VENENO PURO

Rafael Loret de Mola / La Opinión de México

*SEGUNDA Calificación

*De Palacio a Palacio

 

Comienza el tercer año de la administración de la 4T. Quedan atrás doce meses en los que abundaron las palabrerías, rabietas infecundas con lenguaje soez, desdén abierto para cualquier opinión contraria a la del jefe del Estado, persecución a periodistas que realizan reportajes “políticamente incorrectos”, molestia y desprecio por las manifestaciones campesinas no adoctrinadas, repulsión hacia legisladores y dirigentes que se salen del guión presidencial y declaraciones sobre el hastío que siente el mandatario en funciones por aquellos que insisten en la desaparición o muerte de sus familiares.

¿Cuál es la tabla de medir? A José Manuel Mireles Valverde, jefe de los llamados autodefensas a quienes el gobierno condenó por interponerse entre el ejército infiltrado y las bandas de narcos, se le concedió el privilegio de ser subdelegado del ISSSTE en Michoacán desde donde, con expresiones lastimosas, se refirió a un sector de mujeres con alto nivel de misoginia; y a Javier Sicilia, poeta y padre de Francisco Javier, ejecutado por órdenes del

cártel de los hermanos Beltrán Leyva, se le responde, desde la altura presidencial, que está aburrido de recibirlo porque nada se aporta. ¿Cuál es el rasero?

En tal perspectiva no puede decirse que a lo largo de 2020, el año de la pandemia, en realidad desde diciembre de 2018, haya mejorado siquiera en el renglón indagatorio; al contrario, se refuerza lo absurdo con un gabinete plagado de pillos e inútiles; y se protege al execrable Manuel Bartlett a pesar de pruebas contundentes que lo hunden como prevaricador y acaparador de inmuebles junto a su pareja, Julia Abdala, a la que debió reconocer como tal luego del escándalo sobre sus propiedades ocultas. Miserias humanas como lastre. Y siguieron Irma Eréndira Sandoval, Olga Sánchez Cordero y el recién “licenciado” Alfonso Durazo Montaño, primo de “El Negro” aunque lo niegue y que marcha hacia el abismo electoral en Sonora.

Tampoco pueden olvidarse los crímenes contra los Moreno Valle, el 24 de diciembre de 2018, más allá de cuanto representaban; el brutal estallido de los ductos de PEMEX en Tlahuelilpan, en enero de este año, con saldo de 137 personas muertas –un número mayor al reconocido por el estallido de la mina de Pasta de Conchos en 2005, por ejemplo-; los terribles saldos rojos en la mayor parte de las entidades del país –

salvo Yucatán, en donde duermen tranquilos las familias de los narcos-; los vergonzosos sucesos de Culiacán en donde el gobierno cedió ante el empuje del cártel de Sinaloa con mensajes de Ovidio Guzmán más que comprometedores para el presidente de México; y luego siguieron los crímenes contra la familia estadounidense Lebaron, expulsada de su país de origen y afincada en los límites entre Chihuahua y Sonora; amén de las matanzas múltiples en Chihuahua, Tamaulipas y Sinaloa, claro. Y a todo ello agregamos la captura del general Cienfuegos y los 90 mil muertos –por 3.8- de la pandemia.

Hace poco más de dos años decíamos del régimen anterior que no podía ser aprobado luego de cerciorar los niveles de violencia, los estragos en la economía, la ausencia de inversiones públicas, el sostenimiento de funcionarios deplorables y el autoritarismo dominante. Podría copiar el párrafo –no lo hice- y asegurar que se trata del presente.

¿A quién culpamos? Desde luego, el examen sobre 2020, el año de la pandemia y el crecimiento por debajo del cero en catorce puntos, es reprobatorio.

La Anécdota

Beatriz Gutiérrez Müller no ha podido salvarse del virus de la vanidad que sufren quienes observan cómo, de pronto, tienen todas las puertas abiertas. Hasta plante permanente en la BUAP –la Universidad de Puebla a la que no asiste por razones obvias-, le ha sido obsequiada al tiempo que cambia de look con frecuencia y asombra con su estilizado vestuario con grecas de los pueblos originarios.

Dicen los rumores malévolos que, cada año al finalizar, hará una subasta al estilo de la malograda Diana Spencer, Lady Di, para repartir lo obtenido entre los niños que sufren por la guerra de los narcos –la británica lo hizo para las víctima de las minas explosivas-, a muy pocos kilómetros de su bastión en Palacio Nacional. Hasta la residencia oficial, que ya no está en Los Pinos aunque se observó por allí, durante un perentorio mes en noviembre de 2019, al depuesto Evo Morales, llegaron las nuevas tendencias de la moda que, con seguridad, aprovechará el Palacio de Hierro, el comercio exaltado por la economía del narcotráfico y del intocable Alberto Baillères.

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