InicioPortadaNacional¡POBREZA ENERGÉTICA!

¡POBREZA ENERGÉTICA!

*Existen en el país 11 millones de hogares en pobreza energética

*Alrededor del 36.7% de los hogares en México viven en la pobreza energética

*Los estados del sur es donde es más evidente la problemática, pues tan solo Chiapas, Guerrero y Oaxaca ocupan el mayor porcentaje

*Según los datos del Coneval serían cerca de 4 millones de hogares que no cuentan con los servicios básicos de electricidad, agua y gas

Francisco Medina Gutiérrez/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Ciudad de México.- Mientras en el país aproximadamente 11 millones 093 mil hogares –los cuales representan 36,7% del total nacional– viven en pobreza energética en México, en 2020, las pérdidas de energía de la CFE significaron un impacto económico de 42,472,188.2 millones de pesos para la empresa, y la cartera vencida por el cobro de energía ascendió a 64,500.7 millones de pesos, en 2020, lo que significó un incremento de 35.6%, respecto de 2018, así lo señala la Auditoría de Desempeño: 2020-6-90UJB-07-0469-2021 /469-DE realizada por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) a la CFE Corporativo.

Ante dicho panorama, las energías renovables representan una solución indispensable a los problemas derivados de la pobreza energética. Esto debido a que, a través de su impulso, se abaratarían los costos de producción, aumentaría la generación de electricidad y accederían a ella las comunidades más marginadas del país.

Aproximadamente 11,093,000 hogares, los cuales representan 36,7% del total nacional, viven en pobreza energética en México. El hecho de que una cantidad tan importante de hogares experimente la privación de al menos uno de los bienes económicos relacionados con los satisfactores y necesidades absolutas de energía representa un problema social relevante, debido a la asociación que tiene el uso de energía limpia y asequible para mejorar la calidad de vida y reducir la pobreza de la población.

Chiapas, Guerrero y Oaxaca, son las entidades con los índices de rezago social más altos, presentan también los niveles de privación promedio más altos, así como los promedios más bajos de disposición de los bienes económicos; lo cual indica que para superar el umbral de pobreza energética necesitarían disponer de dos bienes económicos adicionales.

Le sigue el grupo conformado por Campeche, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tabasco, Veracruz y Yucatán, entidades que, sin bien no alcanzan los niveles observados en el grupo anterior, siguen presentando valores altos de privación de todos los bienes económicos y de rezago social y, además, sus niveles de disposición de bienes económicos permanecen bajos. Estos resultados evidencian un patrón espacial en el sur del país que se caracteriza por presentar los mayores valores de pobreza energética

Sin embargo, es preciso destacar que se observan también diferencias significativas en la privación de los diferentes bienes económicos, lo cual indica que existen impactos diferenciados de cada uno de estos bienes sobre el índice general de pobreza energética.

Los bienes económicos con mayor privación en los hogares son “Confort térmico” (33%), “Refrigerador eficiente” (21,1%) y “Estufa de gas o eléctrica” (16,6%); mientras que “Calentamiento de agua” (8,7%), “Entretenimiento” (5,5%) e “Iluminación” (2,2%) son los que presentan menor privación.

Pobreza energética en el hogar 11 millones 92 mil 947 hogares

Bienes económicos Iluminación 674 mil 651

Entretenimiento 1 millón 657 mil 686

Calentamiento de agua 2 millones 625 mil 363

Cocción de alimentos 5 millones 16 mil 868

Refrigeración eficiente 6 millones 394 mil 895

Confort térmico 3 millones 841 mil 903

De acuerdo al indicador de carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda del Coneval, hay aproximadamente 3 millones 898 mil hogares en México que no cuentan con acceso a electricidad en sus viviendas o usan leña o carbón como combustible para cocinar. De acuerdo al método Satisfacción de Necesidades Absolutas de Energía hay casi 11 millones 093 mil hogares en situación de pobreza energética. Esto significa que hay aproximadamente 7 millones 195 mil hogares en pobreza energética que el Coneval considera no sufren privación social por los servicios básicos de energía.

Los resultados obtenidos evidencian que la accesibilidad a energéticos de calidad es una condición necesaria que dista mucho de ser suficiente para que las personas cubran sus servicios básicos relacionados con el consumo de energía. La relación entre energía y pobreza demanda un enfoque integral que incorpore transversalmente los impactos económicos, sociales y ambientales del consumo de energía. Sólo de esta manera se puede producir un mejor conocimiento de cómo los usos de energía contribuyen a mejorar la calidad de vida y reducir la pobreza de la población.

