InicioNacionalRIVERA VARELA, "LA FIRMA", SANGUINARIO COLOMBIANO

RIVERA VARELA, «LA FIRMA», SANGUINARIO COLOMBIANO

*Carlos Andrés, uno de los autores intelectuales del asesinato del exgobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, busca apoderarse del Cártel Jalisco Nueva Generación

*»La Firma» no sólo tiene el respaldo de «El Mencho», sino también de Gonzalo Mendoza Gaytán «El Sapo», brazo derecho de Nemesio Oseguera

*Llegó a México con sus propios hombres y sus conexiones criminales en Centro y Sudamérica

 

Redacción Sol Yucatán/Sol Quintana Roo/Sol Campeche/La Opinión de México

Corresponsalías nacionales

 

Jalisco. – La lucha por el poder dentro del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha llevado a una férrea disputa en Puerto Vallarta, ubicado en el estado de Jalisco, considerado la cuna de la agrupación criminal.

Desde finales del año pasado comenzó una guerra interna protagonizada por Carlos Andrés Rivera Varela, alias «La Firma», designado como jefe de plaza en Vallarta por el propio Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», líder del cártel.

Cabe señalar que la principal línea de investigación que siguen las autoridades ministeriales sobre el asesinato del exgobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, es que, precisamente, detrás de los hechos está el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Fuentes ministeriales apuntan al colombiano Carlos Andrés Rivera Varela, «La Firma»; Julio César Moreno Pinzón, «El Tarjetas», y un sujeto identificado como Christian, «La Gallina», como principales operadores del grupo criminal en Puerto Vallarta y como los presuntos autores intelectuales del artero crimen.

Haciendo un paréntesis, también es imperante saber que Carlos Andrés Varela Rivera se suma a José Armando, «El Vaca», y a César Montero Pinzón, «El Tarjetas», vinculados al atentando contra Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, en el que el funcionario resultó herido y tres personas perdieron la vida.

Entre los tres hay una conexión: Puerto Vallarta, Jalisco, considerado el bastión financiero del CJNG. Todo indica que el atentado se orquestó desde el paraíso turístico tapatío.

Rivera Varela, a diferencia de «El Vaca» y «El Tajetas», no es un desconocido en el CJNG, es uno de los capos emergentes de la Organización Criminal.

«La Firma» es de origen colombiano y llegó al Puerto jalisciense con sus propios hombres y conexiones criminales en Centro y Sudamérica.

Ahora, este sujeto ha empezado a hacer una «limpia» dentro del cártel, eliminando a los viejos jefes de la organización.

Su principal objetivo es Agustín González Chavarín, alias «Don Guty», «El 14» o «Tacomas», quien es el principal operador del cártel en Puerto Vallarta.

Así, Agustín González Chavarín es un hombre moreno y corpulento, pero de aspecto cansado y con un rostro triste. Padece diabetes, enfermedad que le impide trabajar plenamente en la responsabilidad que tiene encomendada por «El Mencho».

Además, González Chavarín también tiene la encomienda del abastecimiento de víveres y apoyos de todo tipo para su amigo y jefe «El Mencho», quien también está enfermo y refugiado en la sierra jalisciense junto a su principal círculo de seguridad, para evitar ser detectado por las autoridades.

Esto ha sido aprovechado por «La Firma», quien desconoció el mando de «Don Guty», desatando una guerra interna que ha llegado a tal nivel, que el colombiano ofrece dinero a los pobladores de la sierra y la costa a cambio de información sobre el viejo jefe del cártel y su gente, para aniquilar sus bases de operación.

Según información de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), el colombiano estuvo involucrado en el secuestro, tortura y asesinato de dos agentes de la corporación en Nayarit, en febrero de 2018.

«La Firma» no sólo tiene el respaldo de «El Mencho», sino también de Gonzalo Mendoza Gaytán «El Sapo», brazo derecho de Nemesio Oseguera. Incluso, sería él quien trajo a Rivera Varela de Colombia.

Un informe de la Administración para el Control de Drogas (DEA por sus siglas en inglés), señaló a «El Sapo» o «El Rey Sapo» como miembro principal del CJNG y segundo al mando.

De un perfil violento, «El Sapo» sería el responsable de la expansión del CJNG en varios estados mediante el sometimiento de las estructuras criminales locales, así como de secuestros y numerosos asesinatos en el país.

