InicioReportajes EspecialesRetropolicíacaUN EX CONVICTO, EL VERDADERO ASESINO (4/4 PARTES) 

UN EX CONVICTO, EL VERDADERO ASESINO (4/4 PARTES) 

De acuerdo con datos que obtuvo David García Salinas, el cronista de las prisiones de México, el militar retirado Antonio Herrera Pérez se comunicó con el jefe de la Policía, general Ramón Jiménez Delgado y le contó que el ex recluso Lorenzo Reyes Carbajal, originario de Tolcayuca, Hidalgo era a quien buscaban

 

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México 

 

Ciudad de México.- Los meses pasaron sin avance en las investigaciones, hasta que María Villar Lledías autorizó una recompensa de 50 mil pesos, a quien delatara a los asesinos de sus hermanos Ángel y Miguel o proporcionara datos sobre su paradero.

De acuerdo con datos que obtuvo David García Salinas, el cronista de las prisiones de México, el militar retirado Antonio Herrera Pérez se comunicó con el jefe de la Policía, general Ramón Jiménez Delgado y le contó que el ex recluso Lorenzo Reyes Carbajal, originario de Tolcayuca, Hidalgo, le propuso participar en un “trabajito” fácil, que consistía en asaltar a unos “viejitos millonarios del centro de la Ciudad de México”.

Con la ficha que tenía el Servicio Secreto (hasta hace unos años se tenían las fichas dactilares de más de 700 mil delincuentes y “se perdieron” cuando estúpidamente se incorporó el SS a la Policía Judicial del Distrito), fue localizado con rapidez el hampón, cuya progenitora reconoció que su hijo tenía en su poder dinero, collares y alhajas.

En un principio, investigó García Salinas, “Lorenzo negó su participación en el doble homicidio, pero cambió de opinión cuando se le dijo que su madre sería arrestada por encubrimiento”. Al escuchar eso, “Lorenzo comenzó a llorar, besó a su progenitora, le pidió perdón y dijo que ella nada tenía que ver en el asalto y doble crimen”.

Señaló como jefe de la banda a Macario Mondragón Borges, quien residía en la Colonia de los Doctores, ciudad de México. Otro de los culpables fué Fermín Esquerro Farfán, “el hombre de los garfios”. Un maestro albañil, Alfredo Castro Araiza y David Rojas Valenzuela.

El segundo en caer en manos de la policía fue Macario Mondragón, quien confesó que en su casa de Doctor Arce 90, se repartieron el botín. También fue arrestado el menor Filiberto Becerril, quien facilitó sacos de yute, varillas y tubos para victimar a los ancianos y los lazos con que fueron atados. Fue enviado al Tribunal para Menores. Los presuntos homicidas fueron capturados en el entonces Distrito Federal en los Estados de México e Hidalgo.

Las autoridades suplicaron a María Villar Lledías que “voluntariamente” extendiera una carta en la que disculpara al Procurador Francisco Castellanos, porque equivocadamente había actuado de “buena fe”.

Todavía en esos días “desaparecieron” varios carruajes de los denominados landós en la mansión de los Villar Lledías. El agente del Ministerio Público fue Everardo Padilla y Padilla, de la Cuarta Delegación, un tipo tan incompetente como su jefe, el procurador Francisco Castellanos.

Caro pagaron su mediocridad, en los periódicos se recibió mucha correspondencia contra ellos, de cientos de ciudadanos que ridiculizaron a esa pareja de malos servidores públicos. Por lo que respecta al “detective auto publicista”, todavía siguió un tiempo engañando incautos.

Silvestre Fernández cobró la recompensa y la compartió generosamente con el exmilitar retirado que denunció a la banda de asaltantes, dijo haber sido agente en la vieja Inspección de Policía, luego en la Octava Delegación como agente judicial, volvió a la Jefatura de Policía y se retiró como comandante en 1935, para ingresar como jefe de seguridad en el Nacional Monte de Piedad. Fue contratado para aclarar el doble crimen de los millonarios.