Enseguida se encuentran dos grupos de entidades que presentan climas templados en la mayor parte de sus territorios y, como consecuencia, se considera que el bien económico “Confort térmico” no es indispensable para cubrir alguna necesidad humana.

La característica principal de estos dos grupos es que, si bien se encuentran ubicados en el centro del país con climas templados similares, se observan diferencias con respecto a su asociación entre los niveles de privación de bienes económicos, su grado de marginación social; así como el promedio de disposición de bienes económicos. Hidalgo y Puebla, entidades con índices de rezago social alto y muy alto, respectivamente, conforman el primer grupo que se caracteriza por niveles significativos de privación de los bienes económicos “Refrigeración eficiente” y “Estufa de gas o eléctrica”.

Por su parte, Guanajuato, México, Querétaro, Tlaxcala y Zacatecas presentan en promedio mejores índices de rezago social que las entidades anteriores ya que clasifican como medios y bajos (a excepción de Guanajuato que clasifica alto) y, en términos generales, la privación de todos los bienes económicos es significativamente menor.

Se observa también que el promedio de disposición de bienes económicos varía muy poco entre ambos grupos de estados, 3,4 para Querétaro y 3,6 para Hidalgo, Estado de México, Tlaxcala y Zacatecas. Durango, Morelos y Nayarit conforman un grupo de entidades que no corresponde a un patrón espacial específico. Estas entidades, con índices de rezago social medio y bajo, presentan en general valores intermedios de privación de bienes económicos, muy parecidos a los observados en el grupo anterior (Guanajuato, México, Querétaro, Tlaxcala y Zacatecas), con la particularidad de que el bien económico “Confort térmico” sí es necesario para cubrir necesidades humanas.

Los resultados muestran que un porcentaje elevado de hogares ubicados en estas tres entidades con climas cálidos, pero de manera espacial en Durango y Morelos, no cuentan con el bien económico “Confort térmico”. Otro punto importante es que se observa un incremento en el promedio de disposición de bienes económicos, con valores entre 3,8 y 4,4 que son de los más altos observados, esto a pesar de que el promedio se calcula con seis bienes económicos, contrario al grupo de entidades con climas templados en los cuales se consideran cinco bienes.

El último grupo está conformado por Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Coahuila, Colima, Chihuahua, Distrito Federal, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Sinaloa, Sonora y Tamaulipas, entidades que presentan, con excepción de Michoacán, niveles de rezago social bajos y muy bajos. Cabe mencionar que la mayoría de las entidades de este grupo, salvo Aguascalientes, Distrito Federal y Michoacán, alcanzan temperaturas extremas en verano, situación que explicaría el hecho de que si bien presentan los menores niveles de privación de todos los bienes económicos, así como de los promedios de disposición de equipos, una parte importante de los hogares sufren la privación del bien “Confort térmico”.

Se observa entonces un patrón regional en la frontera norte de México que, junto con las entidades Aguascalientes, Colima, el Distrito Federal y Michoacán presenta los niveles más bajos de pobreza energética en México. Reiterando lo comentado en el párrafo anterior, el promedio de disposición de bienes de este grupo de entidades es similar al del grupo anterior, a pesar de que los niveles de rezago social de estos últimos son mayores. En resumen, la geografía de la pobreza energética en México evidencia tres puntos principales:

a) Una asociación significativa entre los niveles de privación de los diferentes bienes económicos y el grado de rezago social de las entidades del país (con excepción de Michoacán).

b) Una relación inversamente proporcional entre los niveles altos y muy altos de rezago social y promedio de disposición de bienes económicos; sin embargo, esta relación se diluye en los niveles medios, bajos y muy bajos de rezago social, como lo evidencian los resultados observados en los conglomerados 5 y 6. Una hipótesis que podría plantearse ante este escenario es que la distancia al umbral de pobreza energética, expresada con el promedio de disposición de bienes, se reduce significativamente al superar los niveles medios de rezago social.

c) En términos generales se observa un patrón constante que se caracteriza por una mayor privación de los bienes económicos relacionados con las necesidades absolutas subsistencia y protección, es decir, “Confort térmico”, “Refrigerador eficiente”, “Estufa de gas o eléctrica” y “Calentamiento de agua”, y una menor privación de los bienes económicos relacionados con las necesidades absolutas entendimiento, ocio, creación y placer, que son los bienes “iluminación” y “entretenimiento”. Sin embargo, este patrón constante de privación se expresa con diferente intensidad en el territorio nacional, escenario que brinda elementos de análisis relevantes para comprender cómo la pobreza energética impacta socialmente a la población.

