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UN IMPERIO DE NUNCA ACABAR 

*Cada vez que se lograba la captura o la condena de alguno de los miembros del clan Arellano Félix, se suponía que el imperio de Los Escorpiones se había derrumbado, pero lo cierto es que no está aniquilado

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Segunda de siete partes)

Ciudad de México.- Cada vez que se lograba la captura o la condena de alguno de los miembros del clan Arellano Félix, se suponía que el imperio de Los Escorpiones se había derrumbado, pero lo cierto es que no está aniquilado.

 ¿Pero cómo llegaron a convertirse en la organización criminal más violenta e importante en el trasiego de estupefacientes en la frontera norte?

¿Dónde comenzaron su carrera delictiva?

¿Por qué fue el Cártel tolerado o consentido durante varios sexenios?

¿Cuál fue la causa de su debacle?

¿Por qué se les conoce como Los Escorpiones?

A mediados de la década de los setentas, antes de que en Tijuana, Baja California se conocieran o mencionaran siquiera los apellidos Arellano Félix, un clan dominaba ese territorio. Se trataba de los hermanos Pedro, Pablo y Carmelo Avilés Pérez.

Dentro de ese grupo figuraban jovenzuelos que apenas se iniciaban en el tráfico de drogas.

Entre medio centenar de incipientes narcos, se encontraban Miguel Ángel Félix Gallardo, «El Vampiro»; Jesús Abraham Labra Avilés, (a) «El Chuy» y Manuel Aguirre Galindo, apodado «El Caballo», todos bajo las órdenes de los hermanos Avilés.

Por esas mismas fechas, el matrimonio de clase media baja, formado por Benjamín Francisco Arellano Sánchez y Alicia Isabel Félix Zazueta, oriundos de Sinaloa y nacidos en 1924 y 1927, ya habían procreado 10 hijos. El jefe de familia era mecánico automotriz, mientras que su esposa se dedicaba al hogar. La situación económica no era nada halagüeña.

El barrio El Coloso, de Culiacán, equivalente al de Tepito en el Distrito Federal, era testigo de los trabajos no sólo de Benjamín y Alicia, sino de todos los hermanos que mediante equipos de sonidos, organizaban tardeadas y fiestas callejeras en la localidad.

El sonido «Escorpión» se volvió famoso en el barrio por los «tocadas» que ofrecían.

Francisco Rafael era el mayor de los hermanos, le seguían Norma Isabel, Benjamín, Carlos Alberto, Eduardo, Alicia María, Enedina, Ramón, Luis Fernando y Francisco Javier, además de otros dos medios hermanos, Jesús y Manuel, a quienes adoptó como sus hijos Alicia Isabel.

Otras de sus actividades era el contrabando de pacas de ropa usada, en la frontera con los Estados Unidos, mismas que revendían en el citado barrio y en otros mercados ambulantes de las colonias de municipio sinaloense. Se trataba de una familia común y corriente, donde los jóvenes «sonideros» y «ayateros», trabajaban al parejo de sus padres para ayudarlos y salir adelante.

Hasta ese entonces no había ningún indicio de que los hermanos Arellano Félix se vincularan al narcotráfico y menos aún que se convirtieran en los temibles «Aretes», sobrenombre con el que también son conocidos los amos del Cártel de Tijuana.

El nombre que impuso Francisco Rafael al equipo de sonido y que más tarde sería tomado como símbolo y emblema de la organización de los Arellano Félix, obedecía a que «La Pancha», como era conocido, Eduardo y Francisco Javier, habían nacido bajo el signo escorpión.

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