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OTRAS INQUISICIONES

Pablo Cabañas Díaz / La Opinión de México

Movimiento médico de 1964

En el año de 1964, el último del sexenio de Adolfo López Mateos, las nuevas generaciones de médicos recién egresados de la universidad, deseando un alto nivel de preparación profesional, ingresaron en los hospitales del sector salud como becarios, cursando el internado de pregrado y buscando llevar a cabo los requisitos para hacer una especialidad como médicos residentes. Desde los años sesenta, en el sector salud hay un problema que sigue sin resolverse: una relación laboral que deja en la indefensión a los médicos residentes. Hay horas de extenuante trabajo, no hay una retribución justa y más aún, la asignación de una cantidad de dinero a manera de una beca no brinda las prestaciones básicas a las que deben ser merecedores los trabajadores de cualquier empresa o institución. La demanda en tiempo es tal que no hay posibilidades de tener otro empleo y, por lo mismo, otros ingresos. Además, en esos años no existían programas de estudios avalados por universidades, de modo que después de haber terminado la carrera de medicina, se cursaban de tres a seis años de especialidad para salir sin un reconocimiento formal  homologados a los nivel de maestría o doctorado. En pocas palabras, se trabaja en el área de la salud buscando un beneficio social institucional, pero bajo condiciones de explotación que nada tiene de social precisamente en esas instituciones.

 

Esas malas condiciones de trabajo fueron la causa del movimiento encabezado por los médicos internos y residentes del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE. El problema inició cuando se comunicó que no recibirían tres meses de sueldo como aguinaldo el 26 de noviembre de 1964. Se planteó hacer un paro de labores, orientándose a la atención solamente de condiciones urgentes, dejando de laborar en la consulta externa y en las otras esferas de cuidados no vitales. En pocos días, médicos internos y residentes del Hospital Juárez de la Secretaría de Salud; Hospital Colonia, Servicio Médico de los Ferrocarrileros; Hospital San Fernando del IMSS y el Hospital General de México, decidieron apoyar el movimiento con acciones similares.

 

Se formó la Asociación Mexicana de Médicos Residentes e Internos (AMMRI), con lo que se presentó un pliego petitorio de tres puntos esenciales: mejorar el nivel económico; gozar de seguridad en el empleo y tener una participación activa en los programas de enseñanza. Para levantar el paro se pedía el cumplimiento total de estos puntos.Mientras estos sucesos tenían lugar, Gustavo Díaz Ordaz tomó posesión de la presidencia de la República, heredando este problema que se dispersaba a nivel nacional con paros en 20 hospitales en la República Mexicana y 23 en la ciudad de México. En una primera reunión que tuvieron los médicos con él, manifestó una postura clara con respecto al conflicto: no resolver personalmente el problema, sino dejarlo en manos de autoridades menores.

 

Se comenzó una campaña de ataques hacia el movimiento y los médicos por parte de medios de comunicación y algunas sociedades médicas. En la primera semana de mayo de 1964, la situación de los hospitales era crítica por lo que no solamente se solicitó la clausura del Hospital 20 de Noviembre, sino que se suspendieron sueldos, se rompió el diálogo conciliador, se abrieron plazas para suplir a los médicos que faltasen a sus labores y se levantaron actas por abandono de empleo. Hubo protestas de médicos, estudiantes de medicina y enfermeras, mientras en una forma paralela se intensificó la campaña de desprestigio por el grupo fantasma Comité Pro-Defensa de la Dignificación de la Clase Médica. El 26 de agosto de 1965 utilizando la fuerza pública se desalojaron a residentes e internos del hospital 20 de Noviembre, supliéndolos con médicos militares. Esto derivó en una escalada de apoyos a nivel nacional que solamente tuvo como constante la desaprobación de la televisión y la radio. Innumerables médicos fueron perseguidos, cesados, calumniados y amenazados, con lo que se estableció una serie de mecanismos de control, que persisten hasta ahora y para lo cual, casi no ha habido cambios. Internos y residentes siguen trabajando en exceso y prácticamente no tienen prestaciones. El sistema nacional de salud se encuentra rezagado en este sentido y muy probablemente estas condiciones no van a mejorar en el futuro.

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