Por otra parte, cabe destacar que la privación de los bienes económicos con mayor impacto sobre la pobreza energética en México, es decir, “Confort térmico”, “Refrigerador Eficiente”, “Estufa de gas o eléctrica” y, en menor medida “Calentamiento de agua”, se asocia con problemas de salud que afectan a millones de personas en el mundo debido al incremento de la temperatura global por el cambio climático. El aumento en la morbilidad y mortalidad de golpes de calor, contaminación del aire interior en las viviendas y enfermedades diarreicas son los ejemplos más claros y visibles de estos impactos que perjudican principalmente a los grupos de población más vulnerables, que son los niños menores de cinco años y adultos mayores de 65 años.

En el caso del bien económico “Confort térmico”, el hecho de que casi 3 millones 846 mil hogares (33% del total de hogares ubicados en áreas con clima cálido) no cuenten al menos con un ventilador por cada tres personas que lo conforman, o bien, con equipo de aire acondicionado, es una condición que aumenta la probabilidad de enfermedades relacionadas con la aparición de eventos de calor extremo.

Este tipo de enfermedades representa un problema de salud pública que cobrará mayor relevancia en el mediano y largo plazos por los impactos del cambio climático, ya que, como lo señalan la Organización Mundial de la Salud y la Organización Meteorológica Mundial, hay una relación significativa entre el incremento en la temperatura y la mortalidad por golpe de calor. De hecho, se estima que por cada grado de incremento en la temperatura promedio global se producirá un incremento de dos a cinco por ciento en el número de muertes por olas de calor. Este tipo de impactos a la salud se presenta con mayor intensidad en personas mayores de 65 años que viven en ciudades debido al efecto “isla de calor urbano”.

En este sentido, vale la pena comentar el estudio de quienes después de recabar información del número de muertes atribuidas a la presencia de olas de calor en distintas ciudades y países del mundo destacan que además de las condiciones económicas, grupo de edad y actitudes o conductas de la población, las condiciones de la vivienda, así como el uso de aire acondicionado y ventiladores, son los factores más importantes que afectan la vulnerabilidad de la población ante eventos de calor extremos.

Estos resultados sustentan la relevancia del bien económico “Confort térmico” para reducir la vulnerabilidad de la población ante eventos de calor extremos en México. Los bienes económicos “Refrigerador eficiente” y “Estufa de gas o eléctrica” presentan, por su parte, el segundo y tercer mayor nivel de privación en México, respectivamente. Aproximadamente 6 millones 395 mil hogares (21,1% del total nacional) no cuentan con un refrige-rador mínimamente eficiente y, cerca de 5,017,000 hogares (16,6% del total nacional) usan leña o carbón como combustible para cocinar.

La privación de estos bienes económicos, además de que afectan la calidad de vida y confort de las personas, deriva en dos impactos relevantes de carácter social relacionados con el cambio climático. En primer lugar, el bien “Refrigerador eficiente” es un equipo indispensable para el tratamiento y conservación de los alimentos, acción necesaria de saneamiento ambiental para impedir, suprimir o reducir la transmisión de enfermedades diarreicas e infecciones intestinales.

Cabe señalar aquí que uno de los impactos más importantes del cambio climático sobre la salud de la población es, como lo señalan, el incremento de enfermedades diarreicas agudas e infecciones intestinales. El aumento en la temperatura ambiente es un factor que propicia la reproducción de bacterias y parásitos en los alimentos por lo que, la privación del bien “Refrigerador eficiente”, es un factor que puede contribuir a la ingesta de alimentos en mal estado y, como consecuencia, que las personas contraigan este tipo de enfermedades.

En México, la presencia de la pobreza energética está oculta en el marco normativo y en el discurso político, aun cuando esta carencia es muy visible en los hechos. Tras una pesquisa profunda, tan sólo hallamos su reconocimiento, muy acotado, en el Objetivo 5 de las Estrategias Prioritarias, en el Programa Sectorial de Energía 2020-2024 (Prosener, 2020), en el que se exponen pasos muy generales para aliviarla.

