OTRAS INQUISICIONES

Pablo Cabañas Díaz / La Opinión de México

Peña Nieto: Expediente abierto

De lo que fue el sexenio de Enrique Peña Nieto al menos 13 ex gobernadores han sido acusados (unos detenidos otros prófugos de la justica) por numerosos delitos en donde predomina la asociación ilícita con el narcotráfico: Roberto Borge (Quintana Roo); César Duarte (Chihuahua),  Javier Duarte de Ochoa (Veracruz); Flavino Ríos (Veracruz); Tomás Yarrington (Tamaulipas); Egidio Torre Cantú (Tamaulipas); Eugenio Hernández (Tamaulipas); Jesús Reina García (Michoacán); Fausto Vallejo (Michoacán); Humberto Moreira (Coahuila); Rodrigo Medina (Nuevo León); Miguel Alonso Reyes (Zacatecas), Andrés Granier Melo (Tabasco). Hay que recordar que algunos de estos exgobernadores formaron parte de esa «flamante» generación política que Peña Nieto, presentó como fieles representantes del «nuevo PRI»

 

En México, desde el siglo XX, prevalece una tasa de impunidad de 95-100% respecto a todas las modalidades de delito, una cifra que, por sí sola, da cuenta de un éxito formidable, en donde el objetivo de las instituciones no puede ser la justicia sino la impunidad. En este sentido, la pregunta no es por qué México reporta estadísticas impresentables. Cualquiera entiende que el «imperio de la ley» de «plata o plomo», que es la ley del narcotráfico, comporta escenarios de terror, muerte y destrucción a gran escala.

 

Wil G. Pansters, en un texto que lleva por título “Del control centralizado a la soberanía fragmentada: narcotráfico y Estado en México”, documenta que, en la víspera de las elecciones presidenciales de 2000, el New York Review of Books publicó un artículo en el que se inquiría si el Estado mexicano era un narcoestado. La preocupación en realidad gravitaba alrededor de la candidatura de Francisco Labastida, exgobernador de su natal Sinaloa, y sobre cuya persona circulaban rumores acerca de presuntos vínculos con el narcotráfico.

 

En esa época todavía existían académicos, funcionarios e intelectuales que sostenían que el narcotráfico era una lacra constitutiva a la supremacía indisputada del PRI. Naturalmente, las expectativas de esos grupos “críticos” estaban con Vicente Fox Quezada, La fallida “alternancia” refutaría esos diagnósticos, y confirmaría que el problema no podía explicarse sólo “en términos de redes y lealtades partidistas en sí” Por eso se hace necesario definir qué es un narcoestado. Justamente para evitar estos tropiezos. Narcoestado es más que un maridaje histórico entre el narcotráfico y el Estado. De hecho, no existe un Estado que se pueda sustraer de esta unión con la criminalidad. El narcoestado es algo más que esa relación coyuntural o histórica entre crimen y Estado. Lo que acá se plantea es que un narcoestado es un modo específico de organización de la violencia y los intereses dominantes como la que prevalecía el sexenio pasado. Esos intereses están orgánicamente articulados a la criminalidad e ilegalidad. En pocas palabras, el peñismo era una organización de los negocios criminales alrededor del Estado.

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