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MUERTE DE FLORENTINO VENTURA, UN ENIGMA (QUINTA Y ÚLTIMA PARTE)

*Pero si bien su vida fue peculiar y fuera de lo normal, su muerte no podía ser menos, aunque quienes lo conocieron jamás aceptaron la versión oficial que dio el gobierno de su muerte: Un supuesto suicidio

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

Ciudad de México.- Pero si bien la vida de Florentino Ventura fue peculiar y fuera de lo normal, su muerte no podía ser menos, aunque quienes lo conocieron jamás aceptaron la versión oficial que dio el gobierno de su muerte: Un supuesto suicidio.

Para dar esa explicación, el gobierno federal recurrió al testimonio de un ex guerrillero de la Liga Comunista 23 de Septiembre que, curiosamente, había sido detenido e interrogado por Florentino Ventura el 17 de septiembre de 1973.

Elías Orozco Salazar permaneció en prisión 10 años, tras el frustrado secuestro del empresario regiomontano Eugenio Garza Sada.

Quince años después y otro 17 de septiembre pero de 1988, éste ex guerrillero sería, según las autoridades, testigo de la muerte del temido comandante Florentino Ventura Gutiérrez, en ese tiempo director de Interpol-México.

De acuerdo a lo declarado por Orozco Salazar ante el Ministerio Público, los hechos se desarrollaron de la siguiente manera.

-¿Cómo iba a imaginar que mi esposa Olga, era amiga y comadre de la mujer de Florentino y que el policía que me detuvo y yo nos volveríamos a encontrar en Ciudad Mante, Tamaulipas cuando vino a buscar a su compañera, después de una de sus tantas diferencias?

-Ventura, añadió Orozco, había sido el gran torturador de integrantes de grupos guerrilleros, incluso se le acusaba de varias de sus muertes por los bárbaros métodos aplicados. Era sádico, se encargaba personalmente de las torturas cuando era director de la Policía Judicial Federal.

Dijo que el comandante lo había invitado, a él y a su pareja, a celebrar las Fiestas Patrias en la Ciudad de México y que “pa’ aplacar la resaca salieron a comer carnitas al restaurant Arroyo y que ya entrados en ambiente, decidieron acudir al bar de Sanborn’s Perisur”.

Salieron de ahí y cruzaron Insurgentes, para estacionar el coche manejado por Florentino, a un lado de lo que fueran las instalaciones y oficinas del Instituto Nacional de Protección a la Infancia.

Se trataba de caminar y despejarse un poco, dijo.

“Se adelantaron Cira y Florentino y empezaron a discutir tan fuerte que, preocupada mi mujer, avanzó hasta alcanzarlos tratando de poner paz, pero cuál sería la sorpresa que el policía sacó su pistola y asesinó a su compañera para después hacer lo mismo con mi esposa”.

“Me quedé frío”, creyendo que seguía yo, porque pistola en mano venía hacia mí, a encontrarme, pero se detuvo a unos pasos se metió el cañón de la pistola, una 9 milímetros, a la boca y se disparó”.

Su muerte fue instantánea y Orozco Salazar fue detenido, pero sólo por algunas horas, tras comprobarse, dijeron las autoridades, que no había participado en los hechos.

Para subordinados, compañeros e incluso delincuentes, la versión de las autoridades no era creíble, pues para ellos Florentino Ventura jamás se suicidaría, en todo caso enfrentaría situaciones difícles buscando la muerte, pero no atentado contra su vida.

Según testimonios de viejos comandantes, lo que pasó, dijeron, es que Florentino era el encargado de “trabajar” los asuntos especiales de los jefes, muchas veces encargos de políticos o gente muy poderosa a lo que le interesaba desaparecer a alguien y Florentino era garantía de que se cumpliría la orden.

Sabía demasiado, dijeron, y la misma gente que a la que le “trabajaba” consideró que se había convertido en un peligro para ellos mismos si en determinado momento, abría la boca.

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