Las energías renovables representan una solución indispensable a los problemas derivados de la pobreza energética. Esto debido a que, a través de su impulso, se abaratarían los costos de producción, aumentaría la generación de electricidad y accederían a ella las comunidades más marginadas del país.

Las energías renovables tienen dos características cruciales: son asequibles y sostenibles. Asequibles, porque reducen considerablemente los precios de la energía, permitiendo así que todas las personas puedan acceder a ella. Sostenibles, porque la energía se puede consumir sin agotarse y causar daños importantes al medio ambiente. Este es precisamente el séptimo punto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas: lograr energía asequible y sostenible para todas y todos.

Existen innumerables ejemplos alrededor del mundo que ilustran cómo las energías renovables son una solución a la pobreza energética. Por lo pronto, mencionaremos brevemente lo que están haciendo al respecto dos países muy distintos: Bangladesh y México.

Bangladesh es el país más densamente poblado en la Tierra. También es muy pobre. Debido a que tiene una geografía altamente accidentada, resulta muy difícil llevar electricidad a toda su población rural mediante la red eléctrica. Es por ello que el país del sur de Asia implementó el programa de energía solar fuera de la red eléctrica más grande del mundo. Hoy, 20 millones de bangladesíes acceden a electricidad limpia a través de este programa, llevado a cabo mediante asociaciones público-privadas.

México también ofrece un ejemplo de los beneficios que proveen las energías limpias. Por una parte, según la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la energía renovable que proviene de las inversiones de privados es 73% más barata que la producida por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la cual proviene en su gran mayoría de combustibles fósiles.

Pero, por otra parte, también podemos analizar sus beneficios a pequeña escala. Por ejemplo, en Chiapas, la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) está impulsando un programa de instalación de paneles solares en comunidades indígenas, las cuales se encuentran alejadas de los centros poblacionales y desconectadas de la red eléctrica. Así, ayudan a abastecer de energía limpia y sin costo alguno a comunidades marginadas del país.

La energía renovable es un instrumento esencial para combatir la pobreza energética: porque los recibos de la luz serían más económicos, porque habría más electricidad para la población y porque las comunidades marginadas del país tendrían mayor acceso a ella de una manera sustentable.

Existen muchas experiencias internacionales que muestran cómo podemos reducir la pobreza energética. A continuación, exponemos cinco recomendaciones que ayudarían a disminuir significativamente este lastre que aún existe en nuestro país:

Algunas acciones en este sentido consisten en apagar aparatos electrónicos que no se utilizan, usar temporizadores para la calefacción, cambiar electrodomésticos de alto a bajo consumo, utilizar leds en lugar de bombillas tradicionales, y no reducir drásticamente la temperatura de los refrigeradores.

El tema de pobreza energética se encuentra abandonado en nuestra sociedad, a pesar de ser de la mayor importancia. Los planes de estudios deberían incluirlo con el fin de lograr mayor conciencia social y comportamientos orientados a ahorrar energía. Asimismo, se debería capacitar a poblaciones vulnerables en la instalación de equipo en sus viviendas.

Como ya se ha visto, las energías limpias tienen costos más reducidos que aquellas producidas con combustibles fósiles, lo que permitiría mayor generación, accesibilidad y sostenibilidad. Igualmente, las viviendas de bajos ingresos pueden instalar infraestructura básica -como paneles solares- para autogenerar energía eléctrica.

El despliegue de energías renovables sólo será posible con el desarrollo de mayor y mejor infraestructura que permita suministrar la energía a todos los rincones del país. Con esto nos referimos a torres de energía eléctrica, parques eólicos, centrales eléctricas y parques solares, entre otros.

Las inversiones necesarias para que las energías renovables se conviertan en las fuentes primarias de consumo energético son considerables. Solo para 2024 México requiere de al menos 6 mil millones de dólares para alcanzar los compromisos internacionales adquiridos en generación de energías limpias.23 Es por ello que solo con la participación del sector privado -donde existen cuantiosos recursos económicos- podremos alcanzar los compromisos nacionales e internacionales adquiridos por el país.

La energía es un insumo esencial para todas y todos. De ella dependen muchas cosas que damos por hecho: hablar por teléfono con nuestros amigos y seres queridos, transportarnos a la escuela y al trabajo, tener comida en nuestra casa para alimentarnos, disponer de agua corriente en nuestros hogares para limpiar e hidratarnos, y poder comprar todo tipo de productos que nos gusten.

