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Grandes maestros: Carlos Pereyra Boldrini

Pablo Cabañas Díaz/La Opinión de México 

Carlos Pereyra Boldrini (1940-1988), inició sus estudios universitarios en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aunque pronto decidió abandonar dicha área de conocimiento, inscribiéndose en la licenciatura de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de donde se graduó en julio de del año 1969, con la tesis titulada «Notas para el análisis deontología marxista». Una vez graduado, comenzó lo que sería una larga y fructífera carrera docente en la UNAM. Su primera experiencia magisterial fue como profesor adjunto de Ética en la Escuela Nacional Preparatoria. Posteriormente, sería profesor en la Facultad de Filosofía y Letras, impartiendo las materias de Historia de la filosofía: de Kant a Hegel; Ontología; Filosofía de la historia, y Filosofía política. En 1982, obtendría el grado de maestro en filosofía, sustentando la tesis intitulada «El sujeto de la historia», trabajo que en 1984 vería la luz en forma de libro bajo el sello editorial de Alianza.

Pereyra llevó a cabo uno de los trabajos de enseñanza más fecundos e interesantes de que se tenga memoria en el México de los setenta y ochenta, favoreciendo de manera relevante la formación de pensadores, académicos e intelectuales que participaron activamente en el proceso de transición a la democracia que experimentó el país en las últimas décadas. A finales de la década de los sesenta se afilió al Partido Comunista Mexicano (PCM), justo en uno de los momentos más complicados y adversos de la izquierda mexicana en general y del PCM en particular, ya que el régimen priísta, en plena efervescencia de la izquierda social y política, decidió, con la finalidad de defender y conservar su hegemonía, emprender una dura represión y una persecución sistemática contra la oposición de izquierda. Como parte de esa militancia de izquierda también pasó por las filas del maoísmo, y de ahí al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT). Posteriormente, se adhirió a la Liga Comunista Espartaco,  organización de la cual, una vez disuelta, se desprendieron varias organizaciones apegadas a la tradición maoísta, que creían en la autoorganización de las masas y postulaban la alternativa socialista en México.

Como parte de su agudeza en el análisis político y su inquietud por explorar, comprender y explicar la realidad, Carlos Pereyra, además de buen docente, investigador escrupuloso y perspicaz, y activista inquieto, desarrolló la faceta de articulista en diversos diarios nacionales. Fue así que su pluma formó parte del distinguido grupo de articulistas en Excélsior, Unomásuno, La Jornada. Colaboró con revistas prestigiosas como La Cultura en México (suplemento de la revista Siempre!), Proceso, Nexos y Cuadernos Políticos. Respecto a esta última publicación, hay que decir que uno de sus principales integrantes e impulsores fue precisamente Carlos Pereyra.

Como un reconocimiento a su trayectoria, el 4 de diciembre de 1988, a propuesta del arquitecto Roberto Eibenschutz Hartman, Presidente del Consejo Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana–Unidad Xochimilco, el Colegio Académico de esa casa de estudios le otorgó Post Mortem el Doctorado Honoris Causa. Un reconocimiento que, sin duda, merecía Carlos Pereyra. Llama la atención que la UNAM, el lugar donde estudió, se formó y trabajó profesionalmente como académico, no se haya pronunciado al respecto, ni le haya otorgado un reconocimiento de esta naturaleza. Sin duda su obra será un referente sobre la izquierda mexicana en los años setenta y ocho del siglo XX.

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