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NARCO: PACTAR CON EL CRIMEN, LA ÚNICA SALIDA

Ricardo Ravelo/ La Opinión de México

Imparable la violencia del crimen organizado, el gobierno de la Cuarta Transformación no muestra capacidad de respuesta frente a la oleada de violencia que azota al país.

Por todas partes ocurren ejecuciones. Con las últimas, ocurridas en Tamaulipas y Zacatecas –donde hubo 19 y 23 personas asesinadas, respectivamente, se contabilizan 24 masacres en lo que va del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Pero para el presidente, el país está en paz y hay gobernabilidad. ¡Qué cinismo!

Después de las elecciones del 6 de junio último, cuyos resultados favorecieron al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), el partido del presidente, al ganar once de las quince gubernaturas y decenas de municipios, la violencia se recrudeció.

Fue entonces cuando empezó una lucha cruenta por el control de los territorios. Empezó el reacomodo de cárteles y la llamada operación barredora, el asesinato de rivales y el calentamiento de plazas para echar a los grupos criminales que no podrán seguir operando en los estados donde ganó MORENA.

Con el arribo de los nuevos gobernadores, el crimen organizado se reconfigura. Los cárteles que resultaron beneficiados son el de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación, que hace una década fueron socios, luego se separaron y ahora vuelven a establecer líneas de entendimiento en varios estados, entre otros, en Baja California, Sonora, Sinaloa, un corredor del crimen organizado que ahora gobernará el partido del presidente.

Pese al discurso presidencial, ninguna estrategia antimafia se pone en marcha por parte de ningún organismo de gobierno. El Ejército, pese a su avasalladora presencia en el territorio nacional, está cruzado de brazos o más bien sus miembros tienen atadas las manos. No pueden combatir al crimen porque esas son las indicaciones del inquilino de Palacio Nacional.

La Guardia Nacional tampoco puede actuar en el combate a los 16 cárteles que causan violencia en el país. En conclusión, no hay ninguna acción oficial para hacer frente a esta carnicería que vive el país.

El presidente López Obrador ha dicho que su gobierno está atacando las causas, pero esta afirmación no es verificable, pues se ignora cuáles son las causas que el presidente está combatiendo.

Lo cierto es que si esas causas fueran reales y se combatieran, la violencia criminal no estaría tan desatada. En caso contrario, habría resultados, se reflejarían en la pacificación del territorio.

La disputa en Tamaulipas, donde se han perpetrado las matanzas más cruentas –en Camargo con los migrantes y en Reynosa con personas inocentes –es territorial y política.

El partido MORENA ganó el Congreso y varios municipios. Tiene, desde ahora, la fuerza política en la Legislatura para derrocar al gobierno de Francisco Javier García Cabeza de Vaca. Pero con independencia de lo que decida la nueva legislatura que entrará en breve en funciones, lo cierto es que los grupos de la delincuencia organizada aliados de MORENA le quieren arrebatar el control territorial al gobernador y a sus cómplices, los operadores del crimen.

Esto explica por qué el Cártel de Jalisco Nueva Generación irrumpió en Tamaulipas. Se habla de una alianza con el cártel del Golfo que, a su vez, ya había cerrado un acuerdo con el grupo de Sinaloa –antiguo rival –con lo que estos grupos unidos estarían desplazando de esa plaza a Los Zetas –con todas sus ramificaciones –y al cártel del Noreste, una escisión de Los Zetas que se rearticuló hace menos de un lustro.

Por lo que se observa, la violencia continuará en buena parte del territorio. El reacomodo continúa y, por ello, las balas seguirán usándose para ajustar cuentas o enfrentar a los rivales.

Lo que no se sabe con precisión es si el gobierno de la Cuarta Transformación cumplirá con su compromiso de pacificar el país. Este es uno de los más importantes compromisos de campaña del presidente López Obrador.

Pero ahora que el partido del presidente ganó once gubernaturas, el mandatario no tiene pretextos para no pacificar el territorio. La alianza con el crimen organizado le podría permitir conceder esos territorios y, a su vez, pedirle a los cárteles que no generen violencia.

Y es que dado el escenario del país, no existe otra opción salvo la intervención extranjera. Para ello, los cárteles mexicanos tendrían que ser declarados grupos terroristas. Así llegaría la ayuda internacional. Pero mientras esto no ocurra ni haya combate frontal con una estrategia, al gobierno de López Obrador no le queda otra opción más que pactar con el crimen.

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