Sin embargo, cuando hay pobreza energética, muchas de estas posibilidades se ven limitadas. Una persona que no puede pagar la luz debido a sus altos costos no podrá acceder a herramientas esenciales como la computadora y el internet. Alguien que tiene cortes constantes en el suministro de electricidad inevitablemente detiene sus actividades productivas, afectando la economía del país. Y cuando la luz proviene de combustibles fósiles, todas y todos respiramos aire sucio y contaminado, afectando nuestra salud y bienestar.

En esta situación se encuentran millones de mexicanas y mexicanos, y más personas aún a nivel mundial. Por esto es que la pobreza energética es tan importante, y más importante aún resulta establecer políticas públicas efectivas que la reduzcan. Un paso obligado en este sentido es el impulso a las energías renovables a través de asociaciones público-privadas. Porque como ya vimos, la electricidad proveniente de energías limpias es significativamente más barata, su generación es básicamente infinita y, mejor aún, es energía amigable con el medio ambiente.

Por estas razones y muchas más, los y las invitamos a hacer conciencia de la pobreza energética y ayudar a promover las energías renovables. Porque solo así, tendremos un México y un mundo más limpio, más sano y con mejor calidad de vida.

Una iniciativa para llevar equipos de energías renovables y ecotecnologías para uso doméstico a familias mexicanas que viven en pobreza energética, además de información sobre cómo funcionan, es impulsada de manera binacional por el Instituto de Energías Renovables (IER) de la UNAM y la Universidad de Birmingham, Inglaterra.

Se trata del proyecto internacional “Mitigación de pobreza energética con enfoque en capacidades a través de soluciones comunitarias innovadoras” (CaPAS, por sus siglas en inglés), un plan académico que, más allá de dotar a familias rurales de equipos de energías renovables, busca concientizar a los integrantes de las familias acerca de la importancia del recurso energético en nuestra vida diaria y dar a conocer el funcionamiento de las opciones limpias.

“Es una iniciativa binacional que trabajamos de manera conjunta Reino Unido y México. Es multidisciplinario; tenemos la participación de ciencias sociales, humanidades y ciencias duras, y está centrado en cómo usamos la energía en hogares mexicanos”, dijo Karla Cedano Villavicencio, investigadora del IER y colíder del proyecto.

CUATRO PLANES DE TRABAJO

En un taller virtual al que asistieron una veintena de académicos y profesionales del sector energético, entre ellos la colíder del proyecto Harriet Thomson, de la Universidad de Birminghan, Cedano explicó que CaPAS es posible gracias a los apoyos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el British Council. En el equipo colaboran también el Impact Scheme de la Newton Foundation, por parte de Inglaterra, y el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, por parte de México.

Detalló que la iniciativa tiene cuatro planes de trabajo que interactúan unos con otros. “Lo primero que hicimos fue un índice nuevo para evaluar la pobreza energética en comunidades; después generar conocimiento incluyente, es decir, involucrar de manera importante a las personas con las que trabajamos para poder implementar soluciones tecnológicas, porque se trata de generar innovación social mediante la construcción de conocimiento de manera participativa”.

Un tercer paquete de trabajo fue implementar las soluciones en cooperación, y, el cuarto, desarrollar y evaluar una herramienta que sirva de aquí en adelante para quienes trabajan en el proyecto.

Hasta el momento, los integrantes de CaPAS han trabajado con familias de Atlautla, Estado de México, y de Cuetzalan, Puebla, mientras que próximamente implementarán su iniciativa entre familias de Tzentzéguaro, Michoacán, y Amayuca, Morelos.

Entre las labores que hacen participativamente académicos y familias, mencionó Cedano, destacan el monitoreo de las condiciones físicas de los hogares; la instalación de tecnologías energéticas; las actividades de investigación en vivo, por WhatsApp y por teléfono, y el análisis de datos cualitativos y demográficos.

“Con estas actividades se genera conocimiento incluyente, con énfasis en las capacidades de todas las personas del hogar, y la idea de la energía como una vía para alcanzar bienestar”, expresó.

Entre los ejercicios que se hacen con las familias destacan decidir qué servicios energéticos se relacionan con diversas capacidades de la vida, es decir, con el bienestar físico y mental, la comunicación, aprendizaje y conocimiento, la participación social, la autonomía del tiempo y un ambiente libre, seguro y saludable.

