InicioPortadaUNA CENA MÁS CARA QUE EN EL HUNAN, Y SIN PATO

UNA CENA MÁS CARA QUE EN EL HUNAN, Y SIN PATO

José Sánchez López/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche

Ciudad de México.- Pasaban ya de las 3 de la tarde y en el apretujado espacio de la sala número uno del Centro de Justicia Federal del Reclusorio Norte de la Ciudad de México, se apreciaba un ambiente de expectación, de incertidumbre.

El indiciado, Emilio Lozoya Austin, de traje azul marino, camisa blanca y corbata guinda, con un portafolio negro de piel en el que llevaba documentos, además de una botella con agua, una bolsa con nueces y otra con frutas deshidratadas, había llegado puntual a la cita; 6 horas antes, a las 09:45 horas.

Lo acompañaban sus abogados que cargaban folders y expedientes, y su madre, la señora Gilda Margarita Austin, que, irónicamente, también está sujeta a proceso como su coacusada, ya que su hijo le hizo varias transferencias a su cuenta bancaria.

Durante el transcurso de la diligencia, Lozoya Austin se mostró impasible, sin nada que denotara intranquilidad o preocupación, incluso de vez en vez, displicente, echaba mano a sus bolsas de botana.

Los tres funcionarios de la Fiscalía General de la República, los dos de la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda y el de Pemex, en sus alegatos aportaban elementos para demostrar la culpabilidad de Emilio, haciendo especial énfasis de la famosa cena en el exclusivo restaurante Hunan, en Polanco, mientras que los abogados rechazaban las imputaciones.

La FGR solicitó al juzgador retirara al acusado la figura de testigo colaborador y le dictara prisión preventiva justificada ante el riesgo de sustraerse a la acción de la justicia, dado su poder económico; en tanto que la defensa del exfuncionario solicitó una nueva prórroga de dos meses para recabar y presentar elementos respecto a la inocencia de su cliente.

Emilio seguía imperturbable y cuando el juez le concedió un nuevo plazo de 30 días, no de 60 como lo pidió, asintió ligeramente con la cabeza, y se echó hacia atrás en su asiento, como un acto de suficiencia.

Los abogados y él se mostraron optimistas. El otorgamiento del nuevo plazo hizo que se sintieran seguros de conservar la figura de testigo colaborador y no ser encarcelado.

Sin embargo a las 15:18 horas la situación legal de Emilio Lozoya dio un giro de 180 grados, pues si bien le había sido concedido el nuevo plazo el juez federal, José Artemio Zúñiga Mendoza, el mismo que le dictó prisión preventiva oficiosa al exgobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, resolvió que el exdirector de Pemex quedaría bajo prisión preventiva justificada precisamente durante el mes concedido.

No fue posible observar plenamente su reacción por el cubre-bocas que le cubría medio rostro, pero sí se apreció el ceño fruncido y los brazos que dejó caer, desmadejado, al tiempo que con la mano derecha se arrancaba pellejos de los dedos de la otra mano.

Cinco minutos después, a las 15:23, el impartidor de justicia dio por terminada la audiencia y justo en ese momento dos elementos de la Guardia Nacional, no custodios del reclusorio, se aproximaron a Lozoya para llevarlo al interior del penal.

Sólo alcanzó a tomar del brazo a su madre, acercársele y decirle algo al oído, en voz baja, inaudible para los ahí reunidos.

Habían pasado 26 días de aquella elegante y fastuosa cena en el lujoso restaurante chino y, lo peor, en el reclusorio ya había pasado la hora de la comida, así que tendría que esperar a la cena que se sirve a las siete de la noche.

La información oficial fue que se le dio un trato como a todos los internos e incluso que comió lo mismo que los demás, el llamado “rancho” y que además del uniforme se le dotó de una colchoneta y dos cobijas para su litera de piedra.

Empero, fuentes carcelarias del mismo penal confiaron a Grupo Sol que no fue así, si bien tuvo que vestir el uniforme beige reglamentario, las deferencias siguieron siendo un trato especial, como el que reciben sus ahora compañeros de reclusión: Javier Duarte de Ochoa, exgobernador de Veracruz; Jorge Luis Lavalle, a quien Lozoya delató y provocó su encarcelamiento, así como el abogado Juan Collado Mocelo, que fuera defensor del expresidente Carlos Salinas de Gortari.

En condiciones normales, como todos los reclusos que quedan sujetos a proceso, debería haber sido llevado al Área de Ingreso y confinado con los demás presos, además que la comida sería la misma; la cena consistiría en huevos revueltos, café negro y un bolillo, no más.

Pero no fue así.

Se le envió a la Zona Alfa, un área especial que se localiza regularmente arriba de las oficinas de la Dirección General de todos los reclusorios. Un sitio construido exprofeso para albergar a reos VIP, bajo el argumento de que no pueden estar revueltos con la población penal porque estarían en riesgo.

La existencia de ciertos privilegios y la presencia de teléfonos celulares en las cárceles es algo común, tan normal que es de esos lugares de donde salen miles de llamadas para extorsionar y si en la población general se aprecian esas situaciones, imagínese las prebendas que se dan en una zona exclusiva para reos millonarios.

De acuerdo a nuestros informantes, en esos sitios es posible tener toda clase de comodidades, lujos, protección y hasta servidumbre no sólo de los reclusos llamados “monstruos”, cuya miseria los lleva a esa situación, sino del mismo personal carcelario, de todos los niveles, dado el filón que representan los reos de poder económico al convertirse en sus sirvientes.

La permanencia de un día en esas exclusivas estancias, de acuerdo a nuestras fuentes, cuesta desde 5 mil hasta 10 mil pesos o más, según la capacidad económica del reo que por nada del mundo quiere llegar a la población general.

Comentan algunos custodios viejos que los presos ricos siempre ocupan esos sitios y solamente cuando tienen alguna diligencia o llega algún funcionario de muy alto nivel, entonces llevan al interno a una celda común y montan la escenografía necesaria para demostrar que no hay privilegios en las cárceles.

Así, Lozoya Austin sí está en la cárcel y de ello se ufanan la FGR y el gobierno actual, aunque lo cierto es que aun tras las rejas sigue gozando de un trato preferencial, merced a su enorme fortuna acumulada a su paso como “servidor público”.

Atrás quedaron aquellos tiempos en que declaraba en sus entrevistas que tenía todo el dinero y todo el tiempo suficientes para partirle la madre a sus enemigos, ahora sigue disponiendo de tiempo y de millones que le servirán, sí, pero para evitar que se la partan a él.

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