El paradisiaco puerto jalisciense es el bastión financiero del grupo criminal encabezado por «Los Cuinis», formado por los cuñados y la esposa de «El Mencho», de apellido González Valencia. Además, es el punto de llegada de varias drogas provenientes de Centro y Sudamérica, además de países asiáticos.

Allí llega también la droga que se produce en la sierra, sobre todo drogas sintéticas, las cuales se distribuyen desde ahí hacia los Estados Unidos. A eso, se suma la importancia que tiene como zona turística para el narcomenudeo, extorsión y otros delitos.

El ascenso de «La Firma»

Una de las pugnas que se viven al interior del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se libra en Puerto Vallarta, donde la Organización Criminal liderada por Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», lava la mayor parte del dinero producto del comercio de drogas, ya sea en hoteles, restaurantes o complejos de condominios.

Puerto Vallarta es un lugar clave para la operatividad del CJNG. A la llamada Costa Chica de Jalisco llegan los cargamentos con droga, principalmente cocaína, procedentes de Centro y Sudamérica, pero también los precursores químicos originarios de Asia, que son indispensables para la fabricación de drogas sintéticas, las cuales se elaboran en los laboratorios clandestinos ubicados en la Sierra de Jalisco.

En la sierra de Jalisco se siembra una gran cantidad de amapola y marihuana. Pueblos enteros ubicados en las inmediaciones de Vallarta se dedican al cultivo de ambas plantas. La cultura del narco está tan asentada en esta región que en la carretera que conduce al puerto es posible ver ostentosos altares dedicados a la Santa Muerte.

Una vez producidas las drogas sintéticas en la zona rural, estas son enviadas a Puerto Vallarta o Nuevo Vallarta, donde junto con la cocaína procedente de Sudamérica tiene dos destinos: o se vende al menudeo entre los turistas nacionales y extranjeros, o se envía en grandes cargamentos hacia Estados Unidos.

Hasta hace un tiempo, quien controlaba la plaza a sangre y fuego para el CJGN era Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, alias «El Sapo», «El Rey Sapo» o «El 90», un michoacano de 32 años originario de Apatzingán, incluido por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos en la estructura principal del cártel, sólo por debajo de «El Mencho» y de Abigael González Valencia, «El Cuini», actualmente preso en el penal del Altiplano, en el Estado de México.

«El Sapo» es hombre de todas las confianzas de Oseguera Cervantes. Diversos informes lo ubican como uno de los posibles sucesores de «El Mencho», quien actualmente padece de una insuficiencia renal que lo mantiene apaciguado en un rincón de la sierra de Jalisco, desde donde intenta controlar los hilos de la Organización Criminal, que poco a poco se desmorona en facciones enfrentadas entre sí, lo que no ha evitado la acelerada expansión del cártel hacia casi todo el territorio nacional.

A este personaje se le atribuye la creación de las llamadas «escuelas del terror del CJNG». Una de sus tareas era el reclutamiento de hombres jóvenes para convertirlos en sicarios. Uno de los métodos que usaba era la publicación en redes sociales de ofertas de trabajo como guardias de seguridad. Una vez que lograban reunir a varias docenas de aspirantes en Guadalajara, estos eran conducidos en camionetas a campamentos ubicados en distintos pueblos de los alrededores. Ahí les informaban sobre la verdadera naturaleza del trabajo. Aceptaban o los mataban.

A «El Sapo» se le atribuye también la masacre de 19 personas en Uruapan, algunas de ellas amanecieron colgadas de un puente en agosto de 2019, y los enfrentamientos en Guanajuato, donde libra una lucha contra el Cártel de Santa Rosa de Lima, de «El Marro».

Su esposa, Liliana Rosas Camba, de 28 años de edad, fue señalada por el Departamento del Tesoro de administrar negocios a través de los cuales se lava dinero para el cártel, además de que fue vinculada con el exgobernador de Nayarit, Roberto Sandoval Castañeda, y con el magistrado Isidro Avelar Gutiérrez, este último acusado por la Unidad de Inteligencia Financiera de la FGR de lavado de dinero tras demostrar que recibió depósitos bancarios en sus cuentas por 78.5 millones de pesos, de los cuales 50 millones no pudieron ser acreditados, por lo que se presume son de origen ilícito. El magistrado fue detenido por agentes federales el 22 de noviembre en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara y trasladado al Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) Número 1.