Y comentó que Lorenzo Reyes Carbajal debía por lo menos cuatro vidas y se le conocía como “el tigre de Tolcayucan, Hidalgo”. Fermín Esquerro era ex presidiario acusado de homicidio, quien durante un asalto, recibió balazos en los brazos y fue necesarios amputárselos en un hospital de emergencia traumática.

Macario Mondragón Borges, fue ex federal y luego revolucionario a las órdenes de Francisco Villa, más tarde fue a prisión por falsificar timbres postales.

El albañil Alfredo Castro Araiza estuvo preso en Belem y Lecumberri por lesiones graves. David Rojas Valenzuela había escapado de la cárcel de Lecumberri.

A cada uno de los malhechores le tocaron 1,700 pesos y otra suma en monedas de oro y plata, así como joyas diversas. El multihomicida Reyes enterró su botín en Hidalgo, con ayuda de su amiga Esperanza de la Torres Larios.

“El Tigre” devolvió 50,000 pesos en alhajas: un prendedor de oro con 12 brillantes y un zafiro en el centro. Un par de aretes con zafiro al centro y 19 brillantes cada uno. Otro par de aretes en forma de moño, con dos brillantes. Un ahogador de platino y siete mil pesos en efectivo.

A Mondragón se le decomisaron una herradura de oro, rodeada de brillantes, un par de aretes de esmeraldas, un prendedor con brillantes y una pieza de ágata en forma de óvalo, todo con valor de 16 mil pesos en 1946.

Fermin Esquerro devolvió dos pulseras de oro, seis estuches llenos de alhajas y mil 500 pesos en billetes de diferentes denominaciones.

María Villar recibió el 8 de febrero de 1946, 208,366 pesos con 20 centavos. La Suprema Corte de Justicia confirmó una sentencia de 27 años de prisión para los hampones asesinos. El hombre de las manos “de garfio” abandonó la prisión en 1972.

Pasó sus últimos años en un albergue para presidiarios. El 18 de enero de 1963, murió la señorita María Villar Lledías y se supone que sus bienes pasaron a la beneficencia pública.

COINCIDENCIA

Las primeras noticias de la Revolución Francesa circulaban por el mundo, cuando el funcionario Joaquín Dongo y otras once personas fueron asesinados en su residencia de Cordobanes 13, hoy calle Donceles, de la ciudad de México.

Fue el 23 de octubre de 1789, los criminales descabezaron además a un perico, probablemente con la intención de que no los “denunciara”.

(El 23 de octubre de 1945, fueron asesinados los hermanos Ángel y Miguel Villar Lledías en República de El Salvador 66, también en el centro de la capital mexicana).

Un día después de la masacre en Cordobanes, el recio portón de roble que daba acceso a la finca 13 amaneció herméticamente cerrado, acudió la ronda y se dio aviso a la Acordada, especie de Santa Hermandad, que había sido creada para perseguir facinerosos por montes y caminos.

Fueron encontrados los cadáveres de doce personas, entre ellas Joaquín Dongo, ex albacea testamentario del virrey Bucareli.

Una investigación exhaustiva aclaró el crimen: los responsables fueron tres nobles españoles llamados Felipe María de Aldama y Bustamante, Baltasar Dávila Quintero y Joaquín Antonio Blanco. Se les condenó al garrote vil.

El 7 de noviembre de 1789, a los quince días de haber cometido la horrible matanza, los feroces hispanos subieron al patíbulo. El tablado se levantó en el Zócalo de la ciudad de México, medía tres varas de altura, para que la muchedumbre congregada en la plaza pudiera seguir los macabros detalles de la ejecución.

Los reos habían sido paseados por la ciudad sobre mula enlutadas. Y fueron estrangulados por el verdugo. Los cadáveres quedaron expuesto en el Zócalo hasta las cinco de la tarde. Les habían cortado a los tres la mano derecha y estos despojos se clavaron con escarpias en el portón de la calle Cordobanes, varios días quedaron así las manos “para escarmiento y satisfacción de la vindicta pública”.

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