de los casos.

Sin embargo, el señalamiento más severo que han hecho los especialistas es el bajo número de pruebas aplicadas de coronavirus, hecho que ubica a México en los últimos sitios en dicho rubro en relación con el resto de las naciones miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Sólo 0.4 personas de cada mil en México se hacen la prueba del Covid-19, muy lejos del número más bajo entre las decenas de naciones de la OCDE, que promedian unas 23 pruebas por cada mil personas.

México ocupa el último lugar en las pruebas de Covid-19 entre los miembros del organismo. Estados Unidos, por citar un ejemplo, ha realizado 16 pruebas por cada mil, mientras que Islandia lidera con la tasa más alta de pruebas, 135 por cada mil.

Entre cifras imprecisas y curvas que no se aplanan, la Secretaría de Salud estimó al inicio de la pandemia que en el país se registrarían entre 30 mil y 35 mil fallecimientos por el nuevo coronavirus, aunque los expertos consideran que es una cifra que probablemente México reporte para el 1 de julio.

A las perspectivas nada favorables para nuestro país, se sumaron los comentarios del científico de la Universidad de Harvard, Eric Feigl-Ding, quien alertó que en México el 56 por ciento de las pruebas de Covid-19 resultan positivas, “algo que no sucedía en los peores días en Nueva York, Madrid o Lombardía”.

“Estoy llorando por México ¡Más del 50 por ciento es el porcentaje de positividad. Más de la mitad de todos los que se hacen un examen son positivos. Incluso en los peores períodos de Nueva York, Madrid o Lombardía, ¡nunca se acercaron al 50 por ciento de positividad! México puede estar experimentando algo sin precedentes”, tuiteó el epidemiólogo y economista de la Salud de Harvard.

Feigl-Ding señaló que “existe claramente un diagnóstico insuficiente en México y un tratamiento deficiente. El 56 por ciento de positividad refleja eso. Entonces sí, maldición, necesitamos más pruebas“.

Ante la polémica generada por estas declaraciones, el subsecretario Hugo López-Gatell respondió: “El epidemiólogo es muy destacado, pero esta reverberancia no parece ser tan virtuosa”. El funcionario de Salud hizo referencia a que el doctor de Harvard es un especialista muy destacado en epidemiologia nutricional con un enfoque muy humano.

Explicó que en México el eje prioritario para la aplicación de pruebas Covid-19 es un rastreo puntual sobre los posibles sospechosos a diferencia de los demás países estudiados en la gráfica publicada en el controversial tuit, en donde los países aplican pruebas desde el sector público y el privado a cualquier persona que lo solicite, aún sin ser caso sospechoso o presentar síntomas.

Esto explica, según López-Gatell, el alto porcentaje de positividad en México, pues la estrategia va enfocada en maximizar las pruebas y no solamente masificarlas.

“Los países tienen distintos abordajes de vigilancia epidemiológica”, mencionó el subsecretario, e invitó a la población y la opinión pública a acceder a los datos publicados de manera oficial por los canales de transparencia que ha dispuesto el gobierno federal para obtener un criterio más amplio y comparar la información.

Frente a un crudo escenario sanitario y económico, el presidente López Obrador empezó a diseñar la reapertura del país en medio de un creciente número de fallecimientos y contagios. Puso como fecha el 1 de junio para el regreso de las actividades esenciales, día en que inició sus giras por el sureste del país.

Para esa fecha, el semáforo epidemiológico estaba en focos rojos en 31 de los 32 estados del país.

La imagen encendida en rojo del mapa de México en alerta máxima por la pandemia fue un montaje para ocultar una realidad que el Presidente intentó negar con “sus datos”: prolongadas esperas en hospitales saturados de enfermos de Covid-19, crematorios colapsados, gestores de actas de defunción con sobrecarga de trabajo, trabajadores de cementerios cavando fosas al por mayor y protestas de doctores y enfermeras en demanda de equipo de protección adecuado y de calidad.

El manejo desastroso de la epidemia no encierra errores estadísticos ni de metodología, sino que desde el inicio de la tragedia el Presidente y su equipo de salud decidieron navegar a contracorriente de otras naciones del mundo, negándose a realizar pruebas masivas (recomendación principal de la Organización Mundial de la Salud) para mantener en niveles bajos el número de casos y crear una falsa percepción de buenos resultados de las medidas adoptadas durante la contingencia sanitaria.

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