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TEPITO, EL BOOM DE LA FAYUCA, LOS TÚNELES Y LA DESCOMPOSICIÓN SOCIAL (3/6 PARTES)

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Tres de seis partes)

 

La tecnología sería el botón propulsor del “Boom Tepiteño” y de aquellos esporádicos viajes de unos cuantos tepiteños, resultarían caravanas de tráilers con miles de toneladas de contrabando que inundarían las 57 manzanas del barrio, sin embargo, junto con los desechos extranjeros, también llegarían las drogas duras, las armas, la pornografía, la “piratería” y las mafias que transformarían por completo al antaño bravo, pero honrado Barrio de Tepito.

Fue entonces, a principios de la década de los ochentas, cuando los mismos comerciantes, acosados por los inspectores de Hacienda o por elementos policiacos de distintas corporaciones, buscaron la manera de evitar que les fuera decomisada su mercancía y de esa manera se construyeron bodegas subterráneas, pasadizos, pequeños túneles y demás recovecos donde los “fayuqueros” escondían sus artículos cuando eran enterados de que se efectuaría un operativo.

Después, esos laberintos subterráneos serían utilizados para ocular toneladas de estupefacientes.

En esa época, Tepito se había convertido ya en la meca del contrabando y, por ende, en el principal abastecedor de mercancía ilegal no sólo para el Distrito Federal sino para casi todos los estados de la República.

Pero la construcción de los pasajes subterráneos y los pasadizos no se limitó a pequeños espacios. Al paso del tiempo las pequeñas bodegas bajo tierra, cobrarían mayores dimensiones por las mismas necesidades de los tepiteños.

Ese fue el inicio de lo que ahora, a 40 años, sigue causando expectación y discrepancia entre el gobierno capitalino y el federal que no terminan por ponerse de acuerdo en cuanto a su existencia o si sólo se trata de versiones fantasiosas, aunque en algunos de los operativos ha sido evidente su existencia.

Ante los negocios turbios que surgieron, se dieron entonces las componendas entre líderes mafiosos, funcionarios venales y policías corruptos, lo que involucró al grueso de los comerciantes. Se estima que de los 50 mil auténticos tepiteños que residen en el lugar, cuando menos el 60 por ciento se dedica a alguna actividad ilícita, bien por iniciativa propia, obligado por alguien o comprometido para proteger a alguien de la familia que de alguna manera ya se involucró con la mafia.

Empero, si la “fayuca”, la “piratería” y la pornografía proliferaban ya en el barrio, soterradamente crecían también el narcotráfico, el tráfico de armas y la delincuencia en todas sus modalidades: secuestros, extorsión, cobro de piso y de protección e incluso hasta el sicariato, a tal grado que jóvenes y hasta niños iban engrosando las filas de la delincuencia pero ya no como ladrones, sino como gatilleros a sueldo.

Prueba de ello, es que muchas de las ejecuciones de narco menudistas o de líderes del narco se llevaron a cabo al estilo de Colombia: esto es, dos sujetos a bordo de una motocicleta; uno experto conductor y el otro infalible tirador.

Empero, hoy como ayer, para que pudiera crecer la delincuencia, se necesita contar con protección policiaca y ésta siempre se ha dado, tanto de la Policía Judicial del Distrito (ahora Policía de Investigación), como de la Policía Judicial Federal (ahora Agencia de Investigación Criminal) y desde luego, de la Policía Preventiva.

En la década de los ochentas, los jefes policíacos federales Adrián Carrera Fuentes, los hermanos Víctor Manuel y José Luis Patiño Esquivel, Enrique Gándara Chacón, Pedro Armas del Pozo, Francisco Garduño Juárez, los hermanos Pedro, Gerardo y Luis Magaña, Mauricio Tornero salinas, de la Policía Judicial del Distrito y el secretario de Protección y Vialidad, Santiago Tapia Aceves, fueron algunos de los primeros policías que se hicieron millonarios vendiendo protección a los tepiteños.

Al cambio de gobiernos y administraciones, han surgido otros políticos, funcionarios y jefes policiacos, que, reiteramos, con sus honrosas excepciones, retoman esas mismas prácticas de extorsión y la gallina de los huevos de oro sigue siendo productiva.

La abierta protección a narcotraficantes, asaltantes de traileros, traficantes de armas y demás delincuentes, ha originado una cínica actividad por parte del hampa que cada vez se muestra más atrevida y evidencia la rampante impunidad que propician y solapan quienes en teoría, la combaten.

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