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MARILYN MONROE Y UNA FOTO QUE RECORRIÓ EL MUNDO

*Roberto Ponce entrevistó a Antonio Caballero, de “Cine Mundial”, quien tomó la foto de la actriz en México, “vestida sólo con perfume” durante una conferencia en el Hotel Hilton.

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

Ciudad de México.- Durante una conferencia de prensa en el hotel Hilton (posteriormente derribado a consecuencia de los sismos de 1985), la actriz se sentó frente a 100 artistas de la cámara, y sin pensarlo mucho, cruzó la pierna y Antonio Caballero tomó la célebre imagen.

Se comprobó que Marilyn no era del todo rubia, “en aquella época ver el vello púbico de una mujer era como tabú. Estaba prohibido decir malas palabras en televisión y en radio, pero ahora no, se acabó con la buena educación”.

En México no se publicó la foto de Caballero. Pero curiosamente, la imagen dio la vuelta al mundo. Meses más tarde la artista fue encontrada muerta y se llegó a decir, de manera simplista, que se había quitado la vida “por causa de la foto mexicana”.

Un judío italiano de nombre Max Koslowsky, se enriqueció en Europa vendiendo copias de la fotografía de Antonio Caballero. De hecho no hubo fotógrafo que no se atribuyera la autoría de esa foto, como Julio Mayo, quien hasta llegó a declarar para el periódico El País que él había logrado la “hazaña”. Obviamente, mintió con cinismo, como tantos otros.

Antonio Caballero recordaba que Marilyn llegó con un vestido de seda de un color verde agua, muy claro, muy bonito. No llevaba joyas pero sí un prendedor, “ya se veía bastante grandecita y excesivamente delgada”.

Otro reportero de “Cine Mundial” dijo que Marilyn “ya estaba muy deteriorada, el paso del tiempo había sido inclemente, aunque conservaba belleza”.

En la columna Panorama, del diario El Nacional, se informó que “la rubia trágica de la vida real, Marilyn Monroe, buscó en México la tranquilidad espiritual que nunca había tenido”.

A sus 35 años, Marilyn era interiormente la niña desorientada que buscaba acomodo en distintos lugares. Trataba siempre de ser agradable, constantemente sonreía como lo hacía en las películas. Pero tras esa falsa sonrisa ocultaba su profunda tristeza, su inconformidad y amargura. Por supuesto, no era la misma.

Se afirma que el 4 de agosto de 1962, la United Press International (UPI) comentó que el agente de relaciones públicas de Marilyn, Pat Newcomb dijo que la actriz lloraba “desconsoladamente” cuando llegó a su residencia, aproximadamente a las 7 de la mañana. Gritaba enfurecida a los representantes de la prensa: “Diles a estos buitres que no me sigan fotografiando”.

Según la UPI, Arthur Miller escribiría que “la verdad desnuda, sencilla y mortal, era que sencillamente no había ninguna diferencia entre ella misma y la actriz Marilyn Monroe y eso era lo que la destruía”.

Para el fotógrafo Antonio Caballero esa Marilyn “ya era mayor y estaba acabada, aunque fotografiaba muy bien”. Algunos colegas del profesional de la lente lo acosaron aduciendo que por su culpa la artista norteamericana se había suicidado. Caballero comentó que se sintió mal al creer que por su culpa la joven se había deprimido en forma extrema. Pero al analizar el asunto llegó a la conclusión de que nada había tenido que ver.

Es muy posible que Marilyn haya sufrido más o menos lo mismo que otro artista —Pedro Infante Cruz— a quien la vida le había afectado su autoestima de una manera terrible: a los 39 años ya no era un galán, se había empequeñecido, se veía “chaparro”.

Infante padeció la pérdida del cabello y tuvo que usar para siempre una grotesca peluca adaptable. La diabetes lo acechaba (uno de sus hermanos perdió las extremidades inferiores por esa enfermedad) y un día antes de su presunto accidente, su compañera Irma Dorantes lo criticó terriblemente porque su matrimonio había sido anulado en favor de María Luisa León.

Lo menos que Irma Dorantes le dijo fue que no permanecerían ni un minuto más ella ni la hija de ambos en la residencia de la carretera México-Toluca, ya que jamás serían simples amantes. A tal grado fue el torrente de insultos que, cuando se supo del avionazo, Irma Dorantes expresó en el periódico Excélsior: “¡Yo lo maté! ¡Yo lo maté!”.

Le había asegurado que cuando llegara a México, Pedro sería asediado por periodistas que lo esperarían en el aeropuerto, mientras que encontraría la residencia vacía, pues Irma se llevaría a la niña para siempre.

Es evidente que para los adoradores de Pedro Infante Cruz su desaparición “no se debió a un acto suicida”, pero en especulaciones psicológicas cabe perfectamente la posibilidad de “un golpe de timón voluntariamente equivocado”. Y de milagro, debido a la época, algunos periodistas no atribuyeron la muerte al “crimen organizado”.

En el caso de Marilyn Monroe la información torcida encontró eco tranquilamente: la actriz habría muerto porque “llevaba un diario comprometedor” para los hermanos Robert y John F. Kennedy, a quienes “les arrancó secretos de Estado”.

Incluso se dejó correr la versión de que el día 4, Robert Kennedy visitó a Marilyn “para pedirle su diario íntimo”. La verdad es que la norteamericana, considerada una “Venus rubia”, se había divorciado de Arthur Miller en México (Ciudad Juárez, Chihuahua, enero de 1961) y en febrero de 1962, poco antes de vacacionar en nuestro país, se entrevistó con su excompañero Joe Di Maggio en Florida.

Acostumbrada a deambular desnuda en sus mansiones, sin importar la presencia de hombres o mujeres. Ex estrella de una cinta erótico-pornográfica, era descuidada en la higiene personal a un grado inconcebible en una diva. Fue salvajemente agredida por los periodistas mexicanos, quienes al día siguiente de la conferencia de prensa la hicieron pedazos en sus crónicas —una torpe maniobra de sus publicistas— en la que no pudo contener su ansia por el alcohol.

Avejentada por sus excesos, despedida de su trabajo por irresponsable… ¿Iba a ser victimada para que no hablara sobre secretos de Estado? Nadie en su sano juicio confiaría un secreto de Estado, ni un chisme cualquiera a la actriz. Quien en su mansión tenía metros cúbicos de champaña para tomar diariamente, mientras recordaba sus éxitos cinematográficos de un pasado remoto.

La foto donde se demostró que efectivamente no usaba pantaletas pudo ser un truco publicitario para “levantar” la carrera de la ex diva.

Al día siguiente de la conferencia de prensa en el hotel Hilton, Marilyn Monroe abandonó México y siguió su rutinaria vida: alcohol, depresión, abandono personal. Llegó el doloroso Agosto. Cinco años atrás había perdido al hijo que anhelaba y los médicos reconocieron que nunca podría ser madre. Y su autoestima no resistió más, como dijo el famoso médico forense Thomas Noguchi, ingirió muchas pastillas medicinales para alejarse de la vida voluntariamente, tras cuatro documentados intentos de suicidio en su pasado

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