Entre las tecnologías que se ofrecen, la experta mencionó al biodigestor, refrigerador DC (que utiliza energía directa del Sol), calentador de agua solar, calentador de espacios, bombeo de agua solar, luminarias solares, sistema fotovoltaico (aislado o interconectado), cocina solar, la estufa ecológica Patsari y un boiler o calentador de agua acoplado a una estufa.

Entre los impactos de este proyecto binacional, Cedano Villavicencio destacó el académico, pues es el primer caso en integrar y comparar metodologías a las tres formas de medir la pobreza energética; el social, porque ayuda a mejorar la satisfacción de necesidades energéticas, y el institucional, pues implica el desarrollo de una metodología guía para la adecuada adopción de tecnologías energéticas.

En relación a la Auditoría de Desempeño: 2020-6-90UJB-07-0469-2021/469-DE realizada por la ASF a CFE Corporativo, señala quer en 2020, si bien la CFE no recibió comunicación por parte de la Secretaría de Energía (SENER) para la implementación de estrategias y la definición de metas para contribuir al logro del ODS 7, referente a Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos”, y a la meta núm. 7.2 “Aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas”, la EPE dio un seguimiento puntual mediante los indicadores “Porcentaje de Energía Proveniente de Fuentes Limpias” y “Emisión de gases de efecto invernadero CO2” y los presentó a su Consejo de Administración. Al respecto, cumplió las metas de los indicadores “Porcentaje de Energía Proveniente de Fuentes Limpias” y “Emisión de gases de efecto invernadero (CO2)”, al registrar una producción de energía eléctrica con fuentes limpias de 33.7%, resultado superior en 8.9 puntos porcentuales respecto de la meta de 24.8% y la disminución de 36.0% de emisión de gases contaminantes a la atmósfera en la generación de energía eléctrica, respecto del límite establecido de 79,099.6 millones de toneladas.

En opinión del grupo auditor de la ASF, en 2020, en el contexto de la pandemia, si bien la CFE contribuyó al desarrollo económico y social del país, al garantizar el servicio eléctrico a 45.6 millones de usuarios de los sectores doméstico, comercial, de servicios, agrícola, y de mediana y gran industria, los resultados financieros y operativos de la EPE se vieron afectados, ya que la actividad económica se redujo y por ende disminuyó el consumo y los ingresos por venta de energía eléctrica en los distintos sectores.

El grupo auditor de la ASF identificó áreas de mejora para la EPE relacionadas con la necesidad de: a) implementar las estrategias financieras y de inversión en la cadena productiva de la empresa para fortalecer su rentabilidad y generación de valor económico, y prestar el servicio de energía eléctrica con calidad y sentido social; b) incrementar su productividad y competitividad en el segmento de generación; c) reducir las pérdidas de energía en los procesos de transmisión y distribución, así como controlar el incremento de la cartera vencida; d) desarrollar, ejecutar y concluir los programas y proyectos instruidos por la SENER para la modernización y ampliación de las redes Nacional de Transmisión (RNT) y las Generales de Distribución (RGD), a fin de contribuir a asegurar la confiabilidad del Sistema Eléctrico Nacional.

Toda vez que en el segmento de generación: a) 59 (38.6%) de las 153 centrales de la CFE en operación excedieron su vida útil; b) las EPS de Generación II, III, IV y VI no programaron la modernización de ninguna de sus centrales; c) el costo promedio de generación de las centrales de la CFE fue de 1.40 pesos/kWh, y el de los Productores Externos de Energía (PEE) fue de 0.76 pesos/kWh; d) la CFE cumplió en 79.8% su meta de generación de energía, y en el periodo 2018-2020, la energía generada por la EPE disminuyó 26.5%, y e) la participación de CFE en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) disminuyó 9.8 puntos porcentuales, al pasar de 48.6% en 2018 a 38.8% en 2020. Cabe señalar, que la CFE (38.8%), complementa la satisfacción de sus requerimientos de energía, a través de compras contractuales a los PEE (31.7%), con quienes tiene acuerdos de largo plazo. La CFE y los PEE comercializaron en conjunto el 70.5% del total de la energía vendida en el MEM. Lo anterior refleja la necesidad de llevar a cabo las inversiones definidas en el Plan de Negocios de CFE 2021-2025, a fin de incrementar la productividad y competitividad del parque de generación de electricidad, tal como lo establece la recomendación 2020-6-90UJB-07-0469-07-002 de este informe.

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