Al igual que lo hicieron Los Zetas en su momento, «El Sapo» ha integrado a las filas del CJNG a colombianos y guatemaltecos que cuentan con preparación militar, lo que se pone de manifiesto en el grado de violencia utilizado contra organizaciones rivales y contra las fuerzas federales.

Uno de esos colombianos a los que «El Sapo» reclutó es Carlos Andrés Rivera Varela, alias «El Morro», «El Manotas», «El Colombiano» o, su apodo más conocido, «La Firma». No se sabe si fue el propio «Mencho» quien lo mandó traer desde el país sudamericano para que ocupara la plaza que «El Sapo» estaba dejando para enfocarse en los territorios del Bajío, o si «El Sapo» convenció a Oseguera Cervantes para que lo designara jefe de plaza de Vallarta. En ese sentido, «La Firma» podría ser más un aliado de «El Sapo» en su estrategia de ascender en el cártel que un subordinado a las órdenes del «Mencho».

«La Firma» llegó a México con sus propios hombres y sus conexiones criminales en Centro y Sudamérica, bajo la consigna de operar bajo las órdenes de «El Sapo». Apenas llegó, junto con sus hombres empezó a hacer una limpia dentro del cártel, eliminando a los viejos jefes de la organización, con quienes no comparte ni el estilo ni la forma de operar el negocio.

«La disputa es transparente: Rivera Varela ha llegado de fuera, tiene su propia gente y sus contactos, no respeta los acuerdos internos de esa organización y se quiere quedar con el control de toda la Costa Norte de Jalisco y la sierra adyacente, que es la región que controla [Agustín] González Chavarín, uno de los operadores históricos de «El Mencho». Ésta es una más de las muchas disputas internas del CJNG, sin un esquema de sucesión claro para «El Mencho», quien observa estos movimientos sin poder intervenir directamente en un proceso donde, además de operadores históricos del cártel, están participando nuevos actores», se indicó en su momento.

Descrito como «un hombre de aspecto cansado y con un rostro triste», conocido como «Don Guty» o «El 14», a González Chavarín «le cuesta disimular la diabetes que le aqueja y que, en muchas ocasiones, le impide trabajar a pleno en la responsabilidad que tiene encomendada: ser el principal operador del CJNG en la Costa Norte, en la estratégica zona de Puerto Vallarta y Nuevo Vallarta».

«Don Guty» tiene también la encomienda de abastecer de víveres y apoyos de todo tipo a «El Mencho», también enfermo y refugiado en la sierra junto a su principal círculo de seguridad, para evitar ser detectado por las autoridades.

Los recientes hechos de violencia que se han registrado en la costa de Jalisco se explican por esas disputas que se han ido agravando por la aparición en escena de «La Firma», quien choca por una cuestión generacional y de cultura delincuencial con el viejo capo enfermo de diabetes.

«La Firma» es joven, no tiene problemas de salud y mantiene una sanguinaria estrategia de imponerse con el poder de las balas en toda la región, desconociendo el mando de González Chavarín y estableciendo sus propias rutas de comercialización de drogas y de extorsión. Muchos de los homicidios, enfrentamientos y bloqueos registrados en municipios como Tomatlán se deben a la operación de «La Firma» para desplazar a quien, en teoría, es uno de sus jefes.

Desde finales del año pasado, la posición de González Chavarín se vio desafiada por una doble pinza, considerada por los órganos de inteligencia como lo que podrían ser brazos de una misma amenaza: células de organizaciones antagónicas que ofrecen dinero a los pobladores de la sierra y de la costa, a cambio de información sobre ‘El 14’ y su gente, para aniquilar sus bases de operación. En realidad, todo indica que esas células son manejadas por Rivera Varela y su grupo de operadores y sicarios provenientes de Colombia.

De esta forma, señalan analistas en temas de seguridad nacional, el interés de los jefes regionales por controlar las plazas del CJNG, pensando en un posible remplazo de «El Mencho», ya sea porque finalmente la enfermedad acabe con él o porque sus enemigos o las propias autoridades lo capturen aprovechando su poca movilidad, está generando diversas pugnas al interior de la Organización Criminal que anuncian una espiral de violencia para la que nadie está preparado.

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